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Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
>> Ignacio Rivadeneira
Algo así como el jefe de gabinete del presidente electo. Al día siguiente de haber sido elegido Sebastian Piñera y mientras buena parte del comando intentaba sacarse de encima la resaca de las celebraciones, Ignacio estaba en la cancillería recibiendo las felicitaciones de Nicolas Sarkozy, Alvaro Uribe, José Luis Rodríguez Zapatero y otros tantos gobernantes que llamaban para dar sus parabienes al nuevo mandatario.
Ignacio es el miembro más joven del comité político de Piñera (compartió asientos con Andrés Allamand, Marcela Cubillos, Andrés Chadwick, Alberto Espina, Rodrigo Hinzpeter y José Miguel Izquierdo), y si bien aterrizó en el comando en junio (directo desde Harvard, donde realizó un master en políticas públicas) como director de contenidos, se empoderó inmediatamente de su cargo. Cuentan que, pese a ser el más joven del comité, nunca le tembló la voz para dar su opinión o contradecir a Allamand, Chadwick o a cualquier otro con quien surgiera una divergencia. Ignacio es el vivo ejemplo de uno de los dogmas del nuevo presidente a la hora de armar sus equipos: “a Sebastián le gusta revisar cada curriculum con calma, es de aquellas personas que invierten mucho tiempo en contratar a alguien, para así no perder tiempo controlándolo”, cuenta uno de sus cercanos.
Su ingreso al comando coincidió con el reordenamiento al que se vieron obligados en la casona de Apoquindo después de que la encuesta CEP de mayo-junio mostrara una preocupante baja en los atributos del candidato. En ese escenario, la cercanía de Ignacio con Piñera permitió tender puentes con las nuevas generaciones, desbloquear la toma de decisiones en los equipos y permitir un trabajo mucho más ejecutivo. Así se pudo desarrollar una serie de ajustes, como agudizar la coordinación por región, afinar el discurso (una de las tareas de Rivadeneira fue aterrizar a nivel de campaña el programa de gobierno, aspecto que coordinó directamente con Cristian Larroulet) y, básicamente, “no dejar nada al azar”.
Hijo del abogado y fundador de Renovación Nacional Ricardo Rivadeneira, Ignacio no sólo es uno de los tipos más fogueados en política de esta generación (fue vicepresidente de RN en 1998), sino que es reconocido transversalmente por su capacidad intelectual. Fue uno de los ideólogos detrás del cuidado trabajo de campo que comenzó tras las desafortunadas declaraciones de Piñera en la radio Millarai de Parral (ocasión en la que habló del accidente de la hija de Andrés Velasco). A partir de ese momento se estableció que “no había espacio para más errores” y se profesionalizó completamente la campaña. A modo de ejemplo, se controló todo para que el candidato apareciera siempre hablando con personas detrás, de manera que trasmitiera una imagen cálida y muy humana. La idea de que los seguidores levantaran carteles con las propuestas programáticas vino del propio Rivadeneira.
>> Francisco Irarrázaval
Hombre clave en el trabajo territorial de Piñera. Es un tipo que se siente cómodo con los desafíos y lo suyo es el trabajo de terreno, sobre todo si está ligado a lo social. Menos político que Ignacio Rivadeneira y Hernán Larraín, sus mayores credenciales provienen, primero, de haber ideado y dirigido Un Techo para Chile y, segundo, que trabajando por Piñera no sólo fue clave en el trabajo territorial de la campaña sino que también se la jugó por la total incorporación de los comandos juveniles de todo el país. Duro y hábil negociador, logró que, a diferencia de campañas anteriores, los segmentos juveniles recibieran recursos y materiales. Su camino en el futuro gobierno de la Alianza debería estar ligado al nuevo ministerio de Desarrollo Social
Mientras estaba en Harvard (donde obtuvo un master en desarrollo internacional) conoció a Ignacio Rivadeneira. Al enterarse por la prensa de que Rivadeneira estaba ejerciendo el rol de headhunter para la campaña presidencial, le envió un par de mails contándole sus ganas de participar. Pese a tener un pasado más ligado a la Concertación (en su época estudiantil le ganó un par de veces la presidencia de la Feuc a los gremialistas), le llamó la atención el proyecto de Piñera y la posibilidad de tener un rol importante en n el desafío de lograr que la Alianza eligiera a su candidato.
Rivadeneira lo puso en contacto con José Ignacio Pinochet, el hombre que históricamente ha administrado las campañas electorales de Piñera. Su primer encargo fue coordinar y trabajar en el Mójate por Chile, en que operó codo a codo con Sebastián y Cristóbal Piñera. A partir de ahí sentó las bases de la red territorial que se utilizó posteriormente en la campaña. Después, el mismo grupo del Mójate se instaló en el primer piso del comando para coordinar la logística y buena parte de los encuentros del entonces candidato con los adherentes. Si bien su nombre fue “destapado” mediáticamente días después de que Frei presentara a Sebastián Bowen (también, un ex Techo para Chile), lo cierto es que Irarrázaval llevaba meses trabajando en el comando, rodeado de jóvenes y con un cartel que todavía está pegado en la puerta: “templo de la juventud: se trabaja sin envejecer”.
