|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Cartilla presidencial |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 233 (25 de julio al 7 de agosto de 2008)
Después de la última encuesta CEP, la carrera para alcanzar La Moneda en 2010 sigue ofreciendo más incógnitas que certezas. Sin embargo el panorama comienza a acotarse y ya hay nombres y números que confrontar. Aumenta el número de los que temen que la situación económica se transforme en el gran elector. Por Héctor Soto.
Como si el gobierno de Michelle Bachelet hubiera cumplido ya su cuarto de hora y jugado la totalidad de sus cartas, en términos de iniciativas, realizaciones y compromisos programáticos, desde la publicación de la última encuesta CEP el país político ha entrado de lleno a la carrera presidencial del 2009. Podrá aducirse que el Chile político representa sólo a una fracción del país real, pero eso no quita que en los próximos 17 meses la competencia electoral se convierta en tema obligado en la agenda de los partidos, en la pauta de los medios y en las conversaciones de sobremesa a lo largo y ancho del territorio.
El sondeo del CEP entrega muchos insumos. En lo básico, sin embargo, dice que un año y medio antes de la elección presidencial, puesto que el trabajo de campo se realizó en junio pasado, es ahora un político de la centroderecha, por primera vez desde la restauración democrática, quien está mejor posicionado para llegar a La Moneda.
Es cierto que el 33% de las preferencias que obtiene Sebastián Piñera en la pregunta abierta respecto de quién le gustaría que fuera el próximo presidente de Chile no es enteramente limpio, dado que la Concertación todavía no define a su candidato. Hasta ahora, Piñera ha estado corriendo solo. Por eso, y porque además en 17 meses pueden ocurrir muchas cosas, su ventaja en ningún caso lo autoriza a cantar victoria.
Pero también es cierto que tendrían que conjugarse varias circunstancias simultáneas y un tanto excepcionales para que perdiera su opción ganadora. De partida, tendría que hacerlo muy mal en la campaña que viene. Tendría que disiparse pronto el pesimismo económico que en las últimas semanas lo está contaminando todo. La Concertación, además, debería remontar con bastante más energía de la que muestra en la actualidad el mal momento en que se encuentra. Aunque todo sea posible, el escenario para la coalición gobernante es complejo. Porque allí donde Piñera marca espontáneamente 33%, al otro lado, sumando las preferencias de Lagos, Insulza, Alvear y Frei sólo se llega a 28%. El hecho es revelador del desgaste de los líderes concertacionistas: ya pasó la época cuando las Alvear, las Bachelet, los Lagos y otros líderes oficialistas salían con evaluaciones positivas superiores al 75%. La brecha entre Piñera y el resto es reveladora también de las dificultades que tiene esta vez la Concertación para enfren gustar una presidencial sin un liderazgo natural reconocido y indiscutible. De hecho, es la primera vez que el bloque no lo tiene.
Todo indica que el desarrollo de la campaña presidencial va a tener un punto de inflexión, dos grandes ejes y una gran incógnita que va mucho más allá de la identidad del ganador. El punto de inflexión será la campaña municipal, que tomará los próximos tres meses. Los ejes, por su parte, van a ser los esfuerzos de Piñera por expandir su liderazgo y las dinámicas de la Concertación para elegir su abanderado. Y la incógnita estará en el desarrollo que tenga el actual escenario económico.
Como lo más probable es que en octubre próximo la Concertación vuelva a ratificar sin problemas su condición de mayoría, y como es un hecho que la oposición perderá alcaldías que son emblemáticas, sobre todo en la Región Metropolitana, la supuesta primacía de la Alianza volverá a quedar en entredicho. Hasta donde se sabe, Piñera se hace muy pocas ilusiones de vuelcos importantes en la elección municipal y está prevenido del error que significaría presidencializarla. Eso fue lo que hizo la oposición en 2004, cuando la Alianza tuvo un muy mal desempeño a raíz del cambio del sistema electoral. Después de ese traspié, la campaña de Lavín nunca pudo recuperarse y nunca logró remontar el 22% de intención de voto que le adjudicaban las encuestas.