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Artículo correspondiente al número 209 (27 de jul al 08 de ago 2007)
No es fácil llevar las riendas de un grupo de empresas familiares, menos cuando se está bajo la mirada de diez hermanos. Andrés Pérez Cruz hace ese trabajo sin dramas, como cabeza de un clan que se ha ganado reputación de austeridad. Grandes accionistas de empresas del área eléctrica e importantes empresarios en el rubro ganadero, filántropos y ahora dueños de una viña, los Pérez Cruz han implementado un modelo empresarial que se basa en la sangre, el orden y la confianza. Por Javiera Moraga; fotos, Verónica Ortiz.
Jueves 9:30 horas. Ya ha pasado la vorágine y el centro comienza a reponerse de la marea de autos y gente que lo invade todas las mañanas. Todos han comenzado sus labores. Andrés Pérez Cruz nos ha citado en su oficina de calle Estado. El edificio es antiguo y comparado con las modernas edificaciones de El Golf podría ser hasta menesteroso. Tiene unos doce pisos, pero no los aparenta. El ascensor es una reliquia y los pasillos tienen ese flexit antiguo que mezclaba el beige con el negro. La oficina 825 es realmente austera. Allí están los cuarteles operativos del family office de los Pérez Cruz. Los cuarteles generales de la viña familiar están a 45 minutos de Santiago, en la comuna de Paine. Esta no es ni una oficina inteligente ni hay mayores lujos en los muebles. Eso sí, es cálida y calza perfecto con el perfi l de austeridad familiar.
Andrés Pérez Cruz aparece en compañía de su cuñado, Rodrigo del Solar, con quien lleva las riendas de la viña junto a José Tomás Pérez Cruz. La entrevista es una experiencia casi inédita. Los Pérez Cruz tienen por regla no hablar con la prensa. Tal vez el que más figura es Matías, presidente de Gasco y Metrogas, porque el tema energético ha estado en la cresta de la ola en el último tiempo.
La historia de esta familia es casi increíble y podría dar para escribir una novela. Porque el patrimonio construido por Pablo Pérez Zañartu y heredado a sus 11 hijos –las estimaciones lo sitúan en varios cientos de millones de dólares– responde básicamente a dos factores: una gestión ordenada y un gobierno empresarial decidido.
Así es como han multiplicado el patrimonio con creces. Realmente con creces. Los Pérez Cruz están presentes hoy en diversos ámbitos del quehacer nacional. Sus inversiones más renombradas están radicadas en el área energética, a través de CGE y Gasco. Al mismo tiempo, se la han jugado por levantar una viña y por ampliar ganadera e inmobiliaria.
Actualmente, Andrés Pérez Cruz es quien preside el holding familiar. Hace casi ocho años que se encarga de estas responsabilidades, a las cuales accedió por votación mayoritaria entre los hermanos. Tiene 50 años, está casado con la artista Mónica Peric y tiene cinco hijos, dentro de los cuales destaca una hija de un año y medio que dice que lo tiene completamente rejuvenecido. Durante la entrevista hace un repaso por la historia familiar, por los negocios, por los planes de la Viña Pérez Cruz, una empresa que poco a poco ha ganado gran prestigio en el mundo del vino.
-Ustedes son reconocidos como una familia de grandes inversiones en el área energética... ¿Qué los motivó a apostar por el negocio vitivinícola?
-La propiedad donde está inserta la viña la compró mi padre en 1963. Desde el punto de vista agrícola este suelo era muy pobre y pedregoso por lo que estaba dedicado principalmente a la ganadería. Incluso, por ser malo el campo se libró de la reforma agraria.
-Tan malo no parece haber sido.
-Bueno, lo hemos trabajado y mucho e invertimos bastante. Yo estudié agronomía y mi hermano José Tomás egresó de la Escuela Agrícola de Paine como técnico agrícola. Como desde muy chicos mi papá nos llevaba a todos los hermanos al campo los fines de semana, eso nos creó una gran identidad con la tierra. Cuando murió en el 87, con mi hermano recogimos esa herencia y nos hicimos cargo del campo y empezamos a buscar alternativas. El 93 plantamos las primeras 27 hectáreas de viñedos, principalmente cabernet sauvignon y merlot, lo que coincidió con una época muy buena en el negocio vitivinícola. Poco a poco nos fuimos entusiasmando. El año 2000 completamos 140 hectáreas y hoy sumamos 142.
-¿Cuántas hectáreas tiene el campo?
-Tenemos 560 hectáreas a 45 minutos de Santiago, en la zona de Paine. Además contamos con una disponibilidad de agua como para llegar a 300 hectáreas de viñedos. Y nos hemos ido diversificando en materia de plantaciones. Tenemos alfalfa, 50 hectáreas de almendros y un bosque esclerófilo de boldos, peumos, quillayes, espinos, cactus y litres, entre otras especies. Todas están junto a la caja de un río y las mantenemos como un pulmón verde. Desde siempre hemos sido muy respetuosos con el medio ambiente. Las viñas están integradas con los árboles que siempre han existido en los terrenos.