>> Hernán Larraín
En el comando lo definen como el tipo que le puso rock&roll a la campaña. ¿Su futuro? Desde Piñera para abajo han reconocido que su trabajo fue clave y eso le asegura un rol importante en el área de comunicación y estrategias del próximo gobierno. Ya está trabajando en el diseño de imagen de éste y sus más cercanos reconocen que si bien Larraín está feliz y entusiasmado con lo que pueda hacer por el presidente Piñera, en el fondo tiene una vocación política más ejecutiva que de asesor, por lo que no sería raro verlo como candidato a diputado en próximas elecciones parlamentarias.
Larraín fue uno de los “nuevos” que más sobresalieron en la campaña. Pese a su conexión inherente con la derecha (es hijo del senador Hernán Larraín), no es tan cercano al futuro presidente como Ignacio Rivadeneira o la propia Magdalena Piñera. De hecho, llegó al comando casi fortuitamente, cuando la empresa donde trabajaba (Storm) ganó la licitación para hacerse cargo de los contenidos en la página web.
Desde ahí planteó una estrategia que se alejaba de las campañas tradicionales de la Alianza. Rompió absolutamente con la lógica del desalojo y se la jugó por una campaña ciudadana, colorida, cercana, afectiva y que apelara a la unidad. La idea, como aclara un miembro de su equipo, era “robarle las banderas a la Concertación”. La campaña ideada por Larraín y los suyos tuvo aceptación y empezó a ser muy bien evaluada por el equipo político, a diferencia de lo que ocurría con el trabajo de marketing que estaba haciendo Larraín y Asociados, la empresa de Carlos Alberto Délano.
Por eso, cuando se entregaron los resultados de la encuesta CEP mayo-junio, el sismo en el comando también alcanzó al área de marketing. Délano optó por encargarse de la campaña de Lavín en la V Región y Rodrigo Hinzpeter, como jefe del comando, insistió en su tesis de profesionalizar el trabajo. Ambas situaciones determinaron el desembarco total de Larraín como responsable de marketing del comando. Desde ahí, trasladó el espíritu de la campaña web al despliegue territorial. Larraín se dio cuenta de que la derecha estaba sedienta por un símbolo. Si la Concertación había acuñado el arco iris en la más exitosa de sus campaña (la del No, en el 88), la derecha tenía que ser capaz de levantar su propio símbolo. Con esa idea en mente llegaron a la estrella, que el propio Piñera apoyó desde el día uno, usándola en su solapa hasta el domingo 17 de enero.
>> Magdalena Piñera
Para entender la importancia y la influencia de la hija en el presidente electo hay
que considerar que entre los familiares cercanos fue la única que sobrevivió a la profesionalización del comando. Si bien sus hermanos también participaron de distintas maneras, Magdalena fue la más fundamental en la estrategia de la campaña. Instalada junto a su padre en el exclusivo piso 18 de Apoquindo 3000 (lugar donde también tiene oficinas Ignacio Rivadeneira), se convirtió en la encargada de la agenda y de producir los grandes eventos.
Conoce hace años a Ignacio Rivadeneira y su trabajo fue, junto a Carla Munizaga (asesora de prensa), pulir la agenda del candidato para que fuera altamente eficiente. En esta función se coordinó con Irarrázaval y se tomaron decisiones como privilegiar la visita del candidato a comunas con buena votación aliancista (Ñuñoa o Puente Alto) sobre comunas históricamente concertacionistas, como La Pintana, donde había pocas opciones de ganar y se perdía la oportunidad de un buen encuentro con la gente. Magdalena tuvo la gran ventaja de que venía conversando el diseño de la campaña con su padre desde hacía un año y medio, por lo que la manejaba al dedillo.
También su influencia abarcó marketing, la web y el trabajo con los jóvenes.
| Sin espacio para amateurs |
Lectura obligatoria dentro del comando fue No Place for amateurs (Sin espacio para los amateurs), del norteamericano Dennis W. Johnson. El autor es decano de la escuela de Politcal Managment de la George Washington University. En más de 300 páginas describe todas las etapas de una campaña (desde conseguir fondos, investigar a los rivales o manejar los medios de comunicación). A partir de este libro, y también por experiencias previas, se optó por un equipo joven que no tuviera “agenda” y que, sobre todo, no filtrara lo que estaba sucediendo. En la primera vuelta, el comando tenía que trabajar para Piñera y no para los candidatos al Congreso. La idea era evitar que emergieran confrontaciones y que los partidos entraran en la definición de la agenda del candidato. Además, la fuerte presencia de jóvenes evitó un vicio detectado en los políticos más tradicionales: el filtrar todo a la prensa. Básicamente, Piñera buscó juventud, dedicación, preparación pero, sobre todo, gente carente de vicios políticos. |