Artículo correspondiente al número 264 (30 de octubre al 14 de noviembre de 2009)
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A un año del fallecimiento de quien fuera presidente de Ediciones e Impresos, la sociedad editora de Capital, recogimos comentarios, vivencias y recuerdos de quienes lo conocieron en sus más variadas facetas: como jefe, socio, gestor o, simplemente, amigo.
Carlos F. Cáceres C. Presidente del Consejo Instituto Libertad y Desarrollo
Tuve la oportunidad de conocer a Ricardo cuando me desempeñaba en cargos docentes en la Escuela de Negocios de Valparaíso, Fundación Adolfo Ibáñez, de la cual él era miembro de su Junta directiva. Surgió desde ese entonces una profunda y auténtica amistad que me permitió conocer los intereses de la más variada naturaleza que motivaban y definían la personalidad de Ricardo. En las tareas universitarias siempre manifestó su especial preocupación por la formación integral de los alumnos, en la cual las actitudes de índole moral constituían para él un requisito indispensable para la vida de los negocios. Sentí igualmente la profundidad del sentido de la trascendencia y su rigurosa aplicación en la vida personal en la búsqueda del destino superior al cual está convocada toda persona.
Colaboró de manera significativa en las tareas de Libertad y Desarrollo, compartiendo inquietudes como también proposiciones de políticas públicas en las distintas materias del orden político, económico y social. Se constituyó en Libertad y Desarrollo una tradición el contar una vez al año con una exposición de Ricardo en un diálogo con Leonardo Suárez, director de Estudios de Larraín Vial, en el cual se contrarrestaban las apreciaciones acerca de la coyuntura económica nacional e internacional. Para ello, se preparaba en forma intensa, buscando los más exclusivos antecedentes numéricos que fundamentaran una determinada posición.
Antes de la conferencia me llamaba en reiteradas ocasiones para preguntarme acerca de la concurrencia de la reunión o del orden de ideas que él presentaría para la discusión general. En ese sentido, no dejaba escapar detalle alguno y, antes de iniciar su presentación, era la costumbre verlo consultar con sus asesores la más reciente información económica que pudiera ilustrar alguno de sus comentarios.
Tuve la gran suerte de conocerlo en el terreno más personal, invitado en diversas oportunidades a navegar con él, María Luisa y un grupo de amigos por los canales de Chiloé, en las cuales su preocupación fundamental era la atención de sus invitados, con la preocupación estricta por la preparación de los menús que se servirían en cada día de la navegación como también de los paseos que se harían en cada una de las islas contempladas para visitar. Durante la visita a la isla, Ricardo paraba en cualquier negocio que expendiera distintos productos y la consulta inmediata era cómo iban las ventas de los vinos Santa Rita. Los recuerdos abundan de sobremesas en las cuales, en un ambiente de gran amistad, se comentaban los más diversos temas en materias de tipo cultural, político o económico.
Recuerdo igualmente los veranos en que la invitación característica era un asado de cordero en su fundo de Villarrica, a cuya preparación él colocaba especial dedicación, dando las instrucciones precisas y colaborando en los cortes respectivos que dieran satisfacción al pequeño grupo de invitados que gozaba posteriormente de la más grata de las conversaciones y paseos.
Ricardo gozaba con la amistad porque sentía en ella la posibilidad de entregar testimonios y alentar motivaciones.
Roberto Angelini Rossi Presidente AntarChile S.A.
Al cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de Ricardo Claro, me gustaría destacar dos aspectos de él. Era una persona que mostraba una gran profundidad y agudeza en sus análisis de los acontecimientos económicos y políticos, tanto de Chile como del ámbito internacional. Por esta gran capacidad analítica de los hechos y sus tendencias, era muy visionario y efectuaba proyecciones precisas.
Como segundo aspecto, debo resaltar que Ricardo Claro tenía profundos principios éticos y valores. Era una persona de una sola palabra; no había dos interpretaciones.
Don Ricardo será recordado como un empresario que efectuó importantes aportes al país, en los ámbitos económicos, sociales y culturales, y fue uno de los pioneros en abrir los mercados en Asia, especialmente en China.
Arturo Claro Vicepresidente del directorio Compañía Sud Americana de Vapores
Capital me ha solicitado unos comentarios personales acerca de la vida y personalidad de mi primo Ricardo, con quien tuve la oportunidad de compartir durante un largo tiempo.
Ricardo era casi 10 años mayor que yo. Sin embargo, por diversas circunstancias, tuvimos bastante cercanía durante muchos años de nuestra vida. No quiero en esta oportunidad hablar muy extensamente de negocios, que hicimos varios y juntos. Algunos de ellos en sociedad. El más importante y señero fue la toma de control de Marítima de Inversiones S.A. y el consiguiente control de Sud Americana de Vapores. Se trató de una operación rápida, durante 1986, en la que contamos con el apoyo valiosísimo de don Anacleto Angelini.
