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Artículo correspondiente al número 238 (3 al 16 de octubre de 2008)
Hugo Chávez completo una década de presencia activa en la agenda latinoamericana. Apoyado en el auge del petróleo, el presidente venezolano aparece tras cada conflicto, diferencia de opinión o campaña que surgen en la región. ¿Cuanto tiempo más durara esta influencia? ¿Se trata de una figura en expansión o sus bases se debilitan? Por Alejandra Rivera B.
En Venezuela no hay grises. Todo es blanco o negro. Así como no existe la clase media, tampoco hay medias tintas a la hora de hablar del presidente Hugo Chávez. Sus seguidores ven en él la encarnación del llamado sueño bolivariano. Sus detractores lo definen como “narcisista compulsivo, psicopático y megalómano”, incapaz de pasar inadvertido. En las últimas semanas, volvió al rol protagónico al adelantarse a la presidenta Michelle Bachelet y proponer la reunión extraordinaria de la UNASUR por Bolivia y, luego, al expulsar al chileno José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch.
Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1998 de la mano de una propuesta de izquierda –o “socialismo para el siglo 21”, como le llama– con el 56,2% de los votos. Según expertos internacionales, a partir del frustrado golpe de Estado de 2002 que intentó derrocarlo, su discurso contra Estados Unidos se endureció aún más, al tiempo que intensificó la búsqueda de apoyos a su proyecto ideológico, incluso fuera del continente. El principal problema, según los analistas, es que mientras concentra sus esfuerzos en solventar su agenda exterior financiada con la venta del crudo –paradójicamente, a Estados Unidos–, el país vive una inestabilidad social y económica, producto de la creciente inflación y de lo que califican como una política social “represiva”.
“Chávez es un hombre ambicioso, inescrupuloso dispuesto a vender a su madre por entronizarse en el poder. A pesar de los grandes ingresos que vienen del crecimiento sostenido del petróleo y de un presupuesto de 750 mil millones de dólares en 10 años, las calles del país están hechas un desastre, los hospitales están por el suelo y no ha realizado ninguna obra importante. Durante su gobierno han asesinado a 120 mil personas y sólo en Caracas murieron 50 la semana pasada”, afirma el historiador Antonio Sánchez García, activo miembro del Movimiento 2D, una de las principales tribunas de la oposición.
La economía tampoco se salva, pese a que este país es la cuarta economía regional y el sexto exportador de petróleo a nivel mundial, de acuerdo a cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP. Según el investigador argentino Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, la situación interna se está deteriorando por la inflación, el control de precios de alimentos ha disminuido su popularidad y el precio futuro del petróleo, que es decisivo para su porvenir, sufre al ritmo de un más que seguro menor crecimiento mundial.
El escenario interno que enfrenta Chávez es complejo. Y puede complicarse más el 23 de noviembre, cuando se realicen las elecciones de alcaldes y gobernadores. Si bien el mandatario obtuvo un 59% de aprobación en el referéndum revocatorio de 2004 –una respuesta al golpe de Estado de 2002–, su futuro no está definido. “Su apoyo interno está menguando. Para las elecciones ordenó al contralor inhabilitar a 200 líderes opositores como candidatos, vulnerando la Constitución. Si tuviera tanta certeza de ganar, ¿habría dado esta orden?”, se pregunta Sánchez García.
Según Alejandro Peña Esclusa, presidente de la Fundación Fuerza Solidaria, y uno de los opositores más reconocidos, el mandatario se sabe perdido y ello lo estaría llevando a establecer una política represiva en el país y a buscar alianzas externas. “Chávez se mantiene en el poder por el uso de la fuerza y del dinero. Además, es sumamente peligroso por sus alianzas con el terrorismo, el narcotráfico, con Irán y las FARC”, advierte.
Alejandro Peña- Esclusa
Se calcula –aunque no hay cifras oficiales– que Chávez ha destinado durante su mandato unos 30 mil millones de dólares a programas de ayuda social y subsidios al petróleo para países amigos. Una parte de estos recursos se destinan a la Alianza Bolivariana para las Américas, ALBA, que integran Cuba, República Dominicana, Nicaragua, Bolivia y Venezuela. Pero hay dineros que no se pueden contabilizar y que, según los opositores, financiarían campañas presidenciales y a grupos de ultraizquierda e indigenistas, un factor que desestabiliza a la región. Alejandro Peña señala que el modus operandi para financiar campañas en Latinoamérica es a través de PetroCaribe: “Chávez está comprando conciencias, pues algunos llegaron a la presidencia con su apoyo”. El gobierno de Evo Morales ha reconocido, abiertamente, el ingreso de esos recursos a Bolivia.
Rosendo Fraga sostiene que el gobernante caribeño es un riesgo para la estabilidad regional porque interviene en las campañas electorales apoyando abiertamente a candidatos en México, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Argentina. Además, porque amenaza con intervenir militarmente en conflictos internos, como lo hizo al anunciar que enviaría tropas para respaldar a Evo Morales contra los autonomistas. “Realiza una diplomacia muy activa en la región vendiendo petróleo barato a países que lo importan, como Cuba, Paraguay, Uruguay y América Central, lo que utiliza como instrumento de influencia política. Pero también hace aportes directos de dinero a gobiernos, como el de Bolivia, o financiamiento a través de la compra de bonos, como en el caso de Argentina. También financia movimientos políticos afines, como el movimiento que lidera Ollanta Humala en Perú, en Bolivia con el MAS y en Argentina con los piqueteros kirchneristas”.