|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Corre Sebastián corre |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
![]() |
![]() |
| Ricardo Solari, ex ministro de Estado RS
|
Claudio Orrego, alcalde de Peñalolén CO
|
| El recambio generacional en la Concertación | |
|
RS
Un proceso de cambio generacional requiere reconstruir los acontecimientos que modelaron la generación que gestó el triunfo del No y los cuatro gobiernos de la Concertación. Este es un núcleo que se formó en torno a grandes transformaciones de la sociedad chilena: la reforma agraria y universitaria, el gobierno de Frei Montalva, luego la UP y sus cambios. Que sobrevivió a la dictadura en la cárcel, el exilio o la resistencia. Y que luego protagonizó la recuperación de la democracia y un ciclo de veinte años de gobierno. Reemplazar a esa generación en su experiencia y combinación de voluntad y pragmatismo no será fácil. Los requisitos son tres: vocación de acción colectiva (cuestión que implica limitar el individualismo); vocación de poder (que en el caso de Chile significa capacidad de construir mayorías) y apropiarse de un discurso que sintonice con la sociedad chilena y sus complejidades y que enfrente con valentía frases y lugares comunes. En la hora actual esto remite a descifrar el acertijo de moda: cuál es el verdadero significado de la palabra progresismo. |
CO La Concertación pierde luego de 20 años en el poder, y muchos se preguntan cuál es su futuro. Los agoreros de siempre (los mismos que volvieron a tragarse sus pronósticos de “funeral de Estado para la DC”) sostienen que ésta sólo puede desaparecer. Que ante la ausencia de un gobierno que liderar, las fuerzas centrífugas de díscolos y autoflajelantes terminarán por pulverizar lo que ha sido la coalición política más exitosa de la historia de Chile. Sólo el tiempo dirá. Mi pronóstico, sin embargo, es optimista. Esta crisis puede ser la oportunidad que necesitamos para renovarnos lejos del poder y luego reconcursar la confianza ciudadana. La clave es si seremos capaces de ello. Lo primero que tenemos que hacer es impedir que conceptos prometedores se transformen en monedas de cambio desprovistas de contenido. Como “la renovación” pasó a ser políticamente correcta, usarla está hoy de moda. Pero no todos entendemos lo mismo y ya es hora de empezar a definirla. Desde ya me declaro en contra de la caricatura que significa creer que la sola edad es garantía de nuevas prácticas, nobles valores y buenas ideas. Extremadas las cosas, prefiero mil veces a un viejo con espíritu joven que a un joven con prácticas viejas. Es obvio que urgen caras nuevas y jóvenes en política, pero no todo califica como renovación. |
| Los Errores |
|
| RS El desencanto masivo respecto de lo público, la desconfianza respecto de las instituciones y las causas de este estado de situación son el principal déficit del ciclo de la Concertación. El abandono del Estado como terreno de lo meritocrático, la convivencia con malas prácticas, un cierto desdén por la probidad y el gobierno como único campo de la acción partidaria se conjugaron para pavimentar el desgaste y una creciente distancia de los ciudadanos con la Concertación en las urnas. La falta de mecanismos de participación y control ciudadanos en todos los niveles de la función pública fue crucial, porque es en aquel espacio donde se determina la calidad de su relación con los usuarios y la competencia de sus prestaciones. Lo mismo, en los partidos y sus precarios procesos de toma de decisiones. |
CO Para renovar la política, primero debemos tener una interpretación certera de la derrota y una visión clara de los desafíos futuros. Sólo entonces podremos decidir quiénes lideran. Hacer lo contrario es poner la carreta delante de los bueyes. En mi concepto, perdimos por tres razones: no fuimos capaces de leer a tiempo el desgaste político que demandaba una forma más abierta de elegir al candidato entre viejos y nuevos liderazgos; las malas prácticas en el ejercicio del poder (gobierno, parlamento y partidos); mal diagnóstico sobre la cultura, necesidades y expectativas de la nueva clase media trabajadora. |
| El estilo de la nueva oposición | |
