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Carteros

Artículo correspondiente al número 282 (13 al 26 de agosto de 2010)

 

Les gusta dar a conocer su opinión. Quieren llamar la atención sobre algún tema y, a falta de otros espacios, recurren a esa plaza pública por excelencia: la sección de Cartas al Director que los distintos medios de prensa ofrecen a sus lectores. Algo así como el predecesor de las redes sociales. Quizá menos moderno, pero mucho más glamoroso que Twitter. Por Catalina Allendes

 

"Hónreme V. con un lugarcito en sus páginas y le quedará reconocido (sic)”, decía la primera carta al director publicada por El Mercurio de Valparaíso, el decano de la prensa chilena, en un lejano 12 de septiembre de 1827. Era el surgimiento, al menos a nivel local, de ese espacio tan propio de la convivencia ciudadana y que muchos interpretan como el reflejo del “sentir popular”, aunque su composición tenga bastante de élite y poco de masas.

Las cartas al director –tanto las que se publican como las que quedan inéditas– son la manera más sencilla que tiene un diario de conocer a sus lectores. Es verdad que no todos escriben, ni mucho menos, pero los que escriben dicen tanto en tan poco espacio que ofrecen una información mucho más rica que los sondeos o encuestas.

Lorenzo Gomis Poeta y periodista español en La Vanguardia


Quienes escriben son hombres y mujeres comunes y corrientes. Que de a poco –o sobre la base de ingenio y polémicas- se han hecho fama entre sus pares. ¿Su objetivo? Expresar su opinión frente a un tema determinado. Una necesidad de decir algo que, desde sus correspondientes perspectivas, será un aporte al debate nacional. En el tema que sea.

La prensa siempre ha sido receptora de cartas, tal como admiten los editores de El Mercurio Alvaro Fernández y Francisco José Folch en su libro Las mejores cartas a El Mercurio. Quienes reciben las cartas y deciden cuándo y a quién publicar prefieren no hablar de “preferidos” a la hora de definir qué tipo de misivas son las que llegan a la imprenta, pero advierten que la contingencia, el ingenio y el respeto con que han sido escritas son claves, así como también –y en forma medular– su aporte al debate nacional. Las estadísticas internacionales cuentan que, por ejemplo, la revista Time recibe unas 50 mil cartas al año, de las cuales publica no más del 3%. En otras palabras, el 97% tiene por destino la papelera.

En el prólogo del mismo libro de Fernández y Folch, el destacado periodista español y miembro de la Real Academia Española Luis María Ansón admite que las cartas al director “son la voz del pueblo que se hace eco en los medios de comunicación” y asegura que, claramente, éstas se anticiparon a la interactividad que hoy domina Internet. En época de crisis, añade Ansón, hay cartas que resumen la situación mejor que la más acertada crónica o el más sagaz editorial. Durante la guerra civil española el problema en Madrid no era ni la sangre ni la muerte, sino el hambre. Un lector escribió una carta al director del ABC (diario español) en la que decía cambio magnífico piano de cola por jamón.

En Capital conversamos con ocho que, por cierto, representan sólo una muestra de los miles de chilenos, chilenas y extranjeros que han visto publicadas sus cartas en las páginas de los medios de comunicación escritos. Pero los elegimos porque, de alguna manera, representan los distintos mundos desde los que se reciben las cartas y porque su insistencia en esa tribuna los ha llevado a convertirse en nombres que han dado que hablar y que, de tanto escribir, se han vuelto cotidianos para los lectores. Fuera de este reportaje quedaron muchos. Y varios históricos, como Isidoro Loi, Alberto Collados, Adelio Pipino, Sergio Villalobos, Gastón Soublette y Enzo Bolocco, por mencionar nombres que suelen venir a la mente.

Enrique Ortuzar Santa María

Abogado

Señor Director:

RN está jibarizada y en su interior se han producido hechos inolvidables como, por ejemplo, la conversación telefónica entre un alto personero del partido y un empresario vinculado a los jesuitas, congregación que los chilenos más viejos sabemos que nada bueno ha aportado al país.


Enrique Ortúzar Santa María

en La Tercera


Sus tíos -Ovalle, como recalca para iniciar la conversación- hermanos de su abuela materna, eran periodistas, dueños del periódico El Imparcial, y Enrique Ortúzar siente que heredó de ellos su pasión por escribir. “Tengo una especie de vocación frustrada de periodista; sería feliz, mucho más feliz, siendo periodista en vez de abogado”, admite entre risas.

Mentalmente se pasa escribiendo columnas, las va urdiendo mientras viaja en el Metro o cuando sale a trotar y llega a la oficina y las escribe. Muchas quedan ahí. Otras terminan como Cartas al director que envía constantemente a los medios de comunicación. “Se me hace una especie de necesidad expresar de alguna manera mi opinión, sobre todo en temas valóricos, como el aborto, el matrimonio entre homosexuales, el indulto”, advierte.

