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Artículo correspondiente al número 215 (19 de oct al 01 de nov 2007)
En China está el futuro
Por Andrónico Luksic Craig
He tenido la oportunidad de ver a China en dos momentos muy distintos de su historia. La primera vez, con mi padre, a comienzos de los 80, fue impactante conocer Beijing.
Era un país grande, tremendo, más de 800 millones de personas, con una creencia firme en el comunismo, pero que ya estaba dando las primeras señales de abrir su economía a través de lo que ellos llamaban “joint ventures”. Era un Beijing lleno de bicicletas, no había más de dos hoteles para extranjeros, y prácticamente todos usaban trajes Mao, color azul (incluso compré uno porque sentí que era una de las cosas que más representaba al pueblo chino de entonces).
¿Qué vimos? Una economía que empezaba levemente a mirar al mundo, y eso nos entusiasmó. Una ciudad que necesitaba construcción, mucha construcción, y que por lo mismo iba a necesitar insumos. Y como las cañerías en esa época en China eran de plomo, cuando ya todo el mundo usaba cobre, junto con Codelco, a través de Madeco, hicimos una asociación 50 y 50 con la Municipalidad de Beijing para la instalación de una fábrica, que abrió sus puertas el 11 de abril de 1987.
Lamentablemente –los errores hay que reconocerlos–, nos faltó visión para entender lo que vino después de la crisis de Tiananmen Square. Ahí comenzó un nuevo período –mejor dicho el gran período– de la China contemporánea, pero nosotros como otros muchos pensamos que se trataba del fin de la apertura. Con ese diagnóstico vendimos nuestra parte a los socios chinos, por prácticamente un dólar, aunque quedamos siempre con la idea de que era un país que iba a florecer y que cuando lo hiciera daría frutos para todo el mundo.
Podríamos habernos quedado y quizás dónde estaríamos ahora. No volví a China sino recién el 2005 por una reunión de ABAC, en el contexto de la APEC. Fue igual que meterse a una batería nueva. Desde el momento en que se llega a Beijing todo es energía, una energía sin precedentes. Es otro mundo, impactante: carreteras, autos, construcciones, inversión, hoteles, comercio… y solo habían pasado 20 años. El lugar en las afueras de Beijing donde teníamos la fábrica de cañerías de cobre ahora está lleno, poblado de edificios.
El modelo económico socialista de mercado chino sigue siendo sorprendente: apertura económica con un celoso cuidado de los aspectos políticos. Lo han hecho con convicción, con voluntad y en forma muy pragmática. La meta de ser miembros de la OMC implicó un camino de apertura comercial que duró años, con el compromiso de liberalización de muchos sectores –como la reforma bancaria por ejemplo– y de una serie de reformas institucionales. Así sucedió con el Banco Central. Al Central se sumaron otras instituciones que se fueron homologando a las de una economía de mercado. Comenzaron a liberalizar gradualmente la cuenta de capitales, permitiendo el ingreso de capitales extranjeros. También tuvieron que formar velozmente capital humano para manejar esta nueva institucionalidad, por lo que fueron formando gente en el exterior y como prácticamente no existía información económica, desarrollaron los mecanismos para generarla.
Muy importante es la convicción y la fuerza con que las autoridades chinas han llevado adelante este proceso de liberalización y creación de una nueva institucionalidad, y también cómo han creado los lazos de confianza en occidente para producir esta gigantesca transformación. Y, sin lugar a dudas, los Juegos Olímpicos son el momento oportuno para mostrar al mundo lo que han construido.
Algunos números que nos demuestran esta revolución. Entre 1980 y 2006, el PIB chino creció en promedio a un ritmo de 10,5% anual, lo que se compara en el mismo período con 4,9% de Chile, 3% de Estados Unidos o 2,5% de Brasil. Si se compara con otros países emergentes, ninguno llega a los dos dígitos: India 5,9% en el mismo período. La población actualmente es de 1.320 millones de habitantes, con un PGB per cápita de US$2.000, el mismo que en 1996 era de US$690. El PIB era en 1996 de US$ 856 mil millones mientras que el de este año se va a situar en torno a US$3.000 miles de millones. Las exportaciones y las importaciones de este año suman 2.000 miles de millones, lo que se compara con modestos US$280 mil millones hace 10 años. Las reservas internacionales son impactantes.
Esa energía tan tremenda me lleva a pensar y decir: “Con que nos llegue aunque sea un 0,001% de ese crecimiento, ya tenemos un impacto muy importante en nuestra economía”. Para eso, los empresarios tenemos que ir, conocer, ver y, lo más importante, hacer amigos. Es cierto que no es fácil, por el idioma, pero estoy convencido de que es básico conocer gente, tener amigos, socios. Para ellos es esencial establecer relaciones de confianza a nivel humano.
El centro del mundo se está claramente desplazando al Asia. A China. Y por eso es que hemos desarrollado distintas iniciativas para que como país nos vayamos acercando. Por eso apoyamos el acuerdo entre la Universidad Católica y la Tsinghua University, por eso como Banco de Chile abrimos oficina allá. Tenemos que aprovechar el hecho de ser el primer país latinoamericano que firma un TLC con China, fuimos los primeros en cerrar las negociaciones para permitir su ingreso a la OMC y fuimos los primeros en reconocerlos como una economía de mercado. Mi consejo es a todos a los empresarios –pequeños, medianos, grandes– y a todos los chilenos, miremos el Asia con entusiasmo. Porque en el Asia está el futuro.
El autor es vicepresidente del Banco de Chile.