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Artículo correspondiente al número 277 (4 al 17 de junio de 2010)
Desde su nacimiento, hace justo una década, Chile.com ha sido fuente de emprendimiento, pasando de ser un portal de internet a mantener inversiones en actividades tan variadas como la telefonía satelital, la construcción y los fósforos, sin olvidar que estuvieron detrás de Benedictino, agua mineral que vendieron a Coca-cola. Con este abánico de empresas, este año facturarán nada menos que 100 millones de dólares... cifra que promete crecer, porque ya anuncian que las sorpresas no pararán. Por Cristian Rivas N.; foto, Verónica Ortiz.
La historia de Chile.com es de aquellas que vale la pena contar. Y lo es, porque las peripecias que han vivido sus socios gestores para llegar a ser lo que son hoy conforman una cátedra maestra de emprendimiento. Hablamos de una compañía que pasó de ser exclusivamente un portal web –uno de los tantos que surgieron con el boom de las puntocom– a una firma que tiene presencia en negocios tan distintos como Internet, datacenters, telecomunicaciones, construcción e inmobiliarias y fósforos; a través de los cuales sumará este año una facturación total de 100 millones de dólares.
Nada mal para algo que partió con un capital de 500 mil dólares, plata que sus socios gestores –Rodrigo González (36) e Iván Rodríguez (45)– reunieron a punta de préstamos (incluso, con sobreendeudamiento personal) y tras haber cautivado la confianza del empresario Andrés Fazio, que aportó la mayor parte de los recursos, creyendo casi ciegamente en sus ideas.
Por eso, cuando nos invitaron a conversar sobre los diez años que están cumpliendo, nos pareció que podría resultar una historia atractiva. Y, modestia aparte, no nos equivocamos. A medida que avanzaba la conversación en las oficinas de Chile. com en Ciudad Empresarial, fuimos descubriendo a dos personajes muy comprometidos en el modo de hacer y pensar el emprendimiento: siempre dando un paso adelante antes de ser pillados por la máquina, y con el objetivo claro de lograr el equilibrio en un plazo muy ajustado. Sólo así, y gracias también al empuje personal, es que hoy pueden darse el lujo de contar que han peleado de chicos a grandes.
Sí, porque lo que más destaca de la trama de empresas en las que están o han participado es justo el común denominador de haber competido con compañías de talla mayor. En telecomunicaciones, por ejemplo (con los carriers y hoy con el servicio satelital), la batalla ha sido dura con Entel, Telefónica y Telmex; con la marca de aguas Benedictino también fue áspero el round que mantuvieron con CCU y Coca-Cola antes de que esta última comprara sus activos; mientras que con Fósforos Puerto Varas han competido codo a codo con el único monopolio que, dicen, quedaba en el país: la Compañía Chilena de Fósforos.
“Una de nuestras características más importantes es que nos hemos reinventado como empresa varias veces. La tecnología evoluciona y es como una ola. Nosotros hemos venido surfeando varias olas y las hemos pasado bien, porque nuestro modelo de negocios inicial no tiene nada que ver con lo que estamos haciendo hoy”, resume Iván Rodríguez.
Punto de partida
Rodrigo e Iván no tuvieron ninguna conexión antes del año 2000. El primero –ingeniero comercial de la Universidad Gabriela Mistral– dio sus primeros pasos en Moneda Asset Management (invitado por José Musalem, uno de los socios en ese entonces), donde estuvo dos años a cargo de la gestión de un fondo de private equity.
Iván, en tanto, no había alcanzado a terminar Ingeniería Civil en la Universidad de Santiago cuando decidió irse a vivir a Venezuela, donde formó un negocio de armado de computadores que, tras varios años, se transformó en uno de los principales en ese país, pero que finalmente vendió para volver a Chile. Ya en suelo local, incursionó con otros socios en una empresa tecnológica, Netline, que luego vendieron a la estadounidense PSInet, cuyo expertise era precisamente la conectividad telefónica a Internet y el negocio de los datacenters.
La conexión se dio en febrero de 2000, cuando ambos coincidieron en un asado en casa de un pariente de Rodrigo. Este ya había renunciado a Moneda con el afán de buscar un camino propio, e Iván estaba pensando qué hacer tras la venta de Netline, coincidiendo además con que tiempo antes –cuando nadie pensaba en los dominios en Internet– había comprado a un americano en Oklahoma la marca Chile.com. Todo encajó. A las pocas semanas lanzaron conjuntamente el portal Chile.com junto a Fazio, y desde ahí la historia no ha parado.
