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Carteros

Artículo correspondiente al número 282 (13 al 26 de agosto de 2010)


Alvaro Astaburuaga Gatica
Abogado

Señor Director:

Recuerdo con cierta nostalgia que todas las personas que subían por la puerta trasera en las antiguas micros amarillas pagaban su pasaje. Ello ocurría frecuentemente cuando la micro iba llena. El mecanismo era genial: el chofer hacía una seña a la persona para que se subiera por atrás, ya que allí aún había espacio. Entonces ocurría que esa persona hacía correr el dinero de mano en mano hasta llegar al chofer. Luego, los mismos pasajeros se encargaban de hacerle llegar el boleto. Y si no se pagaba con la plata justa, ¡le llegaba el vuelto! Qué bonita muestra de honestidad y de solidaridad. ¡Qué pena que se haya perdido!

Alvaro Astaburuaga Gatica
en El Mercurio


Hace tres años que este abogado, dedicado a temas empresariales, comenzó a escribir cartas. Dice que surgió como una “necesidad de manifestar” lo que pensaba.

Lo suyo es el razonamiento del sentido común. Una contribución ciudadana “más allá de la publicación”. Se siente de lo más orgulloso que hay, pues no es menor “que a uno le encuentren algo de razonable… sobre todo, a alguien como yo, que no es famoso. Que las cartas pesen por sí solas para ser publicadas es fantástico”, dice.

Cuenta, con algo de timidez, que a través de Google se percató de que un profesor de la escuela de Derecho de la Universidad de Chile había utilizado una carta suya para una prueba. “Genial, no más”, celebra.

Astaburuaga evita ser muy explícito en sus cartas. “El que quiera entender, que entienda”, dice. Su idea no es herir ni atacar a nadie, sino abordar ideas que puedan ser un aporte. Sus temas bordean la ética y la justicia “más allá de las ideologías”, aclara. Su ilusión es que el que lea una carta suya diga: “en realidad, tiene razón”.

Manuel Montt Balmaceda
Abogado

Señor Director:

Habría algo más complejo que la naturaleza humana: la naturaleza chilena.

Manuel Montt B.
en El Mercurio


Para el destacado abogado, fundador de la Universidad Diego Portales, ex rector y hoy miembro del consejo directivo de esa casa de estudios, escribir cartas al director es simplemente “tratar de interpretar, en pocas líneas, un sentimiento general del país”. No tiene más pretensión que esa, dice, tajante. Y es que aunque reconoce que corresponde a la prensa mostrar las diversas situaciones, siente la necesidad de hacer una interpretación con el sentir general de la gente, “sin odiosidades ni partidismos”.

Fue en tiempos de la presidencia de Eduardo Frei Montalva cuando comenzó a enviar sus primera cartas. Ya ni recuerda el tema, pero lo suyo siempre han sido los temas políticos y culturales. Breves.

Montt cree que “Chile es un país sumamente introvertido, que no se expresa fácilmente. Y cuando lo hace, lo hace con cierto grado de timidez o de hipocresía, y por eso es necesario dar a conocer lo que uno piensa”.

Entre risas cuenta que los editores de los medios que publican las cartas tienen “mucha más sabiduría que yo, pues no siempre publican lo que mando”.

Josefina Sutil Servoin
Publicista


Trabajó casi 20 años en importantes agencias del mercado local hasta que dejó su profesión para criar a sus 5 hijos. Y fue precisamente el accidente de uno de ellos el que la llevó a escribir su primera carta. Su hijo se tragó una bola de naftalina, lo llevó a la clínica la mandaron de vuelta diciendo que no había ningún peligro, pero su instinto de madre le dijo otra cosa y pidió información al Centro Toxicológico de la Universidad Católica. Le dijeron que era gravísimo y tuvo que partir de vuelta con su hijo.

“En esas horas de horror me di cuenta de que la naftalina, que era mortal, se vendía en bolsas transparentes en todas las farmacias y ferreterías del país sin ninguna advertencia de la gravedad potencial del producto, y sentí el deber moral de escribir una carta contando lo sucedido y preguntando cómo era posible que en muchos hogares estuviera circulando un producto tan mortal, sin ninguna advertencia. Me publicaron la carta y al mes se acabaron las bolsas transparentes: venía el símbolo mortal impreso y los procedimientos en caso de ingestión”, relata.

Señor Director:

Lo más importante de rescatar del caso Maciel es que la Iglesia debe tomar los resguardos para garantizar que ningún movimiento religioso católico pueda establecer compromisos como “el cuarto voto”, esa obligación de no criticar ni denunciar a sus superiores. Cristo es anterior a la Iglesia y nadie puede arrogarse el derecho a ejercer represión sobre el último reducto de libertad del hombre, que es su propia conciencia, ni menos en una congregación que se dedica a la formación. La fe es una gracia y el camino a la santidad, un llamado a ejercerla en plena libertad, sin secretos que se puedan prestar para el abuso de nadie.

Josefina Sutil Servoin


Tras ese episodio se dio cuenta de cómo la experiencia “se puede usar con un sentido redentor, para obtener una resultante creadora que beneficie a muchas personas o entregue antecedentes para evitar riegos. Luego te empiezas a habituar a poner tu cabeza en algún tema que vas desarrollando y sientes la necesidad de sacar la idea. Si te la publican, bien y si no, también. Yo disfruto el proceso y jamás le he pedido a nadie que me publique una carta; sí, muchas, las mejores a mi juicio, son las que no me publican”.

Tras leerla constantemente en los medios, varias personas la llaman para pedirle que escriba sobre tal o cual tema: “mucha gente se siente interpretada con lo que escribo”, agrega. Y no es que escriba banalidades –la situación de los sacerdotes Maciel y Karadima han sido parte de sus escritos, así como también la del padre Felipe Berrios.

“He recibido cientos de felicitaciones, pero más de algunos coscachos por temas doctrinales. Tengo claro que para escribir hay que ser responsable, pero valiente. Y como no tengo conflictos de intereses ni económicos, escribo libremente, pensando que las ideas muchas veces hacen justicia”.



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