-¿Qué tal ha sido la experiencia viñatera?
-Hasta ahora muy satisfactoria. Más allá de que teníamos este campo, debo reconocer que hubo otra motivación para que invirtiéramos en la viña. Si bien como empresa familiar tenemos inversiones en distintas cosas, no teníamos una empresa con chimenea, ni menos una marca. De alguna manera no teníamos identidad propia. Y creíamos que era demasiado importante dejar a las siguientes generaciones una suerte de sustancia, algo que las uniera en el futuro. Mi padre fue el fundador, nosotros somos la segunda generación, y ya la tercera generación son 51 sobrinos... la cosa ha ido creciendo. Fue por eso que comenzamos hacer nuestros propios vinos.
-¿Les complicó salir al mercado con la marca Pérez Cruz?
-No fue fácil. El Pérez Cruz era muy visceral y nosotros siempre hemos sido una familia de bajo perfil. El tema nos hizo bastante ruido porque era ventilar nuestro nombre y a todos nos carga la sobreexposición. Incluso algunas de mis hermanas se opusieron. Teníamos unas 20 marcas como alternativa, pero al final nuestro gerente general, José Ignacio Lazo, nos dijo que teníamos que poner la marca Pérez Cruz porque era lejos la mejor. A nivel mundial las marcas generalmente están relacionadas a las familias.
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| Aunque tienen varias otras inversiones, la viña fue el proyecto llamado a unificar la identidad familiar. “Creíamos que era demasiado importante dejar a las siguientes generaciones una suerte de sustancia, algo que las uniera en el futuro”. | |
De lujo
La viña de los Pérez Cruz tiene estándares fuera de serie. No se ha escatimado en nada para lograr la excelencia. Por ejemplo, la bodega fue diseñada por José Cruz, el famoso arquitecto responsable del stand de la Expo Sevilla 92 –el mismo donde se expuso el Iceberg– y del Hotel Explora en Torres del Paine. La bodega fue un tremendo desafío para Cruz porque jamás había incursionado en este tipo de proyectos.
-Que no se piense que José Cruz es pariente nuestro. En realidad es un distinguido arquitecto y lo invitamos a participar en un concurso para realizar nuestra bodega. De los tres proyectos que se presentaron el de Cruz fue el que más nos gustó -explica, Andrés Pérez Cruz.
El edificio está inspirado con el propósito de armonizar la estructura con la naturaleza. La obra en su totalidad está elaborada en pino radiata. Los arcos imitan las ramas de los árboles de la viña y permiten pasar el viento evocando el mismo proceso que se da naturalmente entre el viento y los árboles.
-Al principio estuvimos un poco temerosos porque la construcción era toda de madera, incluso hasta de madera doblada. Te asusta el precio. Pero felizmente en ese momento la celulosa estaba baja, si nos hubiéramos demorado un año más en tomar la decisión creo que el precio de nuestra bodega habría sido el doble –expresa el empresario.
Para los entendidos en materias vitivinícolas una de las mayores ventajas de la Viña Pérez Cruz, es que a pesar de que los suelos son pobres y pedregosos, permiten que las viñas se autorregulen a producciones relativamente bajas, algo así como siete mil kilos por hectárea. Además, existe un equilibrio entre la parte aérea y la parte de suelo de una manera muy natural.
La viña está enfocada particularmente a la producción de vinos tintos. La variedades cabernet sauvignon, merlot, carménère, syrah y petit verdot. Por cierto la cepa predominante es la cabernet sauvignon, con cien hectáreas de plantaciones. El equipo enológico está liderado por Germán Lyon, aunque los Pérez Cruz están metidos de la cabeza a los pies en su única empresa “con chimenea”, como la llaman.
-Apenas sacamos nuestros primeros vinos, mandamos a cinco concursos de categoría mundial botellas de nuestra producción, algo así como 16 muestras de los diferentes vinos. Y volvimos nada menos que con 15 medallas, la gran mayoría de oro -explica Pérez Cruz con un orgullo que se le nota en los ojos.
El impulso para seguir por esa senda lo dio el trofeo que obtuvieron el 2003 en el International Wine Challenge de Londres por la calidad de su syrah, considerado junto a otro de Nueva Zelanda como el mejor del mundo en esa ocasión, entre un total de15 mil muestras presentadas al concurso. Todo un acierto.
-Me llamaron de Londres para insistir que debía ir a la comida de premiación en septiembre. Llegué a una ceremonia que era como la entrega de los premios Oscar, todos de smoking. Jamás me había puesto uno y nunca había estado en algo así. El acto congregó a no menos 700 personas, todas elegantísimas. Pero lo más emocionante es que de repente ves en las mesas tus vinos, junto a otros de categoría mundial, como los del barón Philippe de Rothschild -señala.