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Artículo correspondiente al número 235 (22 de agosto al 4 de septiembre de 2008)
Queda claro, entonces, que suscribir o no el Estatuto de Roma no es un asunto baladí. Además hay razones específicas que no han permitido resolver su aprobación o rechazo, a pesar de que hace casi una década que está en tabla en el Congreso.
Una de las razones es que integrarse al TPI implica que el país renuncie a parte de su soberanía, para entregársela a un tribunal cuya imparcialidad e independencia es materia de discusión. “Yo no soy partidario de ratificar el Estatuto de Roma, porque creo que la Corte Penal es parcial y unilateral; todavía está muy basada en condiciones políticas. Hasta ahora las políticas internacionales sólo han juzgado las infracciones a los derechos humanos desde el punto de vista izquierdista y, desde ahí, se han encargado de perseguir a quienes los han violado, pero no se han encargado de perseguir los delitos que se cometieron, por ejemplo, en la Unión Soviética. Si un tribunal tiene una visión así sesgada, quiere decir que no puede entregar las garantías suficientes de imparcialidad y, por lo tanto, no puede ser justo”, dice Axel Bucheister, abogado del instituto Libertad y Desarrollo.
Gabriel Zaliasnik, abogado socio del estudio AlbagliZaliasnik y profesor de Derecho Penal de la Universidad de Chile, se inclina a favor del TPI: “es cierto que someterse a la jurisdicción del tribunal internacional implica una renuncia a parte de nuestra soberanía, pero todos los tratados internacionales lo son; los de libre comercio también, y nadie los cuestiona. Además, ¿qué delitos tan atroces se han cometido en Chile que sea necesario esconderlos?” Zaliasnik opina –de la misma forma que lo hace Ximena Fuentes– que sí se han entregado las suficientes pruebas de independencia y justicia, y que incluso protege más a nuestro país, porque está especialmente pensado para velar por los países más débiles. Esa es una de las teorías de por qué Estados Unidos y China, como potencias mundiales, no han querido ratificar este estatuto: ellos podrían cometer delitos frente a otras naciones más débiles y no quieren ser juzgados por ello.
Otra de las garantías que otorga esta institución, agregan, es que quien sea enjuiciado por ella tendrá la garantía de que es un tribunal instituído con antelación, lo que no ocurrió para quienes fueron juzgados por los delitos cometidos en el holocausto judío, por ejemplo, cuando luego de ocurridos los hechos, tuvo que crearse un juzgado ad-hoc para condenar a sus responsables.
Pero la discusión está sobre la mesa. Los avances o retrocesos dependerán de los acuerdos políticos que se logren. La Alianza dice que su apoyo a la reforma constitucional se originó en el compromiso del gobierno de enviar una indicación. La Concertación acusa a su contraparte, en especial a Piñera, de incumplir sus planteamientos de campaña en la materia. En definitiva, una discusión académica con su buena contraparte política.