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Conversación en la facultad

Artículo correspondiente al número 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010


Derechos humanos en la región


-¿Cómo evalúa la gestión de los DDHH durante los 20 años de la Concertación?


-Sólo dos países, de unos 30 que han tenido que pasar por este trance desde los años 80, han avanzado en este aspecto: Chile y Argentina. Argentina funcionó como zigzag, períodos de avance y retroceso, muy bruscos. Chile funcionó avanzando lentamente, estancándose y volviendo a avanzar. A mi juicio, el gobierno de Aylwin fue proactivo hasta el último año, en que se estancó un poco; el gobierno de Frei fue reactivo, reaccionó a episodios como la sentencia de Contreras y la detención de Pinochet en Londres. El gobierno de Lagos fue una mezcla de los dos, proactivo y reactivo. El de Bachelet lo consideraría más bien empático, con una atención sensible al tema, con alguna medida importante, aunque se consideró que el tema ya estaba empezando a redondearse.

-¿Cuál es su balance?


-Hay una verdad que no se discute; la verdad del informe Rettig, los militares terminaron aceptándola en la mesa de diálogo, diez años más tarde; la verdad del informe Valech, sobre prisión política y tortura del año 2004, se adelantaron incluso los militares a reconocerlo antes de que fuera publicado. Segundo, hubo un reconocimiento amplio. Cheyre habló del nunca más. Tercero, ha habido reparaciones, aunque algunas se han salido de madre.

-¿Por ejemplo?


-Como las relativas a los exonerados políticos, muchísima gente mal calificada miles de personas que están recibiendo beneficios. En cambio los familiares de desaparecidos o las víctimas de prisión política creo que en general están bien calificados. En algunos casos han metido la cola las personas que pueden lucrar con esto, y ahí está el caso de las becas Valech. Al país el tema de las reparaciones le ha costado más de dos mil millones de dólares hasta ahora. Tiene que costar lo que tiene que costar, porque el daño fue muy grande.

-¿Se han dado beneficios a gente que no estaba calificada para recibirlos?


-Entre los exonerados, sí, los que perdieron sus puestos por razones políticas y que no califican por distintos motivos. En definitiva, hubo tres leyes que postergaban y ampliaban el plazo de la gente para reclamar y había parlamentarios que les decían a sus bases cómo reemplazar el reclamo. Cuando llegó a haber 150 mil personas que podían acceder al beneficio, ya para cada parlamentario había tres mil potenciales electores y nadie quería enajenarlos. Se generó una situación, de la que muchos se aprovecharon. En suma, la verdad ha sido proclamada, ha sido reconocida, ha habido reparaciones y ha habido una alta medida de justicia penal, mucho más de lo que la gente sabe, más de 150 personas que han pasado o están en la cárcel.

-¿Está de acuerdo en que hay que cerrar el tema, cerrar las heridas?


-Hay que ver cómo cerrar esto y que no sea de manera artificial, sin punto final. Es un dilema. Hay personas que reaccionan de forma emotiva y son contrarias a cualquier forma de cerrar de buena manera el tema, hay otros que reclaman un cierre espurio, y entre esos extremos se ha paralizado la cosa. Pero si miras lo que ha pasado en 20 años, comparado con otros países, se ha hecho mucho. En España, con los grandes crímenes de la guerra civil, por 25 años no pasó nada. Rusia con respecto a los asesinatos de Polonia, tampoco. Francia vino a reaccionar 30 ó 40 años después del fin de la segunda guerra mundial. Veinte años de la vida en un país no es tanto, y los avances han sido significativos. Tanto en Chile como en Argentina cualquiera que pudiera intentar una salida autoritaria tendría como ejemplo lo que ocurrió en el pasado. La gente se ha terminado por convencer de que cualquiera sea la causa que apoyes hay cosas que no se pueden hacer en nombre de eso.

-¿Qué queda por hacer?


-Básicamente, algo que resumió Gonzalo Vial: hay que hacer lo humanamente posible por aclarar la suerte o el paradero de los desaparecidos. También lo que queda por hacer es dar buen término, no un punto de final, a los juicios que se prolongan mucho. Se pueden estudiar medidas de común acuerdo sobre como acelerar los juicios, para que tengan un procedimientos más claro. Yo tenía una posición que no prevaleció en la mesa de Diálogo, junto con Gonzalo Vial y Jaime Castillo: uno tiene que crear incentivos para la gente que tuvo una participación criminal menor, a cambio de obtener una verdad. Eso se ha encontrado con tropiezos sobre bases emotivas, ideológicas, pero es la única manera. Aquellos que no fueron los arquitectos o ejecutores, ofrecerles inmunidad a cambio de la verdad completa.

-¿Qué países del continente son los más críticos en DDHH?


-Ciertamente, Cuba. Luego, es muy crítica la situación en Centroamérica por el desgobierno y el avance de las mafias en Guatemala, la corrupción de la democracia en Nicaragua. En México hay un problema muy serio de violencia. En Colombia, desde luego los problemas que surgen de la participación de ambos bandos en el conflicto armado por décadas. A mí me preocupan, desde el punto de vista de las libertades civiles, Venezuela y algunos de sus adláteres.

-Bien sombrío el panorama.


