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Artículo correspondiente al número 246 (20 de febrero al 5 de marzo de 2009)
Berries que maduran semanas antes de lo presupuestado, lecheros que ya no encuentran agua y viñas buscando terrenos templados son parte del panorama que vive el agro. Un sector que está peleando por adaptarse a una naturaleza que cada vez le resulta más difícil de entender. Equipo Capital, ilustración: Ignacio Schiefelben.
Calor. Tanto, que el mes que recién pasó (con una temperatura promedio de 31,5 grados y una máxima que alcanzó los 34,2) se inscribió como uno de los eneros más calurosos desde que se tiene registro en Chile (que no es poco decir, considerando que la red de estaciones meteorológicas funciona desde 1864).
Además, casi no está lloviendo. El déficit de lluvias en las regiones del Bio Bio, La Araucanía, Los Lagos y Los Ríos alcanza a 70% y varias comunas se han declarado oficialmente en sequía.
“La situación es grave. Actualmente entre Bio Bio y Los Lagos hay al menos 76 comunas donde no se puede asegurar el consumo de agua de manera natural. Son cerca de 5 mil personas las afectadas por la falta de lluvia y ya se nota una baja del recurso a todo nivel: norias, pozos y caudales superficiales. Históricamente a estas alturas del verano ya se había producido en el sur 2 ó 3 precipitaciones y hasta el momento todavía no hay señales de lluvia”, indica la directora de ONEMI, Carmen Fernández.
Y ni hablar de otros fenómenos “naturales” como la radiación. El agujero de la capa de ozono alcanzó en octubre y noviembre un tamaño superior a cualquier medición de los últimos 10 años, en tanto que, de acuerdo a la Dirección Meteorológica, en diciembre los eventos de radiación “extremos” ocurrieron desde la VIII Región al norte prácticamente todos los días.
Suma y sigue. Los glaciares, las mayores reservas de agua dulce del planeta, y de las cuales Chile, junto a Argentina y Canadá poseen la mayor concentración del mundo, están retrocediendo. Un estudio del Centro de Estudios Científicos de Valdivia (Cecs) mostró que de un total de 1.720 glaciares catastrados desde la III Región hasta Puerto Williams, el 92% está en retroceso y tan sólo 7% se mantiene.
Y el problema no es que retrocedan, sino que lo están haciendo inusualmente rápido. “Los glaciares son uno de los más eficaces y delicados sistemas en sentir los cambios climáticos. Por ende, el hecho que su retroceso sea tan pronunciado indica que los cambios climáticos han aumentado y eso debiese preocuparnos” explica Pablo Wainstein, profesor de Hidrología de la Universidad de Calgary, Canadá.
En resumen: nos está faltando lluvia, hace un calor del demonio y el sol quema como nunca. Y para colmo, las reservas de agua dulce se están evaporando ante nuestras narices.
Y no, no es el fin del mundo. Pero sí se está en un punto en el cual la agricultura, la mayor usuaria de agua del país, enfrenta cambios dramáticos. El agro, como nunca en su historia, está viviendo trastornos que desafían el know how acumulado por décadas. Ergo, sembrar nunca fue más complicado.
Berries prematuros
“Es un hecho que estamos con temperaturas bastante más altas que hace algunos años, sobre todo de Talca al sur. Esto ha significado que muchos huertos no sean capaces de regarse adecuadamente, porque las plantas requieren más agua y porque, además, este insumo ha disminuido. Como consecuencia, las frutas están siendo más débiles, su madurez viene cada vez más rápido y con ello una menor consistencia de nuestros productos de exportación”, anota el gerente general de Agrícola Merex, Gonzalo Ruiz Tagle.
Es que, claro, los cuadros de calor y la mayor radiación adelantan los procesos de maduración en semanas, afectando a la calidad y al color de la fruta. De ahí que la industria frutícola mire con especial atención este fenómeno de mayores temperaturas en verano, que ha llevado a adelantar la cosecha de cultivos como manzanas, uvas y, principalmente, berries.
Precisamente, es este último cultivo el que presenta una mayor sensibilidad, ya que muchas de sus variedades, al ser introducidas desde otras latitudes, son muy vulnerables a cambios drásticos en los niveles de radiación y temperatura.
