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Artículo correspondiente al número 230 (13 al 26 de junio de 2008)

 

Joseph Pearce es un caso singular: pasó de una juventud furiosa, racista y hasta con vínculos terroristas, a una madurez católica y misionera. Lo suyo es estudiar y descubrir a los autores conversos y su última publicación lo confirma: Pearce está convencido que Shakespeare era católico.

 



joseph pearce Joseph Pearce es sencillo y amable. Cuesta imaginarlo cuando habla de su juventud furiosa. En sus propias palabras, era profundamente anticatólico y racista y tuvo relación con organizaciones terroristas en Irlanda del Norte. Preso, cayó en sus manos un texto de G.K. Chesterton. “Él me obligó, a través de sus libros, a desafiarme a mí mismo, a mis creencias y prejuicios”, confiesa.

Se convirtió al catolicismo y ahora es conocido por sus biografías de autores católicos o que pasaron por un proceso similar, entre los que fi guran J.R.R Tolkien, C.S. Lewis, el mismo G.K Chesterton, Hilaire Belloc y Oscar Wilde. También es conocido su libro Escritores conversos y, el más reciente, también best seller, llamado The Quest for Shakespeare, en el que busca demostrar que el famoso escritor inglés era católico.

Pearce estuvo en Chile a fines de mayo para participar en una serie de encuentros y charlas en el marco del Programa de Artes y Humanidades de la Universidad Gabriela Mistral.


-¿Cuál de los libros que ha escrito es su favorito?

-Los criterios son diferentes. Creo que el más importante es Escritores conversos. Era un libro que había que escribir y nadie lo había hecho, así que decidí hacerlo yo mismo. Muestra la historia del renacimiento literario católico en Inglaterra, desde su comienzo hasta los 60. Este renacimiento incluye a algunos de los escritores más importantes de la era moderna, como J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis, Oscar Wilde, G.K. Chesterton, Graham Greene, T.S. Eliot y Evelyn Waugh. Algunos de los escritores más importantes de la lengua inglesa en el siglo XX fueron parte de este renacimiento cultural católico y en muchos casos se convirtieron al catolicismo, con uno o dos conversos al anglicanismo.


-¿Hay algo que explique tantas conversiones en un período de tiempo tan breve?

-Hay varias. La Ilustración llevó a la separación de la fe y la razón y la razón se convirtió en un fin en sí mismo. El movimiento romántico reaccionó contra ese racionalismo; básicamente, planteando que el corazón era más importante que la cabeza. Entonces, primero tuvimos esta idolatría de la cabeza seguida por la idolatría del corazón y ambos están equivocados, porque lo que se necesita es una sínfisis de cabeza y corazón, de fe y razón. Los primeros románticos, como los poetas William Wordsworth y Samuel Coleridge, regresaron al cristianismo y este fue el comienzo del renacimiento cultural cristiano. Luego, con la conversión de John Henry Newman en 1845, todo el movimiento se hizo más católico y despegó. Para 1890, la mayoría de las figuras líderes en el movimiento decadente se convirtió al catolicismo. Oscar Wilde es el más famoso, pero hay muchos otros. Y en el siglo XX se hizo una marejada, cuando -en cierto momento- todos parecían estar haciéndose católicos. Otro factor es que el marxismo iba en alza y los marxistas básicamente decían que sólo se podía elegir entre capitalismo y marxismo. Muchos de estos intelectuales empezaron a buscar otra manera de ver las cosas, y la Iglesia Católica en los años 20 y 30 parecía la alternativa al materialismo hedonista o al marxismo nihilista. Así que muchos se hicieron católicos porque la Iglesia era la via media de sensatez entre estos extremos.


-¿Es posible que veamos otra marejada de conversiones?

-Hoy vemos de nuevo una desintegración de la sociedad humana, donde nuestras nociones de verdad son socavadas. Creo que esta desintegración sólo puede llegar a cierto punto antes de que haya una reacción en su contra. Vivimos una era filosófica, teológica, política y económicamente insostenible, donde nadie hace siquiera las preguntas. La consecuencia de no plantear las preguntas es una aceleración hacia un colapso serio. En ese punto, o antes, habrá una reacción. Creo que habrá un renacimiento católico en el siglo XXI y que estamos empezando a verlo.



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