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Artículo correspondiente al número 201 (06 al 19 de abr 2007)
No son ni “estrellas” ni “autores”, pero de su labor depende gran parte del éxito, calidad e impacto de lo que se ve en televisión. El productor ejecutivo es uno de los trabajadores más silenciosos del medio audiovisual. ¿Qué hacen exactamente? ¿Cuánto poder tienen? ¿Quiénes son los nombres clave?
Por Christian Ramírez y Joel Poblete.

En lo que a televisión chilena se refiere, durante años, marzo fue mes de teleseries: de guerra entre el 7 y el 13, máxima movilización de recursos y bombardeo publicitario, ansiosa espera del rating durante los primeros días de emisión y, una vez que la “batalla” estaba decidida, de las fi estas de celebración de los ganadores y el callado replanteamiento de los derrotados. Eso, hasta este marzo.
Mientras la cerrada disputa entre Papi Ricky (C13) y Corazón de María (TVN) continuaba, la tensión se trasladó a un área que rara vez había suscitado tanta atención mediática: las series.
Consideradas como un punto débil en la programación televisiva –suerte de pariente pobre situado en algún lugar en medio de estelares, realities, reportajes y, claro, telenovelas– tres de ellas captaron atención por razones bien distintas:
Casado con hijos (Mega) por un ostensible aumento de rating, que al momento de su debut la llevó a competir directamente con las teleseries; Epopeya (TVN), por el inesperado episodio diplomático que produjo la suspensión de su salida al aire, al menos por el momento; y Héroes (C13), por la ambición de revivir a personajes y episodios históricos en formato de largometraje.
Todas comparten, además, otra característica. Son realizaciones donde estuvo encima la mano del productor ejecutivo (J.J. Harting, Augusto Góngora y Alberto Gesswein, respectivamente) y, hasta cierto punto, son reflejo de una manera de pensar y gestionar el negocio televisivo. La suya no es exactamente una labor autoral o de exposición a los medios, pero sí es esencial a la hora de establecer coherencia, patrones de acción y criterios mínimos de calidad en la parrilla programática.
Si el teatro es un medio de escritor y el cine uno de director, la televisión tiende a ser un vehículo manejado por el productor. ¿Pero qué es lo que éstos hacen, exactamente?
“Depende del medio en que se trabaje”, explica Augusto Góngora, productor ejecutivo en TVN. “En Europa, operan una vez que el contrato está fi rmado. En Chile se trabaja desde la creación misma del programa; sea estructurando su narrativa, formato o estética, creando puentes con el equipo que rueda el material”. Así, la mayor libertad (y el mayor riesgo) la tienen quienes poseen sus propias compañías, ya que elaborar un proyecto nuevo puede demorar entre seis meses y un año sin garantía cierta de éxito o continuidad.
Claro, a menos que el producto se transforme en marca registrada. El último ejemplo al respecto es la versión nacional de la sitcom Casado con hijos, producida para Mega por Roos Film, la cual ha popularizado a sus protagonistas, ganado un nicho en el segmento de las 20:00 hrs. y, según su productor Juan Harting, ha consolidado su colaboración con los estudios Sony (dueños del programa). “Nos concedieron un privilegio inédito: la facultad de escribir nuestros propios capítulos y no depender de estar adaptando siempre los originales”.
Ahora si de popularidad se trata, difícil encontrar mejor ejemplo que Carlos Pinto, quien desde mediados de los 90 ha sido favorito del público en una serie detrás de otra (Mea culpa, El día menos pensado, El cuento del tío) al mismo tiempo que se echaba encima responsabilidades –escribir, dirigir, protagonizar– que sobrepasaban el campo de la mera producción. Ello, probablemente, ha contribuido a aumentar en forma exponencial su cuota de poder dentro de un medio que ya es pequeño, aunque también ha generado un benefi cio muy codiciado: la continuidad.
Según Paulo Ramírez, director de estándares editoriales de Canal 13, ese último factor es esencial al evaluar nuestra producción audiovisual. “A nuestra TV le ocurre lo que a las películas chilenas: cuesta llegar a un grado consistente de desarrollo, lograr que creación, producción y el talento de los equipos alcancen niveles parejos. Llegamos a un punto donde teleseries, series, sitcoms y restantes áreas están cubiertas, pero la calidad es difícil de mantener”. La dimensión del problema se intensifi ca si se piensa que el gran negocio pendiente de la televisión chilena es y será la exportación de su material.
