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Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
“¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”
El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957)
"Haremos un gobierno que reestablezca la cultura de hacer las cosas bien. La cultura de hacer las cosas en forma honesta y la cultura de hacer las cosas con un sentido de urgencia"
Sebastián Piñera, discurso 17 de marzo 2010
Dos citas, para dos objetivos. Uno, que la promesa de cambio por la que votó el electorado no termine oliendo a “más de lo mismo”. Dos (para evitar lo anterior), que se desplieguen con fuerza los tres pilares que Piñera quiere imponer a su administración: gestión, probidad y urgencia.
Dicen que está en su ADN y así lo han comprobado sus colaboradores del comando. “No basta con hacer una sugerencia; para proponerle algo tienes que contar con cifras, datos, evaluaciones y costos”, cuenta un asesor. “Y que sea al hueso”, añade.
Es el estilo Piñera, el mismo que buscará marcar durante los que se avecinan como intensos 100 primeros días de gobierno. Un presidente todo terreno, con las botas puestas y la camisa arremangada, apoyado en un equipo que ya ha sido debidamente prevenido: “ni el presidente, ni los ministros, ni ninguno de nuestros colaboradores perderán un minuto de tiempo”, anticipó el mandatario electo a los miles de partidarios que lo vitorearon el día de su triunfo electoral.
“Velocidad y prudencia”, le recomiendan los analistas porque, antes que todo, debe lidiar con su más complejo enemigo: el exceso de expectativas. La amenaza está en el horizonte, con un Obama cuya popularidad cae bajo el 50% en la medida en que no consigue llegar a acuerdos con la oposición ni sacar adelante sus principales promesas.
En sus propias palabras
“Veamos en qué consiste tal cambio”, relató Piñera en su Carta abierta a los chilenos y chilenas y lo sintetizó en cuatro puntos:
1.- “Un presidente todo terreno, las 24 horas del día por 7 días a la semana. Que se arremangue las mangas, se haga cargo de los problemas y lidere las soluciones”.
2.- “Cargos asignados por capacidad y experiencia”, con una regla muy simple: “el que mete los pies, para su casa; el que mete las manos, a la justicia”.
3.- Una “cultura de hacer las cosas bien para la gente y no para las noticias de la televisión”.
4.- Y todo, marcado por ese omnipresente “sentido de la urgencia”.
En términos comunicacionales, se trata de un sello muy distinto al modelo “presidente protegido” o “gran estadista” que caracterizaron a algunas de las gestiones anteriores. “Tiene que marcar un estilo de gallo en terreno, que le saca trote al sector público”, dice un asesor y añade: “que arma reuniones, trabaja los fines de semana, cita de improviso a los jefes de servicio, monta gabinetes en regiones, etc”.
¿Se agotó de solo pensarlo? Pues eso no es todo, porque si nos centramos en los primeros 100 días de gobierno, entonces todo indica que ese esfuerzo y la urgencia se concentrarán en la generación de empleo (quizá la promesa que Piñera más repitió en campaña y que más le cobrarán sus detractores). Se trata de crear un millón de empleos en el período, lo que supone más de 200 mil por año, que se podrán originar –según las estimaciones internas del comando– gracias al crecimiento de la economía (unos 150 mil) y a los cambios en la relación trabajo/capital o aumentos en las fuerza de trabajo (más de 50 mil).
En términos de prioridades, al empleo le seguirá la seguridad, con planes que van desde un aumento gradual de la dotación de Carabineros en 10.000 efectivos en cuatro años, hasta la construcción de plazas, bibliotecas e instalaciones deportivas en los 100 barrios con mayor violencia y tráfico de drogas.

Cuestión de expectativas
Si algo tienen en claro al interior del futuro equipo de gobierno es que con las expectativas no se juega. Por eso, más que obras inmediatas, el objetivo es mostrar gestión. Desde nombramientos de excelencia (lo que implica resolver la compleja madeja de excelencia, transversalidad, sensibilidad política, género y derechos adquiridos) hasta una hoja de ruta definida y evaluable.
A cargo de lo anterior, dos figuras clave: el director del Instituto Libertad y Desarrollo, Cristián Larroulet, y su par del Instituto Libertad, María Luisa Brahm. Ellos han evaluado al equipo, el futuro y el existente, porque un gobierno que tiene por objetivo instalarse desde el primer día no puede pensar en reemplazar esos 1.300 cargos de responsabilidad presidencial. “Han estado revisando el perfil de los actuales funcionarios, quién se queda y quién se va”, cuentan en el comando. La continuidad es importante, no sólo como señal política (el gobierno de unidad y la democracia de los acuerdos, como convocó Piñera) sino también por eficiencia, incluso tomando en cuenta que buena parte de los nuevos ministros, subsecretarios o jefes de servicio procederán del sector privado, con poco conocimiento de las prácticas y limitaciones que supone el servicio público.
Si de cargos clave se trata, los cupos a completar se reducirían más bien a unas 200 personas. Pero más que los nombramientos, la clave estará puesta en la hoja de ruta y en una exhaustiva evaluación. Así, las 170 páginas del programa presidencial se transformarán a partir del 11 de marzo en un instructivo claro y preciso que será supervisado por una repotenciada secretaría general de la Presidencia. “Este ministerio tendrá el rol que tuvo con Edgardo Boeninger, como evaluador y coordinador de los compromisos presidenciales y no sólo como área de relación con el Congreso”, comentan.
El instructivo tendrá objetivos, de largo plazo e intermedios, con fechas de cumplimiento y responsables. Dos instituciones apoyarán la tarea de control: la Agencia de Auditoría Interna, que dependerá del presidente y tendrá la tarea de controlar la gestión interna y la evaluación del correcto funcionamiento de los ministerios y sus servicios, y la Agencia Autónoma de Calidad de las Políticas Públicas, que cumplirá la tarea de evaluar en forma ex post las políticas y programas desarrollados por las instituciones estatales.