| RS Es muy difícil definir como actuará la nueva oposición antes de que el gobierno se ponga en marcha. Pero es evidente que el país tiene un aprendizaje duro en desencuentros y valora positivamente la cooperación. Por otra parte, no sirve a nadie una oposición que no cumpla con energía su rol de fiscalizar, tanto actos de la administración como el cumplimiento de promesas electorales. Frei dijo a sus partidarios el 17 de enero que el rol de la nueva oposición será defender derechos y libertades. Ese es un buen marco. Y simultáneamente, los dirigentes deben transmitir al 48,4% que no votó por Piñera confianza, no temores, y valorar el proceso democrático de estos veinte años. El campo privilegiado de la relación entre gobierno y oposición será el Parlamento, donde existen mayorías muy estrechas y eventualmente muy volátiles. El otro terreno será el de la relación con las organizaciones sociales, donde los niveles de conflictividad dependerán de la agenda que promueva el Ejecutivo y del tiempo y valor que le otorguen a la interlocución. Existe otra conflictividad asociada a nuevas temáticas, ambientales, culturales, étnicas, urbanas, cuyo desarrollo es imprevisible pero que pueden adquirir gran relevancia en consonancia con los nuevos medios de comunicación que surgen de Internet. |
CO Respecto al futuro, hoy estamos tensionados entre distintas visiones del tipo de oposición que debiéramos ser y el universo electoral al cual debemos hablarle. Mientras algunos apuestan a una oposición centrada sólo en fiscalizar y defender los derechos adquiridos, otros creemos que, además, debemos ser desde ya capaces de elaborar un nuevo proyecto positivo y convocante en temas claves para el futuro de Chile: delincuencia, educación, emprendimiento, educación superior, desigualdad, medioambiente, etc. De igual forma, mientras algunos apuestan a recuperar los tres puntos porcentuales de diferencia con Piñera, otros apostamos al 44% de chilenos que no votan por nadie. En este contexto, la renovación no puede ser discursiva. Esta no se declara, se actúa. No se promete, se realiza. No es del futuro, es del presente. La renovación parte como un malestar frente a algo que no gusta, luego se transforma en una idea de cambio y, finalmente, se logra sólo cuando se transforma en una práctica. Por eso es que la renovación, más que anunciarse o comentarse, hay que mostrarla en hechos concretos y sólo desde allí será creíble. La primera tarea es para los partidos. Ahí se requiere un equilibrio entre diagnóstico y proyecto y los liderazgos creíbles para comunicarlo al país. |
| El nuevo orden de la Concertación |
|
| RS El proceso de renovar la Concertación va a ser largo y atravesará distintas etapas. Probablemente, las mismas que viven los seres humanos enfrentados a la certeza de la muerte, la negación, la ira, el regateo, la depresión y la aceptación. Desde la Concertación va a surgir algo distinto, otra coalición, proceso que exige autocritícas previas, relevos directivos y procesos refundacionales que permitan armar un nuevo proyecto nacional más actual que aquel que constituía el mínimo común posible para gobernar. En este proceso, los partidos fundadores del pacto deben resolver los difíciles dilemas valóricos y socioeconómicos que los separan o aceptar la compleja convivencia en la diversidad. El otro gran asunto es la ampliación de la coalición y la incorporación de nuevos actores. La necesidad de crecer es definitiva a la hora de disputar la mayoría. El tema es hacia adónde. Urge también un gran proceso de legitimación. Por ello, una cuestión definitiva es la necesidad de incorporar las primarias abiertas en todos los procesos de selección de candidaturas, desde concejales a presidente. |
CO Este tipo de renovación debemos hacerla de abajo hacia arriba. Eso es lo que está haciendo una generación de alcaldes y parlamentarios, que han optado por un camino más largo (y probablemente) efectivo de renovación. Esa que se hace en terreno, que aprende a reconocer los méritos del adversario, que cree en el mérito por sobre la militancia, que sabe escuchar tanto como hablar, que cree que la eficiencia en la gestión es parte esencial de la ética pública, que sabe reconocer errores y pedir perdón por ellos, que rescata la innovación y el emprendimiento para la política, que se la juega por causas impopulares… pero con sentido, que cree en valores y los defiende, pero que también respeta a quienes piensan distinto. Con esta elección presidencial se cierra definitivamente un ciclo de la política chilena y se abre otro, cuyo contenido todavía no está escrito. La capacidad de la Concertación y sus partidos de renovarse será la clave para la política chilena de los próximos 20 años. |