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Artículo correspondiente al número 233 (25 de julio al 7 de agosto de 2008)
Sólo en la comuna de Santiago hay diecisiete iglesias que han sido declaradas como monumentos nacionales, tanto por su importancia histórica como arquitectónica. Cada una de ellas tiene distintas características y relevancias que les han merecido recibir el título. Hicimos una selección de ellas, y para esta compleja tarea contamos con la asesoría de los arquitectos Antonio Sahady, Fernando Riquelme y Mariana Vergara, expertos en patrimonio. Coincidieron en lo difícil de elegir unas respecto de otras, o valorar una construcción más que otra. Ello, porque son todas distintas y cada una con su propio mérito. Sí aceptaron escoger aquellos templos que de una forma u otra, han influido en mayor medida en la formación e historia de nuestra ciudad. Este fue el recorrido. Por María Luisa Vicuña, fotos: Elisa Bertelsen.
Catedral de Santiago
Es el templo religioso más emblemático de la capital. Representa el núcleo fundacional de Santiago. Con sus cambios y restauraciones muestra la evolución y metamorfosis de nuestra sociedad. Están presentes en su construcción las huellas de múltiples períodos históricos y arquitectónicos. En ella se encuentran enterrados arzobispos e importantes personajes civiles de Chile, a la usanza de una tradición imperante en las principales catedrales del mundo, que también albergan los restos de sus personajes ilustres.
El edificio actual se remonta a 1748. Veinte años después de haber comenzado los trabajos, estaban terminadas dos terceras partes de la iglesia. El tramo final fue encargado a Joaquín Toesca, que debía finalizar su frontis. Este impuso un estilo neoclásico,
que se materializó en una elegante fachada, pero que no terminó de dejar contentos a los santiaguinos de esa época y trajo una intensa polémica. Por esto en 1898 se contrató a Ignacio Cremonesi, quien reemplazó un artesonado de madera por cielos pintados con escenas en recuadros.
En la Catedral se destaca el majestuoso altar mayor, que data de 1912. Fue elaborado en mármol blanco, con aplicaciones de bronce y lapislázuli, en Alemania.
Iglesia de la Recoleta Domínica
Aunque no pertenece a la comuna de Santiago, esta iglesia fue seleccionada por su importante e indiscutible valor entre los templos de la capital. Los dominicos recibieron estos terrenos por una donación de Rodrigo de Quiroga e Inés de Suárez. Primero, construyeron un recinto de estilo colonial, pero el que conocemos fue edificado por Eusebio Celli, quien convenció a los dominicos de levantar un templo grande e imponente, de estilo neoclásico. Celli trazó los planos, pero fue Manuel Aldunate quien dirigió la obra hasta el final. Fue él también quien diseñó la cúpula que corona la nave central. En esta iglesia se usaron materiales por primera vez empleados en Chile en esa época, como el mármol de Carrara, material con el que están hechas sus columnas. Las cinco puertas de la iglesia fueron creadas por José Miguel Blanco y confeccionadas en roble americano.
Destacan también los jardines del convento y el edificio que hoy es utilizado por el Centro Nacional de Conservación y Restauración, que pertenece también a la obra diseñada por Celli.