Sin intentar compararse siquiera con la TV que producen los países desarrollados –“si lo hacemos, es imposible no constatar una diferencia sideral entre ellos y nosotros”, explica Ramírez–, la tentación de exportar es demasiado atractiva. “Somos capaces de trabajar a un 1 ó 2% del costo de los estadounidenses y es una ventaja que tenemos que aprovechar”, acota Harting, quien se ha abocado seriamente a la comercialización fuera de Chile de sus series (aproximadamente el 70% del material que produce ha ido a parar a México, Japón y Estados Unidos).
Otra solución es construir hacia adentro, corregir las defi ciencias de nuestra industria apoyándose en proyectos de mediano y largo plazo, más allá del rating, vaivenes programáticos de las estaciones y fenómenos de moda. Una quimera, salvo que haya una excusa lo bastante fuerte. Lo interesante es que, al menos por ahora, la hay.
Bicentenario. Así de simple. El horizonte de los 200 años de Chile independiente ha proporcionado la excusa perfecta para que canales y productores encuentren motivaciones comunes y dediquen tiempo y presupuesto para estructurar iniciativas programáticas de cierta coherencia, al extremo de dedicarse a esa labor en forma exclusiva, como en el caso de Alberto Gesswein en canal 13. “Más allá de los puntos de audiencia que marcan, lo que importa de estos proyectos es su repercusión y rentabilidad social”, explica quien se ha hecho cargo de Flor de país -tal vez el conjunto de producciones culturales más homogéneo de los últimos años en nuestro medio audiovisual- y hoy productor ejecutivo de un “mastodonte”, la serie histórica Héroes, cuyo presupuesto es cercano al millón de dólares –el más costoso en la historia de la TV chilena–, que ha requerido el trabajo de tres compañías externas y estrenó a fi nes de marzo el primer capítulo, dedicado a Bernardo O’Higgins (que promedió 25 puntos de rating).
Pensando en nuestro pequeño mercado, ¿vale la pena el esfuerzo? Gesswein concede que “el desafío de recuperar la inversión es tremendo, pero si los buenos resultados se repiten en el resto del ciclo, el proyecto pasará a ser rentable, lo que nos permite pensar en un tipo de industria que en Chile hasta ahora no existía”.
Claro, está el dato de que Héroes es una producción con un destino esencialmente local y que si bien puede exportarse como concepto, no tiene el perfi l internacional de otros proyectos del bicentenario (como la serie de largos que Raúl Ruiz prepara en conjunto con TVN). “El punto es que en términos de creación de valor de marca del programa, del proyecto y, en último término del canal, su valor es importantísimo”, acota Paulo Ramírez, pero incluso considerando eso cabe una pregunta: ¿Qué va a ocurrir desde el 2011, cuando el bicentenario ya no sea válido para seguir sustentando el riesgo de emprender esta clase de proyectos?
El desafío está lanzado. Para los canales. Y también para los productores.
El hombre Bicentenario
“Como productor puedes estar distante o compenetrado. Yo he tenido la suerte de estar emocionalmente vinculado a mis programas”, explica Alberto Gesswein, responsable de las producciones de canal 13 relacionadas con el Bicentenario: Flor de país, Mi mundo privado, Canción nacional, Perspecplejia y ahora Héroes.
Claro que su currículum se remonta bastante atrás. De partida a sus 11 años de trabajo en El Mirador, de TVN, donde empezó como periodista en práctica y acabó como subeditor, para luego integrarse en 2002 como productor ejecutivo en el área de reportajes del 13 y más tarde al Proyecto Bicentenario.
Según él hay que hacer una división entre el rol de un productor ejecutivo y otro externo. “El rol de productor ejecutivo no existía antes: en décadas anteriores los directores que trabajaban en un canal cumplían ese rol –de hecho muchos han derivado a la producción ejecutiva–, uno que requiere una visión más general del trabajo televisivo”, explica.
“Sea porque uno inventó el proyecto o le ofrecieron la responsabilidad de tomarlo, hay que estar encima, estar en las reuniones de pauta e informarse de cada fase; supongo que todos lo hacen, al menos mi formación me tienta a hacerlo”
Reconoce que Héroes es el proyecto más difícil de su vida, ya que por año y medio ha tenido movilizado a un amplio equipo de historiadores, cineastas, técnicos y actores. “Dada la envergadura, la trascendencia, la apuesta y el riesgo que están involucrados en este proyecto, me siento tocado con una varita mágica por poder participar en él”.