Ricardo me había pedido anteriormente, a fines de 1983, entrar a Santa Rita en calidad de director ejecutivo y las cosas, que estaban muy difíciles, al final resultaron bien. Compramos la participación a los socios de Owens Illinois, se adquirió el resto de la propiedad agrícola a don Jorge Fontaine y ambas situaciones permitieron un desarrollo acelerado de la compañía.
También hicimos otros negocios en conjunto que resultaron huesos duros de roer. Afortunadamente hoy ya en tierra derecha, con buenas perspectivas y produciendo buenos beneficios.
Pero no quiero referirme con mucho detalle a los negocios. Quiero hablar de la personalidad de Ricardo Claro. Era un hombre singular. Un empresario de características especiales. De una tenacidad notable, siempre repetía que un empresario debía ser capaz de enfrentar los malos tiempos y asumir las pérdidas del caso –tratando obviamente de extinguirlas lo mas rápidamente posible–, porque ello era lo que legitimaba la obtención de utilidades. Si no estás dispuesto a perder, no tienes derecho a ganar, era su profunda convicción.
Y era una persona de notable intuición. No era, como muchos podrán creer, un dedicado analista de números. Le gustaba leer un balance, pero no se extendía demasiado en lo que él veía como un análisis del pasado. Confiaba mucho más en su intuición del negocio y en la gente que lo manejaría.
Era un tipo audaz. Cuando veía una oportunidad, le daba muchas vueltas y le costaba y a veces demoraba, en forma casi exasperante, una decisión; pero una vez tomada, emprendía la carrera hacia su objetivo, sin vacilaciones y sin que nada lo echara atrás.
Y era una persona de intereses múltiples. De una cultura vasta y amplísima; no había tema que no le interesara. Desde la gastronomía a la pintura chilena, pasando por el Derecho –fue un gran abogado hasta que se dedicó a los negocios– el periodismo, en el que la mayor satisfacción que podía tener era ser dueño de una información que fuera una primicia (¡y por Dios que tenía buena información!), la música –ya fuera clásica, barroca o del campo chileno– los viajes, la historia, la política –aunque lo disimulaba, le gustaba y tenía amigos y contactos en todos los sectores–, la economía, la educación, etc.
Tenía valores firmes. Era católico, apostólico y romano. Defendía muy firmemente lo que creía su verdad, sin ser extremadamente tolerante con quienes en esta materia pensaban distinto.
Y quería a su Zapallar, su campo en Villarrica y, por sobre todo, a su María Luisa, con quien formó un hogar muy unido por casi 50 años.
A un año de su muerte, los que fuimos sus amigos, los que tuvimos relaciones del tipo que fuera con él, lo recordamos con afecto y lamentamos su partida.
Andrés Rodríguez Pérez
Director general Teatro Municipal de Santiago
Recordamos a Ricardo Claro como un hombre para quien la cultura fue uno de los aspectos más relevantes de su vida. Invaluable fue el apoyo que constantemente brindó al Teatro Municipal de Santiago. Le debemos un profundo reconocimiento por todo lo que hizo.
Gracias a su generosa ayuda, entre diversos proyectos y muchos otros espectáculos, pudimos presentar en nuestro escenario a artistas como la bailarina flamenca Sara Baras, los pianistas Daniel Barenboim, Vladimir Ashkenazy, el conjunto barroco Les Arts Florissants, la Filarmónica de Nueva York. También fue invaluable su apoyo para traer desde Japón la producción de Keita Asari de la ópera Madama Butterfly en dos oportunidades. Esos son sólo algunos de los ejemplos en los que Ricardo Claro nos colaboró desinteresadamente y con seriedad, siempre involucrándose personalmente en los muchos proyectos que, en conjunto, sacamos adelante.
Como miembro del directorio del Teatro Municipal tuvo siempre una visión acertada para respaldar o postergar iniciativas según el momento económico por el que atravesaba el país. Hoy está con nosotros su viuda, María Luisa Vial, con quien formó un matrimonio ejemplar, en cuyo hogar se respiraban sobriedad, seriedad y austeridad.
Siendo para él la cultura y la fe dos pilares fundamentales en su vida, dejó un gran legado para la posteridad y un ejemplo a seguir para muchos otros empresarios.
Rodrigo Palacios Gerente general Inmobiliaria
Cerro Sombrero
Ex gerente de administración y Finanzas de Cristalerías de Chile
Mi relación con don Ricardo fue esporádica, pero uno siempre percibía que él estaba al día con lo que uno hacía. También quedaba claro que sabía lo que pasaba con uno como persona. Sumamente serio y severo para calificar nuestro trabajo, había que saber leer la sutileza que implicaba que nos diera el trato de “tú”, lo que de alguna forma, y a su manera, mantenía los puentes.
Podía llamar a cualquier empleado, incluso a su casa, cuando necesitaba alguna información (no sólo a los que le reportaban directamente), situación que me mantuvo nervioso por temor a que pudiera llamar a mi casa y contestara alguno de mis hijos que son bastante bromistas (afortunadamente nunca ocurrió).
Mi paso por el grupo significó conocer la escuela de “hacer las cosas bien”, lo que –sin duda– era la principal influencia de don Ricardo.