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Artículo correspondiente al número 200 (23 de mar al 05 de abr 2007)
-¿Sientes que los católicos están replegados?
-La mayoría de los centros de influencia intelectuales y culturales, la prensa y el aparato estatal tienen una matriz liberal y todo lo que tiene una identidad católica está sumergido. Esto es parte del proceso de secularización que se vive en el mundo, donde el ámbito de lo público se convierte en algo agnóstico y liberal y donde los criterios religiosos se repliegan al ámbito de lo privado, aunque las personas religiosas sean incluso la población mayoritaria. Como hay separación entre Iglesia y Estado, incluso los católicos que tienen algún cargo de representación popular o que están en el gobierno asumen que no pueden llevar sus creencias al ámbito público. Parlamentarios, jueces, periodistas o profesores cuya identidad católica, a diferencia de los liberales, marque una diferencia, son muy pocos. Incluso se podría decir que en estos ámbitos los agnósticos o ateos están sobre representados con respecto a los católicos.
-La pregunta, entonces, es por qué los católicos se replegaron... ¿Abandonó la Iglesia su papel educador?
-Parte de la explicación es que muchas instituciones católicas perdieron el norte, dejaron de luchar por la cuestión moral y religiosa y se enfocaron en temas como el cambio de las estructuras económicas, pensando que primero había que dar la lucha por el bienestar material y postergar para después la espiritualidad. La Iglesia también ha vivido sus crisis y eso influye en la sociedad. La formación de los propios colegios católicos ha cambiado profundamente. Hoy es todo mucho más liviano. Dudo, por ejemplo, que un discípulo del padre Hurtado haya perdido la fe en la universidad por encontrarse con cuatro o cinco profesores agnósticos.
-¿Cuál es la realidad de Europa en estos temas?
-Yo no creo en las explicaciones deterministas y pienso que los procesos siempre pueden avanzar más para bien o para mal. En Europa hay efectivamente una fuerte demanda de espiritualidad, lo que explica el auge de las corrientes orientalistas, por ejemplo, pero en el ámbito público la secularización es extrema. Si en Chile todavía se puede encontrar sacerdotes que escriban en los diarios o hablen en televisión, allá están excluidos, salvo que se trate de medios expresamente confesionales.
-¿Sentiste en la universidad de Münster o Cambridge, que son en la práctica laicas, ese acoso liberal que denuncias como una realidad chilena?
-En general en Europa las personas son más respetuosas con las creencias ajenas, aunque creo que los jóvenes católicos sufren más que aquí para defender su identidad, porque sus convicciones están bajo un ataque continuo. En una universidad inglesa expulsaron a la asociación católica de estudiantes de la federación de estudiantes acusándolos de homofóbicos, simplemente porque promovían programas de educación en la castidad que excluían las prácticas homosexuales, lo que es de toda lógica desde el punto de vista católico. En la práctica, los profesores no se van a referir al tema católico, no van a decir nada que sea ofensivo para ninguna religión, porque el tema está muy sensible. Ellos están más hostilizados por el ambiente público, por ciertas verdades que se instalaron como las políticamente correctas, que por sus profesores, que no son tan militantes como los agnósticos de aquí. En Chile, estas personas son más viscerales y se molestan porque todavía hay muchas instituciones públicas que tienen identidad cristiana.
-¿No sientes que los temas que permanentemente tocas en las columnas avivan la idea de que los católicos centran su atención exclusivamente en los temas de moral sexual?
-Yo lo veo al revés. Si no hubiera gente tratando de legalizar el aborto, de masificar la píldora del día después o las uniones homosexuales, nosotros no estaríamos hablando de eso y somos nosotros, no los liberales, los que menos interés tenemos en priorizar estos temas. Nosotros no estamos para nada enfocados en la moral sexual. De hecho hay temas de moral mucho más importantes que estos, pero no son temas públicos. De partida, es mucho más importante el tema de Dios, el reconocimiento de su existencia y la importancia que tiene en la sociedad, pero eso no está en el debate.
-¿Entonces ustedes solo reaccionan y no pueden poner temas en el debate?
-Sí lo hacemos, pero precisamente porque esos temas no son tan controvertidos no llegan a los medios. La presentación del libro que lanzó la universidad sobre la homosexualidad apareció en toda la prensa, mientras que otras cosas, a mí juicio mucho más importantes, ni siquiera se mencionan. Es absurdo decir que a nosotros nos interesa solo el tema sexual. La ética social nos interesa mucho más y se están haciendo muchas cosas en este frente, pero como no generan debate, simplemente pasan inadvertidas.
-¿Cuáles son los temas que más te preocupan hoy?
-Me preocupa bastante el permisivismo moral, que va de la mano de autoridades que piensan que lo único que se puede hacer es permitir. Otro tema, vinculado al anterior, es la corrupción pública. Se sabe que en todos los países donde ha habido regímenes socialistas existe corrupción. Siendo así, no tenemos por qué sorprendernos de que también exista en Chile.
-Tal como las dictaduras militares de los 70 en países como Argentina o Uruguay fueron absolutamente corruptas... ¿Se puede establecer una relación de causa efecto entre gobiernos socialistas y corrupción?
-Bueno la corrupción tiene causas muy variadas, pero efectivamente hay una relación de causa efecto directa entre socialismo y corrupción. Son gobiernos que promueven el uso de dineros públicos que al final nunca son suficientes para sus objetivos. El socialismo es una ideología materialista y si se piensa que uno está en esta vida para disfrutar de los bienes materiales, no veo dónde se pueden contener. Cuando vino a Chile Felipe González les dijo a los políticos de la Concertación que tenían que cuidarse de la corrupción, que era lo que había hundido al gobierno socialista español.
-¿Eres pesimista del futuro del país?
-Si no hay un cambio político, no creo que vengan cosas muy buenas para Chile. Es perfectamente posible que se mantengan los parámetros que permitan un cierto progreso y estabilidad económica y si no somos desarrollados el 2010, bueno, será el 2020. Habría que hacer todo muy mal para que no pudiéramos avanzar algo, pero eso es muy compatible con el abuso de poder, con que no se haga nada por frenar la decadencia moral o para que se produzca el fenómeno del PRI mexicano, que fue creando tantos lazos con el poder, que al final era imposible sacarlos y ahí estuvieron llevándose la plata para la casa por 70 años. Soy pesimista en la ética pública. Por lo mismo, creo que vendría muy bien que se aireara el ambiente y viniera gente nueva.