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Artículo correspondiente al número 256 (10 al 23 de julio de 2009)
Las tormentas Alfa y Serrano tienen a los inversionistas con los pelos de punta. ¿Como es posible que en tan poco tiempo se sucedan estos atropellos a los ahorros de particulares? ¿Donde está la prevención y los organismos reguladores? La autoridad anuncia reformas y una mayor fiscalización. La confianza esta en juego. Por Cristian Rivas y Guillermo Turner
Como en el trópico, la tormenta que azotó a la bolsa local a comienzos de 2008 se llamó Alfa. “Un hecho puntual”, “una oportunidad para fortalecer el sistema”, “un problema que no puede llevar a la sobrerregulación”, decían por entonces algunos de los principales actores del sistema.
Transcurrieron unos meses y sobrevino una nueva tormenta. Ahora se llamó Serrano e involucró cerca de 20 mil millones de pesos que los clientes de esta histórica corredora mantenían en operaciones simultáneas, acciones en custodia y pagarés.
Aunque con solicitud de quiebra e investigación del Ministerio Público de por medio, los acreedores se encuentran negociando una fórmula que permita a Tomás Serrano, el gerente general y controlador de la oficina de corretaje, hacer abandono de sus bienes personales, posibilitando su venta y el uso de esos recursos para el pago de al menos parte de lo adeudado. Porque las acciones en custodia no están y las simultáneas no tienen respaldo.
Un problema entre cliente y corredor, opinan algunos, pero entre los afectados hay voces que apuntan a la deficiente regulación del sistema y, en particular, de la propia Bolsa de Comercio de Santiago. Acusan indefensión, la misma que ha llevado a muchos inversionistas a multiplicar en las últimas semanas las consultas a sus respectivos corredores para conocer el real estado de sus cuentas y custodias. Y es que operaron bajo un marco que suponían bien regulado, con facturas, pago de dividendos, declaraciones ante el Servicio de Impuestos Internos, cartas de la bolsa y un auditor que aún figura en los registros de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS). En otras palabras, la confianza puesta en juego.
Pero en la entidad bursátil le ponen paños fríos al problema. “Estas cosas pasan no por falta de regulación, sino a pesar de la regulación y de los controles. Naturalmente, cuando ocurren se hace una revisión y se reafirman normativas. Y eso es lo que se está haciendo”, argumenta el gerente general de la bolsa, José Antonio Martínez. Algo muy parecido sostiene Leonidas Montes, uno de los miembros del comité de regulación de la misma casa bursátil: “los problemas éticos habrá desde Adán y Eva… y siempre existirán fraudes, porque la seguridad absoluta no existe”. En todo caso, cuenta que en noviembre próximo tendrán los resultados de un estudio que iniciaron a comienzos de año para anteponerse a los riesgos sistémicos y que actualmente elaboran los académicos Jorge Tarziján y Salvador Zurita.
Lo paradójico, de acuerdo al socio de IM Trust Guillermo Tagle, es que fue, precisamente, la confianza la que evitó que se tomaran medidas previas a la aprobación indebida de bienes por parte de Alfa o de Serrano. “Es un negocio de confianzas; y cuando se está en un negocio de este tipo, uno supone que todo el mundo valora lo importante que es la fiabilidad que se transmite a los clientes y que es tu mayor activo”, dice.
Medidas en la lupa
Autorregulación y ética hoy aparecen cuestionadas. Por eso, la autoridad fiscalizadora, la SVS, tomó el toro por las astas y planteó nuevas exigencias en el manejo de las custodias bursátiles (ver entrevista con Guillermo Larraín). Pero en el mercado circulan más propuestas, como también algunas críticas respecto a las disposiciones del regulador.
El ex ministro de Economía y ex superintendente de Valores y Seguros Alejandro Ferreiro, plantea –por ejemplo– que el punto central para evitar que sean los clientes quienes paguen los costos de las fallas de los intermediarios es trasladar el riesgo a los corredores y a la bolsa. Sugiere que se eleven las exigencias de capital a los corredores, pero además se establezca que, en caso de que lo anterior no baste para compensar a un cliente perjudicado por alguna irregularidad del corredor, sea la bolsa la que indemnice subsidiariamente. Con esto, añade, más que perjudicar a la bolsa, se ponen los incentivos correctos para que ella adopte con rigor y de un modo suficiente y activo todas las medidas necesarias para evitar situaciones como las conocidas a partir del caso Serrano.
“Es evidente que un mecanismo como éste ayudaría a reponer confianzas en el mercado, no sólo porque constituiría un seguro adicional frente a fallas, sino porque generaría un potente estímulo para que la propia bolsa asuma e imponga los estándares más exigentes de conducta, solvencia y liquidez a sus corredores, más allá de lo que al respecto haga la SVS. Con ese tipo de incentivo, la autorregulación tiene más posibilidades de ser eficaz”, sostiene.
Y es justamente en materia de autorregulación donde se acumulan cuestionamientos. El socio de Celfin Juan Andrés Camus reconoce que ésta ha sido débil y que, en buena medida, ello se debe a que la bolsa se ha modernizado poco, por ejemplo, en áreas como la desmutualización.
“Las bolsas en la mayoría de los países se han desmutualizado, generando una institución que regula a los corredores que operan dentro. En Chile, como es mutual, se produce esta suerte de conflicto de interés entre ser dueño y ser regulado por sí mismo. Entonces tiene más características de club que de una institución bursátil”, afirma.
Aunque la SVS incluyó esta reforma en la propuesta de modernización bursátil dada a conocer a comienzos de año, por tratarse de una sociedad anónima es la propia Bolsa de Comercio (como ya lo han hecho sus pares de Valparaíso y la Electrónica) la que tiene que dar pasos concretos en esta materia… y en otras.