Ya el año pasado el sector de los arándanos vivió un tiempo difícil. Las altas temperaturas sureñas incidieron en que estas frutas se deshidrataran mucho antes de alcanzar el tiempo de cosecha, lo que significó que pesaran menos y los productores obtuvieran menores retornos. Y para este año la cosa no pinta mejor. De hecho, los grandes productores del país estiman que habrá una merma de 30% de sus cultivos; es decir, el doble de lo que tradicionalmente se pierde. Como se trata de cifras nada despreciables, las medidas para evitar el sobrecalentamiento del sector se están tomando en varios frentes y van desde soluciones sofisticadas a otras más bien curiosas.
En el primer caso, la delantera por lejos la lleva Vitalberry, la firma vinculada a Eduardo Elberg que, adelantándose al impacto que a futuro tendrán las alzas permanentes de temperaturas en la zona centro sur del país, está invirtiendo en estudios genéticos para lograr variedades que se ajusten a las condiciones de clima, suelo y humedad del país.
El tema no es sencillo ni barato. Se trata de una investigación conjunta de expertos de la Universidad Católica con genetistas de la Universidad de Maryland en Estados Unidos y que recibe un financiamiento anual por parte de la compañía de más de 120 millones de pesos.
En todo caso, también hay soluciones originales como la que divisó la gente de Merex: utiliza un producto fabricado en base a cáscara de camarón con el fin de proteger a los frutos de las mayores temperaturas. Es una suerte de bloqueador solar que ya está aplicando no sólo en las plantaciones de arándanos, sino también en cultivos de manzanas y uvas. Todo ello, con buenos resultados, consiguiendo devolver la firmeza de las frutas.
Pasto seco
Desconocen a ciencia cierta si se debe al cambio climático, pero la constante alza de temperaturas en verano, que se viene repitiendo en los últimos 3 ó 4 años, ha generado alarma en los productores lácteos del sur del país, quienes han debido cambiar ciertos hábitos para enfrentar la sequía.
Uno de los industriales de la X Región que se ha dedicado a observar este fenómeno es el ex gerente general de Chilolac, Enrique Westermeyer, quien explica que la falta de agua tiene múltiples consecuencias. Ataques de insectos y menor calidad de los pastos son las más inmediatas, y de no combatirlas con técnicas de riego intensivo y agroquímicos, difícilmente podrían alcanzar las producciones que hoy el sector exhibe.
“El asunto es que nada de esto es gratis y nos encarece los costos en más de 50% y el daño es permanente… Estamos hablando de sistemas de riego que cuestan unos 2 millones de pesos por hectárea. Imagine la inversión que hay que hacer sólo para producir forraje para alimentar los animales”, agrega el gerente general de la Asociación de Productores de Leche de Osorno, Michel Junot.
Para enfrentar este escenario, las fórmulas no son muy diferentes a las que han recurrido otros productores del sector. “En estas circunstancias es clave guardar la humedad del suelo manteniendo los árboles cerca de las quebradas: “éstos acumulan agua en sus raíces y nos proveen de humedad, pero claramente no es la única solución… Necesitamos también ayuda gubernamental no sólo para estudiar la profundidad del cambio climático, sino también para subsidiar parte de los sistemas de riego, que en un escenario de mayor escasez se vuelven más urgentes de implementar”, asegura Westermeyer.
Más aún cuando pone en jaque la productividad por hectárea, la que hoy es de 4.500 litros, muy por debajo de la meta que pretenden alcanzar estos productores en el mediano plazo, la que se estima en 18 mil litros por hectárea, como sucede en los planteles más eficientes y con mayor tecnología.
Aquí está la papa
Mientras algunos ven el panorama oscuro, hay otros que perciben en estas mayores temperaturas una oportunidad. Al menos, eso asegura el principal productor de papas procesadas de Chile, Jim Hungelmann. “Muchos han señalado que esta zona del país (X Región) se hará cada vez más seca. Ese ciertamente es el patrón que hemos visto en los últimos años, pero no debería representar una amenaza para la producción de algunos cultivos, como por ejemplo, la papa”.
Hungelmann explica que, desde el punto de vista de las temperaturas y las enfermedades, la situación podría tener un impacto positivo en este tipo de siembras. “Un clima con temperaturas más tibias permite una mejor predicción de las variables de cultivo. Por ejemplo, más unidades de calor sobre las plantas y una temporada de crecimiento más extensa ofrecen oportunidades para mejorar la calidad y el rendimiento”. Eso, siempre que los avances en riego entreguen la humedad en cantidades controladas y cuando el cultivo lo necesite.