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Reportajes y Entrevistas
Chicago Boys 2.0

Artículo correspondiente al número 263 (16 al 29 de octubre de 2009)

 

A diferencia de sus antecesores, no tienen una misión asignada. No obstante, su apuesta es mejorar la educación, el trabajo y las oportunidades a través del análisis y el rigor académico. Creen en el poder del conocimiento y muchos de ellos prefieren un laboratorio de investigación antes que un sillón político. Diversa, inquieta y curiosa, la nueva generación de Chicago viene renovada. Por María José Marinovic y Carolina Samsing.


Alcanzó a ser vecino de Obama, a presenciar las elecciones en primera fila y hoy se pasea por los pasillos de la segunda universidad con más premios Nobel en el mundo. Jaime Bellolio (28) cursa su segundo año de master en Políticas Públicas en la Universidad de Chicago y espera volver a Chile para formar parte de esta nueva generación de Chicago boys. “Para mí sería un honor poder continuar el legado de quienes transformaron a Chile en lo que es hoy. Yo vine a Chicago para perfeccionarme en el análisis riguroso de políticas públicas, tanto en su formulación como en su ejecución, y la universidad en esto tiene mucho que decir”, afirma Bellolio, egresado de Ingeniería Comercial de la Universidad Católica.

Jaime es uno de los cuatro alumnos que actualmente estudian un postgrado en Chicago. Sin embargo, antes que ellos vinieron muchos más.

  

 


Jorge Fabrega, Francisco Ugarte, Macarena Vargas, Felipe Moro, Ernesto Silva y María de los Angeles Santander son parte de esta renovada generación.

 


Larga tradición

 

Hace ya más de 50 años que cursar estudios de postgrado en la Universidad de Chicago es casi una tradición. El origen de esta relación se remonta a un convenio firmado en marzo de 1956 entre el decano de la facultad de Comercio y Ciencias Económicas de la Universidad Católica, el profesor de Derecho Comercial Julio Chaná Cariola, y Albion Paterson, director del Instituto de Asuntos Interamericanos de la universidad norteamericana. Gracias a este acuerdo, se creó un programa de estudios y de investigación económica según el cual los alumnos chilenos cursarían postgrados en Chicago y, a la vez, profesores norteamericanos llegarían a Chile desarrollar acciones de investigación acerca de la realidad financiera chilena.

El economista Ernesto Fontaine estuvo en ese primer grupo. Es más, él es el primer doctorado latinoamericano en Chicago. Al mirar hacia atrás dice que ellos partieron con un objetivo claro: “teníamos la misión de volver a Chile para reformar la facultad de Economía de la UC y transformarla en una facultad realmente buena. Volvimos con la idea de hacer la gran revolución”, recuerda Fontaine, quien desde entonces se ha desempeñado como docente en esa universidad.

El proceso se mantuvo, no obstante que en la década de los 90 los pasillos de Chicago casi se olvidaron de los alumnos chilenos. Tal vez fue por los prejuicios, el frío o por la delincuencia que pocos se animaron a ir por un diploma de esa escuela. Lo cierto es que la facultad de Economía de la universidad no registra más de cuatro alumnos chilenos en esos años. Sin embargo, la situación cambió y llegaría el turno de los nuevos Chicago boys.

Víctor Lima (38) fue uno de los que estuvieron en esa época de sequía. En 1993 aterrizó en Chicago para hacer un doctorado en Economía junto a Antonio Büchi. Eran los primeros chilenos después de muchos años. De esa experiencia guarda los mejores recuerdos.

“Académicamente fue bien duro, pero también fue una época increíble, porque estábamos aprendiendo con todas las lumbreras. El grupo de profesores era y es estupendo y todos los días aprendías una cosa nueva, algo interesante. Eso te permitía empezar a ver el mundo de una manera distinta”, cuenta Víctor, quien hoy dirige el programa de pregrado de esa facultad, además de dictar varios cursos, tanto allá como en Chile.

 

 


Chicago 2.0

 

Los nuevos alumnos chilenos en Chicago, más que asociarse con la mítica generación de los 60, llegan a la universidad en busca de la excelencia académica, especialmente en ámbitos de economía, aunque poco a poco se han ido diversificando las áreas de estudio.

Jorge Fábrega (36), economista y sociólogo de la Universidad Católica, eligió profundizar sus estudios en Políticas Públicas cursando un doctorado en la universidad. “Cuando tomé la decisión de postular a estudios en el extranjero revisé más de 50 programas de doctorado en temas afines y llegué a la conclusión de que el mejor lugar para mis intereses era la Universidad de Chicago, donde podría estudiar una combinación de teoría de juegos (microeconomía), ciencias políticas, sociología y análisis econométrico”, explica Jorge, actual académico de la escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Los Chicago boys 2.0 distan bastante de quienes fueron sus precursores. Si bien todos muestran bastante interés por las políticas públicas y señalan la mala calidad de la educación y la desigualdad como dos problemas importantes de nuestra sociedad, son pocos los que aspiran a ocupar algún cargo político. Reconocen que tienen una labor importante que cumplir al servicio del país; pero en un contexto nuevo, con otras necesidades y, por lo tanto, con otras formas de aportar.

Para todos ellos, independiente de su área de estudios, la razón para haber optado por Chicago es apolítica. La elección va más bien por un tema de calidad y prestigio. Después de todo, no por nada la universidad cuenta con más de 70 premios Nobel.

 



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Comentarios

1 Comentarios

HECTOR MUNOZ CAJALES :

Publicado Domingo 25 de Octubre, 2009 - 05:39 hrs

Señores Revista Capital: 
 
Quiero destacar lo valioso de este reportaje para mí. Antes de venirme a estudiar a UC DAVIS (EE.UU.) leía permanentemente esta revista. Los comentarios de personas con más experiencia en el mundo académico y de los negocios me han ayudado a enriquecer mis ideas y pensamientos. Coincido con este reportaje en que quienes hemos tenido la oportunidad de estudiar en universidades de norteamerica (ó del mundo) tenemos una inmensa responsabilidad con nuestro país. Se debe estar consciente que esta oportunidad debe abrir nuestra mentalidad como profesionales chilenos e influir con muchísima fuerza y perseverancia en nuestro entorno al volver a Chile. Se debe aportar con cambios que permitan el crecimiento sostenible del país.

 
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