El portal surgió como casi todos los demás, financiándose a partir de la venta de publicidad. A los pocos meses, se dieron cuenta de que esto no sería suficiente y empezaron a estudiar ideas para complementar sus ingresos. Así, decidieron formar parte de la llegada de Internet a los hogares y transformarse en un proveedor de estos servicios. Se asociaron a PSINet –la misma empresa que ya era conocida por Iván– y comenzaron a vender conexiones soportadas bajo la infraestructura de la firma norteamericana. Con eso lograron segmentar sus ingresos y afianzar su crecimiento.
Aunque las cosas parecían fáciles, los astros no se alinearon para facilitar su supervivencia. Porque, literalmente, se les apareció marzo en 2001, mes en que descubrieron que el capital que les quedaba ascendía a 80 mil dólares, suma mezquina que no les permitiría sobrevivir mucho tiempo más. Dicen que ese fue uno de los momentos más complejos que vivieron, pero no se echaron a morir.
Iván tuvo la idea de regalar 50 mil CD de conectividad a Internet, de esos que se autoinstalaban en los computadores y que conectaban a la red bajo el servidor de Chile.com. Cerraron los ojos, apretaron los dientes e hicieron acto de fe, poniendo todas las fichas a ese casillero. Y, ¡bingo!, la apuesta resultó. Se conectaron unas 13 mil personas bajo esa modalidad, en circunstancias que para sobrevivir contaban con poco más de 2 mil.
Pero que el cuento tenga final feliz no significa que en su minuto no lo pasaran mal. Ambos recuerdan que se endeudaron con prestamistas y cheques personales, “así que andábamos con la guata apretada todos los días”, describe Rodrigo.
Con foco en la tecnología
De ahí en adelante el avión logró tomar vuelo. Vinieron nuevas áreas de negocios como Puntoweb, firma que hoy lidera el webhosting de páginas, con unos 15 mil sitios de empresas; y después se adentraron al negocio de los carriers al comprar el 117. Casi simultáneamente habían logrado sumar al Deutsche como inversionista en la firma, lo que les dio el pie para hacer publicidad en televisión (con un mimo como emblema) y consolidarse como uno de los actores relevantes, tanto en conectividad a Internet como en telefonía de larga distancia.
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Hacia el futuro están mirando distintas opciones para seguir creciendo. Una de ellas es en el negocio de las telecomuniocaciones, donde ven la oportunidad de meterse en el de la telefonía móvil virtual, ocupando las redes de terceros
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| Los otros emprendimientos |
| Si hasta ahora la descripción de todos los negocios tecnológicos y de telecomunicaciones habla de una versatilidad increíble, lo que viene en la historia sencillamente dejará con la boca abierta a muchos. Porque esto de ser emprendedores es un juego que los socios de Chile. com se toman muy en serio. Aunque se trata de inversiones que no han emprendido bajo el alero de esta empresa sino con sociedades individuales, ambos han incursionado en varias otras aventuras empresariales de éxito muy distintas entre sí. La que sin duda todos recuerdan es Aguas Benedictino. Un negocio que logró convulsionar al segmento y que maduró significativamente en apenas tres años. Junto a Marcelo Guital partieron desde cero en 2004, con la modesta meta de llegar a vender en torno a 70 millones de pesos al segundo o tercer año, con una participación de mercado de 5% en supermercados, donde reinaban las marcas Vital (Coca-Cola), Cachantún y Porvenir (ambas, de CCU)… Finalmente, cuando Coca-Cola les compró la empresa en cerca de 6 millones de dólares en 2007, la firma vendía más de 300 millones de pesos mensuales, equivalentes a unos 2 millones de litros. Siguiendo la misma tónica de Benedictino, luego vinieron inversiones en otros negocios, en que la constante ha sido que los gerentes generales de cada negocio tengan participación accionaria. Así, en 2005 echaron a correr Canada Chemicals junto a Fernando Romo, firma con la que lanzaron al mercado los Fósforos Puerto Varas y Atacama, que hoy tienen una participación de 15% en supermercados, con unas 1,5 millones de cajitas al mes, las que importan desde Europa e India. Las otras empresas en las que están metidos hoy están relacionadas con la construcción. En 2006 crearon Intexa Ingeniería junto a Patricio Vivanco (que antes trabajó en Besalco y otras inmobiliarias), cuyo giro principal es la inspección técnica de obras, principalmente asociadas al retail. En 2007 surgió Inmobiliaria Santa Fe (junto a Pablo González) y al año siguiente Constructora Santa Fe (con los socios Esteban Vivalda y Leonel Guerra), con las que ya han concretado proyectos de edificios residenciales y de oficinas. |