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Castro II: La Revolución continua

Artículo correspondiente al número 226 (18 de abr al 1 de may 2008)

 

Raúl se mueve lento, pero su tímido plan de reformas políticas y económicas llama la atención del mundo y consigue abrir un debate sobre la permanencia de las sanciones que aplica Estados Unidos. Algo podría estar cambiando, dicen algunos, pero a ritmo caribeño. Por Claudia Heiss.

 

 

 

 

Ciertamente no es la Perestroika. Pero el reemplazo de Fidel Castro –tras 49 años de férreo control sobre la vida política, económica y cultural de Cuba– por su hermano Raúl no es un hecho menor. El retiro del comandante tuvo una fría recepción los cubanos de Miami y las autoridades de Estados Unidos. Sin embargo, y por mucho que el nuevo gobernante asegure que la suya es una política de continuidad del socialismo en sintonía con su hermano mayor, es evidente que algo está cambiando en la isla.

La Habana espera conquistar con sus señales de reforma la adhesión de sus propios ciudadanos, para garantizar una transición gradual y la mantención del modelo socialista. Sumadas al crecimiento de la economía y a la perspectiva de nuevas explotaciones de petróleo, podrían también acarrear un mayor intercambio con la comunidad internacional y, tal vez, un acercamiento a Washington.

La sucesión no implicó, como algunos esperaban, un recambio generacional. No sólo porque Raúl (76) es apenas un poco menor que Fidel (81), sino también por la designación de José Ramón Machado Ventura (77) como su vicepresidente. Tampoco abrió las expectativas que habría generado el nombramiento de Carlos Lage, líder de las reformas económicas de los 90. En ese entonces, y para enfrentar la caída de la URSS, Fidel Castro decretó un “período especial” e hizo varias concesiones a la economía de mercado. Pero en lugar de conducir a una apertura sostenida, pasado el impasse, en su mayor parte de esas reformas se revirtieron.

Raúl Castro habla hoy de mejorar la eficiencia del Estado y de promover una ética del trabajo con miras a aumentar el nivel de vida de los cubanos. Se ha propuesto revaluar el peso, descentralizar la economía, alejarse del racionamiento estatal y poner más atención a los precios y salarios. Para el semanario The Economist, las declaraciones del nuevo jefe de estado “parecen señalar una reanudación de las reformas de los 90”.

Al asumir el gobierno el 24 de febrero, Castro II dijo que su prioridad sería satisfacer las necesidades básicas de la población, por medio de cambios progresivos y graduales destinados a “perfeccionar” el socialismo. Y por estos días ha formulado los primeros anuncios concretos. “Para salvar el comunismo, Raúl experimenta con el consumismo”, tituló con ironía el diario británico The Guardian.

 

 

 

Tiempo de reformas


Ahora los cubanos pueden arrendar autos y alojarse en lujosos hoteles, antes reservados sólo para turistas extranjeros. Claro que con salarios de 19 dólares al mes y habitaciones a 150 dólares la noche, no parece que esta medida vaya a tener un impacto masivo. En el plano simbólico, sin embargo, la decisión ha causado un tremendo efecto. La prohibición de entrar a los hoteles, que indignaba a los locales, viene de los años 90. Tras el colapso de la URSS, Cuba se vio obligada a desarrollar una industria de turismo extranjero para paliar la crisis económica y pasó de recibir 340 mil turistas en 1990 a 2,3 millones en 2005. A partir de 1996, se prohibió a los cubanos asomarse a esta vida de lujo destinada a equilibrar las cuentas nacionales. La restricción pretendía, entre otras cosas, combatir la prostitución que explotó con la llegada de los turistas.



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