-Digamos que no es tan sombrío como 30 años atrás, que había violaciones masivas. Sin embargo, todavía no cala tan hondo como debería la idea de que hay que establecer un Estado de Derecho, sujeto a controles ciudadanos. En ese aspecto, Chávez es un serio peligro y un retroceso.

La toma de la escuela
-¿Cuál es el origen del problema que derivó el año pasado en la salida del decano Nahum de la facultad de Derecho de la Chile?

-Lo principal que pasa en la Universidad de Chile es que hace unos diez años se hizo una reforma a los estatutos, pero en el fondo se hizo una cosa de parche, y todavía estamos con una estructura y una forma de gobierno y una reglamentación que corresponden al principio del siglo XX o incluso del siglo XIX. El Derecho avanza a tirones con la realidad. En los últimos 40 años, la realidad ha avanzado a carrera y el Derecho viene trotando detrás, tratando de adaptarse a los cambios, en DD HH, medio ambiente, informática, etc. Demasiadas cosas nuevas. Al mismo tiempo, las personas formadas en Derecho, no incorporan estos cambios nuevos si no los estudiaron cuando eran alumnos. Por ejemplo, los jueces si no estudiaron estas materias, tratan de estirar las antiguas materias que estudiaron para acomodarlas a los casos nuevos. Y los decanos y las autoridades de la universidad no incorporan estos temas, sino como optativos, alternativos, hasta que no se hayan consagrado. Además, esta facultad es muy profesionalizante, en el sentido que hay una gran cantidad de profesores, destacados abogados que vienen a hacer una clase y se van. No hay mucha investigación ni trabajo de extensión. Y eso condujo a un descontento. Muchos profesores no conocían otra cosa y de muy buena fe consideraban que no había nada que cambiar.

-¿Usted apoyó la toma?

-Los estudiantes hicieron una toma que uno puede discutir la forma, pero el fondo me parece bien. Establecieron la ley seca, hicieron debate, condujeron la toma, nada de cerveza, trajeron profesores para dar charlas, tenían un programa diario, lo manejaron con altura de miras. No estaban usando ni armas ni nada. Existe la teoría del último recurso y puede ser debatible si este era el último recurso o no, pero a oídos sordos de este clamor estudiantil por muchos años, qué pueden hacer los tipos, se pueden tender en la Alameda, entre las pistas. Yo simpaticé con ese movimiento, admito que se puede discutir lo de la toma, pero simpaticé porque sentí que era un clamor fuerte pero sereno.

-¿Qué prácticas de la facultad son del siglo XIX?


-En esta escuela costó mucho introducir la flexibilidad del currículo, todos los profesores sienten que su materia tiene que “pasarse”. Las grandes escuelas modernas en los países desarrollados, tienen una parte de su currículo obligatorio , Derecho Constitucional, Derecho Civil, pero no es inflexible. Esa rigidez curricular se superó tiempo atrás, pero nunca terminó de calar dentro del ánimo de la mayoría de los profesores y se tendía a regresar a lo mismo. Otro problema es que no creo en la soberanía del claustro, no creo que el sistema en que los profesores eligen al decano o al rector, sea bueno, porque se genera un gobierno de las minorías, que es el claustro, que pueden ser 200 en la facultad de Derecho y 3 mil en la universidad, pero que dada la media de la condición humana, van a tender al estatus quo. Puede haber algunos que quieran sacarse la mugre investigando, pero la media es distinta, se guían por la ley del mínimo esfuerzo y esa es una realidad. Y dado que es así, yo prefiero un sistema que algunos ha tildado de norteamericano, que en Chile podría resultar. Dado que la universidad es una institución nacional, tú eliges un board of trustees, o consejo directivo, de unas 25 personas, seleccionadas seriamente, estas personas hacen una búsqueda abierta y transparente del mejor rector, ese sistema yo creo que funcionaría mucho mejor. Con el actual sistema el rector o el decano se sientan como que le deben su puesto a los colegas y los colegas le deben su puesto al no cambiar nada. La intención de los colegas es no cambiar nada, con excepciones, pero la media humana es esa.

-El mismo decano que originó el conflicto tendría posibilidades de volver.


-El rector lo que hizo fue enfrentar el conflicto y en definitiva tuvo que pedirle la renuncia al decano Nahum. Ahora se ha anunciado de nuevo como candidato al decanato. Hay otras personas que son candidatos, entre ellos mi codirectora del centro de Derechos Humanos Cecilia Medina. Es un error de Roberto Nahum hacerlo.

-¿Apoya a Medina?

-Sí, evidentemente.

-¿Por qué sería un error que Nahum volviera a presentarse?


-Significaría a mi juicio no entender lo que sucedió, no entender ese conflicto, que se resolvió interinamente de un modo, como el nombre lo indica, transitorio, pero con miras a un cambio mayor que todavía no se ha producido. Hay que pacificar a la facultad, hay muchos profesores que han terminado por convencerse de que si bien objetan la forma como se dio el cambio y la salida del ex decano Nahum, entienden que no hay vuelta atrás. En ese sentido presentar la misma candidatura aparece como una especie de reconquista y sería un error. Está tenso el ambiente en general, pero es el signo de los tiempos.



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