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Artículo correspondiente al número 232 (11 al 24 de julio de 2008)
Si usted es de los que pensaron que lo peor había pasado, revise sus proyecciones. La crisis financiera ha dado muestras de vigor en medio de una economía mundial que sufre os embates de un alza insospechada en los commodities y de su consecuente impacto inflacionario. Por Guillermo Turner.
Todos parecen apostar a que la desaceleración será corta y superficial, pero parece justo lo contrario. Desapalancar toma mucho tiempo, mucho dolor”, dijo un pesimista Warren Buffet a un grupo de estudiantes de Wharton School, a mediados de abril.
La opinión del CEO de Berkshire y reconocido inversionista internacional se produjo en momentos en que muchos apostaban a que lo peor de la crisis financiera estaba llegando a su fin, como lo afirmaría semanas más tarde su par de JP Morgan, James Dimon.
¿Quién tenía la razón? “Definitivamente, no estamos saliendo”, dice Arturo Cifuentes, managing director de R.W. Pressprich & Co., un banco de inversiones boutique que opera en Nueva York. Para respaldar su diagnóstico, aporta un dato: “el mercado de asset-backed commercial paper (ABCP) se ha reducido en un 40% con respecto a junio de 2007 y no muestra visos de recuperación. Eso significa, esencialmente, que el acceso al crédito, a todo nivel, está muy restringido”.
El déficit de financiamiento al que alude Cifuentes tiene un impacto directo en la actividad industrial, disminuyendo el crecimiento de Estados Unidos –que hasta ahora ostentaba el título de principal motor de la economía global– y dejando en evidencia que el respaldo del Fed y del Tesoro norteamericano a las instituciones financieras ha servido para cubrir las pérdidas por inversiones vinculadas a las hipotecas subprime (cuyo monto total aún es un misterio), pero no para recuperar el mercado crediticio. Equivalente a colocar un palo entre los rayos de una bicicleta que marchaba a toda velocidad, este freno ha contado con un “socio” ejemplar si se trata de enredar aún más el panorama: el alza de la energía (en particular, del petróleo) y sus consecuencias en la inflación.
Prueba del impacto de tan explosiva mezcla la constituyen el deprimido sector automotor estadounidense y los problemas financieros por los que atraviesan dos de sus mayores baluartes: Chrysler y General Motors. En medio de especulaciones que no descartan, incluso, una eventual quiebra, esta última compañía anunció hace unos días su segundo plan de reestructuración en seis semanas, que incorpora un recorte de gastos por 10.000 millones de dólares, la suspensión de dividendos y la venta de activos por hasta 4.000 millones.
En su reciente intervención ante el comité de servicios financieros de la Cámara de Representantes, el presidente del Fed fue franco al advertir sobre la complicada situación que enfrenta la economía norteamericana y la dificultad para tomar las
medidas correctas: “evaluar con exactitud y equilibrar adecuadamente los riesgos al panorama del crecimiento y la inflación es un desafío significativo para los responsables de la política monetaria”, dijo.
La exposición de Ben Bernanke estuvo marcada por la franqueza: habló de la necesidad “crítica” de contener las expectativas inflacionarias, del “alto grado de incertidumbre” de sus pronósticos y de la “considerable tensión” que experimentan los mercados financieros. Y no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el peso de las cifras (el IPC de junio se elevó 1,1%, la tasa más alta en 26 años, llegando a 5% en doce meses, el mayor nivel en 17 años) y de los acontecimientos… sólo un par de días antes, el Fed y el Departamento del Tesoro habían tenido que anunciar un programa de rescate para Freddie Mac y Fannie Mae, las dos mayores firmas hipotecarias de Estados Unidos.
“La experiencia histórica o la historia económica no señalan que una fuerte inflación, como la de Estados Unidos, en que el índice anual de precios al productor llega hoy a 9,2% anual y en Chile el índice de precios al consumidor llega a 9,5% anual, pueda detenerse pulcra y gradualmente, o linealmente. El Fed está con las manos y los pies atados para combatir la inflación, mientras evoluciona peligrosamente la crisis financiera interna. El spread entre la tasa de inflación de precios a por mayor y la tasa de referencia es cercano a 700 puntos básicos (de 9,2% a 2%) y está en aumento, hasta que haya que ponerle freno, lo que plantea riesgos severos para la economía de Estados Unidos, para la economía global y para Chile, por supuesto”, explica Francisco Garcés, director del Centro de Economía Internacional de Libertad y Desarrollo.
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| Como consecuencia de la caída en el valor de los activos, Arturo Cifuentes prevé “una transferencia de patrimonio a países extranjeros, aunque no necesariamente todos emergentes”. | “El Fed está con las manos y los pies atados para combatir la inflación, mientras evoluciona peligrosamente la crisis financiera interna”, dice Francisco Garcés, de Libertad y Desarrollo. |
La eterna subprime
Si se trata de incorporar nuevas expresiones de uso común al vocabulario financiero, la crisis subprime lidera todos los rankings. Menospreciada a comienzos de 2007, magnificada según algunos en el transcurso del año pasado y, nuevamente, mirada en menos a fines de este primer semestre, se trata de un fenómeno que –sumado a otros factores, como el alza de los commodities– puso fin al período de bonanza económica más extenso de la economía estadounidense.
Y las recientes caídas de Freddie Mac y Fannie Mae vinieron a recordarnos que la “peste subprime” sigue vigente y con ramificaciones que desconocemos. “Los problemas de estas dos compañías (que en forma conjunta han garantizado o emitido deuda por 5 trillones de dólares) son gravísimos si se considera que la deuda de Estados Unidos es de unos 8 trillones”, sostiene Arturo Cifuentes y anticipa que “lo más probable es que, en el futuro cercano, varios bancos regionales y compañías de seguros pequeñas tendrán problemas. Definitivamente, queda mucho por verse antes de salir de esto”.