Hasta en los tribunales han conocido las dotes literarias de Ortúzar: hace algunos años, en un juicio, una abogada presentó un escrito muy irónico y él no encontró nada mejor que contestarlo en verso. La jueza proveyó el escrito, pero cuando se dio cuenta, tardíamente, de cómo estaba redactado, fue mandado a llamar y recibió un buen “tirón de orejas”.

Como “cartista” también ha tenido sus polémicas. Incluso en una estuvo a punto de perder a un amigo, a Manuel Blanco, otro asiduo firmante de Cartas al director. La polémica versó sobre una nota en contra de la fuerte amonestación que sufrió el periodista iraquí que tiró un zapato a la cara a Bush. Lo trataron de pro árabe, entre otros epítetos. Ortúzar sentencia que todas las personas necesitan opinar y que Cartas al director es un espacio al que todos pueden acceder.

Sara Nieto Mosto
Bailarina

Señor Director:

Ayer el señor Kruger escribió que los africanos debían aprender la lección que les daban los uruguayos: para ganar hay que hacer trampa. No, señor Kruger, la “trampa” fue castigada; para ganar hay que convertir los penales. Esa es la lección.


Sara Nieto en

El Mercurio

La afamada bailarina uruguaya Sara Nieto, primera bailarina del Ballet de Santiago por años, nunca ha tenido en mente convertirse en una “cartista”. Simplemente escribe, dice, cuando surge un tema que le importa. La primera carta que escribió fue hace más de diez años. Todas se han relacionado con temas de Uruguay.

“Si bien fui agregada cultural de la embajada de Uruguay en Chile por 17 años, no escribía por ese cargo, ni como bailarina, sino como una ciudadana más, que vive la mayor parte del tiempo en Chile. Somos un país muy chico, con un poco más de 3 millones de habitantes, y tenemos que defender lo nuestro. El problema es que yo lo hago con mucha pasión. Pero siempre con humildad. Y con un toque de humor”.

Un tema que le apasiona, y al que le ha dado tinta, es el de Carlos Gardel: “en Chile no hay mucha documentación, mientras en Uruguay apareció en los últimos tiempos una veintena de libros con argumentos más que suficientes para probar su nacionalidad uruguaya. El tema ya está resuelto para nosotros, pero siempre hay algún trasnochado que no está informado que lo trae al tapete”, advierte.

El fútbol es otro tema que la apasiona. “Nuestro país se hizo conocido en el mundo gracias a este deporte. Es, junto a nuestros artistas, un gran motivo de orgullo. Cuando éramos novios y después de casados, con mi esposo en Uruguay íbamos siempre a ver a nuestro equipo, Peñarol (elegido el mejor team sudamericano del siglo XX hace un par de meses). Y es un tema fascinante para dialogar o discutir”. Curiosamente, dice que todas las cartas que ha enviado han sido publicadas.

En Uruguay, a comienzos de este año, también le publicaron una carta en El País, pidiendo que le pusieran el nombre de Carlos Gardel al aeropuerto recientemente inaugurado. También fue polémica. Obvio.

Eduardo Berlín Rezmilic
Arquitecto

Señor Director:

Las escuelas son “normales”; la delincuencia “común” y la justicia “ordinaria”… Sin comentarios.


Eduardo Berlin Razmilic

en El Mercurio


Integra esa oleada de profesionales jóvenes que ha encontrado en las Cartas al director un lugar de sana reflexión. Hace cinco años comenzó a tomarle el gustito a esto de enfrentar sus posturas a la sociedad desde un sitial tan democrático, dice, como la sección de opinión de los diarios, a la que todos los ciudadanos tienen acceso.

Berlin vive desde hace un par de años en Boston, pero cada tres meses viene por trabajo a Chile, por lo que vive completamente conectado con la realidad nacional. Twitter ha sido un gran aliado para eso. “Al principio comencé a escribir para hacer pensar a la gente sobre algún tema determinado, más que sugerir algo. Eran notas cortas. Ahora me he concentrado en críticas para pensar, no para atacar, para poder mejorar ciertas cosas”.

Como varios “cartistas”, se siente un escritor frustrado, un fanático del lenguaje, como se define. A la hora de explicar por qué escribe, cree que su estadía en Estados Unidos ha sido un gran detonante. “En Boston se me ha hecho más patente la capacidad de generar cambios que tiene la ciudadanía”, explica, y las Cartas al director son un buen espejo para aquello.

“Soy de los que piensan que la mitad de las cosas que no se hacen bien son porque no se reflexionan con seriedad ni se ponen sobre la mesa. En general, cuando uno se encuentra frente a cosas que tienen sentido, muchos van a estar de acuerdo”, advierte. Por eso, a este arquitecto lo que le motiva es “transmitir ideas o experiencias”, desde la perspectiva, dice, de que “todos tenemos un rol personal además de profesional, y que no debiera terminar en la puerta de tu casa. Es un deber proteger y potenciar a la comunidad y esto empieza por hablar, opinar y escuchar”.






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