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Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
A construir diálogo social |
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Por Zarko Luksic Abogado. Coordinador de la Defensoría Laboral. Ex subsecretario del Trabajo. |
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El futuro gobierno debera demostrar una gran habilidad politica para construir acuerdos nacionales. |
| En los temas laborales, el presidente electo ha puesto énfasis principalmente en la creación de un millón de empleos para el cuadrienio de su gobierno, objetivo loable y necesario en nuestro país. Para el cumplimiento de la meta, además de los esfuerzos de inversión económica que pudieren desarrollar gobierno y privados, se ha señalado, por parte de algunos personeros estos últimos días, la necesidad de mayor flexibilidad laboral, sin especificar si ésta es de jornada, salario u otra, y el reforzamiento del seguro de cesantía en desmedro del sistema de indemnizaciones. Por otra parte, se ha instalado en algunos actores políticos y sociales, principalmente parlamentarios y organizaciones sindicales, la firme creencia de que es necesario acometer una agenda laboral que comprenda la ampliación de la negociación colectiva, el fortalecimiento de los sindicatos, la institucionalización de la Defensoría Laboral y la constitución de mesas institucionales o sectoriales de diálogo social. A primera vista, podría pensarse que ambas agendas son incompatibles. Sin embargo no son necesariamente contradictorias. Muy por el contrario, una agenda de creación de empleos potente y que busque incorporar a millones de jóvenes y mujeres al mercado laboral debería insertarse en un acuerdo nacional dentro del marco de un fecundo diálogo social. Asimismo, la ampliación de la negociación colectiva, además de los temas recurrentes vinculados a remuneraciones, asistencia en salud, educación, locomoción y otros, podría incorporar otras materias propias de la empleabilidad, como son jornadas laborales, bancos de horas, formación continua, certificación de competencias laborales, reforzamiento de la intermediación laboral y, por qué no, la capacitación de todos los dirigentes laborales a través de una escuela sindical. En cuanto a la Nueva Justicia Laboral –y particularmente la actuación de las Defensorías Laborales en todo el país– la evaluación, tanto de los trabajadores y empleadores, es positiva, más allá de algunas pequeñas modificaciones que habría que hacer para su mejor funcionamiento. Después de veinte meses de la instalación de la reforma, se hace imprescindible una ley que le dé institucionalidad a estas defensorías, y es posible de antemano augurar un buen respaldo parlamentario a este proyecto. Por lo tanto, el gran desafío del presidente electo será caminar de la mano de iniciativas destinadas a más empleo, al mismo tiempo que legislar para que en Chile los sindicatos tengan mayor relevancia y exista una ampliación de las materias sujetas a negociación colectiva. Reitero que para ello la única herramienta es lograr un gran acuerdo nacional tripartito, gobierno, trabajadores y empresarios, en el marco de un diálogo social. En el objetivo de la creación de nuevos empleos, temas controvertibles serán la flexibilidad laboral y el traspaso y modificación paulatina, respetando los derechos adquiridos, del sistema de indemnizaciones hacia un buen programa de seguro de desempleo. Ambos puntos tienen un gran rechazo por parte de las organizaciones sindicales; sin embargo, estas materias podrían tratarse en conjunto con las otras que son de mayor interés de las organizaciones de trabajadores. Ante esta situación, el futuro gobierno deberá demostrar una gran habilidad política para construir acuerdos nacionales, nuevamente diálogo social, y así obtener el respaldo de los trabajadores, empleadores, Parlamento y de la ciudadanía en general. La tarea no es fácil, pero tampoco es imposible y sí, muy necesaria para el país. |