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Ciencia pura

Artículo correspondiente al número 293 (28 de enero al 24 de febrero de 2011)

 

El Instituto de Neurociencia Biomédica se formó luego de que un grupo de 11 científicos ganara la Beca Milenio, que canaliza los millonarios recursos que otorga el Estado para hacer ciencia en el país. Y este grupo asegura que dará de qué hablar; que la ciencia en Chile está como para mirar de frente a los paises desarrollados. Por Catalina Alliendes; foto, Verónica Ortiz.


Independencia 1027. Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Al fondo, a la izquierda. Pasillo G. Subterráneo. Lúgubre caminata por un edificio que evoca décadas pasadas. Y nada más cruzar una puerta, encontrarnos con Ciencia. Pura. Con mayúscula. Como de película.

Ciencia e investigación que, de acuerdo a los estándares internacionales, son de primera. Dicen que no tienen nada que envidiar al primer mundo. A no ser, claro, por los recursos invertidos que aquí, en Santiago de Chile, son bastante más escuálidos que los del norte del globo.

En todo caso, no resultan improductivos. Si de comparaciones se trata, aseguran que en América latina se generan más publicaciones científicas por dólar invertido que en los países desarrollados.

Eso, como una forma de medir positivamente lo que se hace hoy aquí. Pues aunque contamos con pocos PhD, cada día se publican más trabajos en medios de las grandes ligas internacionales.

Nuestro interlocutor es Andrés Couve Correa (42). Biólogo de la Universidad Católica, doctorado en la Mount Sinai School of Medicine de Nueva York y post doctorado en University College de Londres, desde este año dirige el instituto de Neurociencia Biomédica, uno de los tres proyectos adjudicados en 2010 por la Iniciativa Científica Milenio, la inversión más potente que orienta a la investigación asociativa el Estado chileno, lo que les permite disponer de 800 millones de pesos anuales, por 5 años, y renovables por igual periodo.

En su oficina –que está al fondo, a la izquierda– conviven físicos, matemáticos, biologos, médicos y psiquiatras. Y están empeñados en hacer historia.

No sólo por el tipo de investigación que llevan adelante –multidisciplinaria–, sino porque creen que en Chile las cosas deben cambiar. “Si el país está convencido de que para alcanzar el desarrollo debe tener un componente importante de la economía basada en el conocimiento, no hay otra opción que ser extremadamente agresivos en las inversiones que hay que destinar al conocimiento”, advierte Couve.

Couve y sus partners en investigación son parte de una nueva ola. Parte de “la nueva generación”, como los identifican en la comunidad científica. El biólogo ya pasó de los 40, pero junto a un grupo de científicos fue apodado así porque en 2010, cuando obtuvo la Iniciativa Científica Milenio, rompió la brecha generacional. “Es la primera vez que se adjudican sumas de dinero tan grandes a gente de una generación de científicos jóvenes. Y aunque ya estamos un tanto pasados en edad, se trata de investigadores bastante más jóvenes que los que normalmente administraban esos recursos. Se hizo un quiebre generacional, y eso se notó mucho”, afirma.

La investigación

Desde hace bastantes años el equipo trabajaba en iniciativas colaborativas que le fueron allanando la ruta hacia el gran salto que se pegaron en 2010. “Nos fuimos haciendo el camino, llevamos unos ocho años en esta idea de orientar a un grupo de investigadores hacia la idea de generar un plan de investigación de largo plazo. Primero elaboramos el proyecto y después, su financiamiento. Esa fue nuestra clave”. Se juntaron, se hicieron amigos en torno a la ciencia y después postularon a grandes fondos.

¿Resultado? 11 investigadores de la facultad de Medicina de la Universidad de Chile, con una reconocida trayectoria nacional e internacional en el área de la neurociencia, que se adjudican poco menos de 2 millones de dólares anuales.

Claudio Hetz, Miguel Concha, Steffen Härtel, Mario Herrera-Marschitz, Cecilia Hidalgo, Manuel Kukuljan, Lisette Leyton, Pedro Maldonado, Jimena Sierralta, Hernán Silva y Couve se aliaron para explorar la estructura y la función del sistema nervioso, “tanto en condiciones fisiológicas, normales como en condiciones alteradas; lo que se puede llamar la patología”.

Lo que se proponen es delinear un análisis del sistema nervioso desde un enfoque de multiescala. Explorarán el funcionamiento de ciertas moléculas dentro del cerebro, la forma en que sus funciones afectan a las neuronas y a grupos de éstas y la manera en que tales conjuntos determinan la función del cerebro, hasta llegar a la conducta.

Por eso es que en el instituto se reunieron biólogos, físicos, matemáticos y clínicos. “Trabajaremos los biólogos con los matemáticos, lo que nos dará más poder para sacarle mucho mayor partido a la investigación”.

Y como el estudio va desde la molécula hasta la conducta, el último paso será su integración con la medicina, para así ejercer un real impacto en la comunidad. “Ahí es donde juega un rol importante la investigación clínica. Por eso nos asociamos con el psiquiatra Hernán Silva. Creemos que ese es otro polo de desarrollo, en el que podemos favorecer o facilitar la tarea, porque van a trabajar muy cerca quienes hacen investigación con quienes tratan a los pacientes”.






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