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Artículo correspondiente al número 226 (18 de abr al 1 de may 2008)
El año pasado, la Universidad Internacional de Florida (FIU) realizó una encuesta entre mil cubano-americanos en el condado de Miami-Dade. Los resultados mostraron un cambio de actitud respecto de sondeos anteriores, en el sentido de buscar un mayor acercamiento con la isla. Una cifra récord del 65% indicó que apoyaría un diálogo con el gobierno de Cuba, en comparación con el 55,6% de 2004 y el 40% en 1991. Si bien el embargo estadounidense mantuvo un respaldo mayoritario de 57,5%, éste fue menor al 66% de apoyo que obtuvo tres años antes.
La encuesta también mostró un rechazo a las restricciones de los viajes a Cuba impuestas a partir de 2004 por el gobierno de George W. Bush, que redujo los traslados autorizados a la isla de uno al año a uno cada tres años. Un 64% indicó que quisiera volver a las regulaciones de antes de 2004 y el 55,2% quisiera poder viajar sin restricciones.
Todavía son muchos los cubanos en Estados Unidos que sólo estarían dispuestos a levantar las sanciones contra Cuba a cambio de elecciones libres y de la liberación de los presos políticos. Esta situación muestra hasta qué punto se está produciendo un quiebre en la propia comunidad cubana residente. Un ejemplo es el rechazo que expresó el representante republicano por Miami, Lincoln Díaz-Balart, a los resultados del sondeo de la FIU. El parlamentario señaló que se trataba de “otra de esas encuestas anuales forzadas, realizadas por los que abogan por la moderación unilateral de sanciones para beneficiar al régimen de Castro, con intereses comerciales.”
Aunque la seriedad de la encuesta es evidente, también es indudable que existen intereses comerciales a favor del intercambio con Cuba. A pesar del embargo, la venta de alimentos a Cuba está permitida desde 2001. Estados Unidos, el cuarto exportador a ese país, le vendió el año pasado 438 millones de dólares en productos agrícolas.
El racionamiento y la mala calidad de vida conviven con una economía cubana que creció un 7,5% en 2007, en su tercer año de expansión. El alto precio de las exportaciones de níquel, las perspectivas de yacimientos petrolíferos en el Golfo de México, la industria de los puros y el turismo atraen a inversionistas españoles, canadienses y chinos. Esta situación lleva a muchos a pensar que las reformas económicas son inevitables.
Desde la perspectiva de Estados Unidos, la discusión que viene es qué estrategia seguir para promover el cambio político en la isla: ¿reforzar el aislamiento o aumentar los vínculos? La vieja guardia cubana y los republicanos se inclinan por lo primero. Un creciente grupo de cubanos y al menos un candidato demócrata, Barack Obama, por lo segundo. Raúl Castro ha llamado al diálogo a la Casa Blanca. Obama ofreció, en uno de los debates presidenciales, reunirse con la dirigencia cubana sin poner condiciones.
En el marco de la lenta transición iniciada con la salida de Fidel Castro, las percepciones sobre la reforma económica y sobre las relaciones con Estados Unidos empiezan a cambiar dentro y fuera de Cuba. ¿Llevarán estas reformas a la democratización? ¿O conviene promover instancias de acercamiento con miras a ejercer influencia para el cambio político?
El presidente Bush ha dicho que lo que sucede en Cuba es el mero reemplazo de “un dictador por otro”, y que Estados Unidos no abandonará su firme oposición al régimen. La Brookings Institution, cercana a los demócratas, insta a promover el intercambio educacional y cultural. La suma del cambio de visiones que se está produciendo en el exilio cubano y un eventualtriunfo demócrata en las elecciones de noviembre podrían cambiar radicalmente el escenario que enfrentan las tímidas reformas de Raúl Castro.