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Cara & Sello. Reforma del Estado: ¿Dónde está la clave?

Artículo correspondiente al número 237 (17 de septiembre al 2 de octubre 2008)

 

gonzalo luna

GONZALO LUNA NEGRETE
INDEPENDIENTES EN RED


La última década del siglo XX fue testigo, junto con la caída de los socialismos reales y los procesos de redemocratización en América latina, de una profunda revisión acerca del papel de sus Estados. Chile no fue ajeno al ciclo de avances y retrocesos sobre el papel de lo público. En menos de cincuenta años pasamos de un Estado centralista en lo económico y social, a un modelo en donde lo público se encuentra crecientemente en entredicho.

A pesar de esfuerzos como la fi rma en 2003 de un paquete de acuerdos político-legislativos tendientes a su modernización, gran parte de los actores nacionales ha continuado percibiendo lo público a la zaga de las profundas transformaciones que ha experimentado la sociedad chilena. La “marca Estado” ha terminado por convertirse en sinónimo de burocracia y favoritismo. Si no recuperamos los vínculos de confi anza entre éste y sus ciudadanos, el llamado del ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, en pos de su modernización no será sino un eslabón más de una serie de intentos fallidos de reforma.

Lo primero que debemos abordar es el logro de los mayores grados de consenso posible en torno al tamaño y estructura de las instituciones públicas. Sin ello, cualquier reforma, sin perjuicio de su efi ciencia, no será más que un gasto inútil de recursos. En segundo lugar, debemos preguntarnos si no ha existido históricamente un excesivo celo en implementar reformas tendientes a mejorar la estructura administrativa del Estado, dejando de lado al verdadero factor de cambio, el cual es encarnado por los funcionarios públicos que componen la administración del Estado y que están llamados a desempeñar un papel de liderazgo en cualquier proceso de modernización.

De la anterior premisa podemos deducir que no basta con diseñar reformas, también se requiere la voluntad política para emprenderlas. Experiencias como el Transantiago son un testimonio de ello. Debe considerarse que una cosa es reformar la estructura del Estado pero otra, muy distinta, es cambiar visiones, en especial de sus liderazgos. Casos como la creación de la Alta Dirección Pública nos hablan de que sí es posible contar con un Estado moderno, pero casos como Chilededeportes expresan la imposibilidad de lograr un proceso de transformación integral del aparato estatal en ausencia de un adecuado recurso humano.

Si el liderazgo es clave a la hora de entender cualquier proceso exitoso de cambio al interior de la administración pública, esto sólo será posible con funcionarios altamente capacitados y regidos por una estructura que sea capaz de romper la actual inercia administrativa. Esta estructura debe generar los incentivos y promover los ascensos de un capital humano de calidad. Sólo así podremos contar con un aparato público efi ciente, al servicio de las personas y de un Estado que confíe en su capital humano y, por ende, en los ciudadanos.



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