|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Capitalismo angelical |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 205 (01 al 14 de jun 2007)
Exceso de liquidez, ventajas impositivas atendibles, apetito por riesgos y la expectativa de nuevos negocios son algunos de los factores que explican el surgimiento de pequeños fondos de capital de riesgo cerrados. Detrás de esta tendencia hay un aporte positivo al mercado y la búsqueda de retornos en proyectos creativos… Esta gente sabe mejor que nadie que las buenas ideas son mejores cuando son rentables.
Por Lorena Medel.
Hacía años que no había en Chile una liquidez como la actual. Basta que una empresa se abra a la bolsa, una compañía con proyecciones emita bonos o un emprendedor ponga un buen proyecto sobre el escritorio, para que se produzca de inmediato una explosión de millones… Plata hay. Pero faltan proyectos en los cuales invertir.
Está naciendo lo que algunos han bautizado como la nueva era de la industria del capital de riesgo. Una era de inversionistas, mil veces más profesional y sofisticada que la de principios de los 90, cuando la inexperiencia y las restricciones llevaron a decenas de fondos al fracaso. Una era mejor fundamentada que el boom de las puntocom, cuando la falta de previsión y la euforia inflaron una burbuja que –ahora está claro– tenía poca consistencia.
Lo de hoy es diferente. Y, aunque nadie niega que detrás de esta suerte de explosión de fondos de capital de riesgo haya también un cierto afán de bajar la carga impositiva, hay que reconocer que la tendencia está logrando que un número importante de firmas sin historial o con dificultades financieras puedan acceder a recursos y a asesorías profesionales que de otra manera no hubieran conseguido. Ejemplos hay por montones. Calzados Gacel y Pan D’Or, adquiridas por el fondo de Capital Trust; Pet Packaging y PH Glass, por el Fondo Penta, Lácteos Frutillar y Cervecería Kross, por Transoceánica; Alimentos Puerto Varas y Metanoia, por parte de Precursor. Y así, suma y sigue.
Pero antes de ponerles nombre y apellido a los nuevos “ángeles” del mercado local, es importante decir que en Chile –a diferencia de mercados más sofisticados como el americano y europeo– la cadena de financiamiento privado abarca toda la red del emprendimiento, desde venture capital, que es la inversión en las etapas iniciales de un negocio y en proyectos de expansión, hasta los private equity, que son aquellos fondos hechos y derechos que compran empresas ya formadas, las gestionan con agresividad y al cabo de unos años las venden, considerablemente más caras que lo que pagaron. A esta última modalidad –hay que decirlo– pertenece más del 70% de los nuevos fondos.
Lo que no significa, en todo caso, que no haya empresarios dispuestos de corazón a apostar por una buena idea o proyecto. -En Chile se abusa un poco del concepto de capital de riesgo, utilizándose para tipos de inversión muy diferentes entre sí –señala Gonzalo Miranda, gerente general de Aysén Capital, fondo relacionado, entre otros, a José Luis del Río–. No todos los empresarios y ejecutivos que han creado fondos en el último tiempo son ángeles. Algunos están en la etapa de capital semilla, que es la inicial, y otros, lisa y llanamente son private equity. Yo diría que la gran mayoría de los nuevos está en el llamado venture capital. Inversionistas con un approach estructurado, un equipo de profesionales dedicados a la búsqueda e inversión, que monitorea y ayuda a crecer a las empresas, que invierte para financiar el crecimiento y cuyo objetivo final es maximizar el retorno, vendiendo su participación en un período de 5 a 10 años.
Los casos más conocidos, hasta ahora, han sido los fondos de capital de riesgo que han nacido bajo el alero de Corfo, como Axa, Halcón I y II (Econsult), Mi- Factory II (Said), Expertus (Independencia), Precursor (Gerens) y Crecimiento Agrícola (Sembrador). También están los famosos Proa I y II, Chiletech y Antartic, que actualmente tienen más de 150 millones de dólares en administración, con posiciones de preferencia pasivas, pero muy estratégicas.
-Hasta ahora no hemos tenido casos exitosos en capital de riesgo desde el punto de vista financiero –asegura Miranda–. Y eso es un problema, pues la industria no ha logrado mostrar a la fecha que es rentable.
Quizás el más aplaudido de todos, pero que definitivamente está en la categoría de private equity, es Southern Cross. Ese el modelo que todos estos nuevos fondos quieren imitar, pues con su billetera y fuerte énfasis en la gestión, ha contribuido al desarrollo y crecimiento de empresas tan emblemáticas como La Polar y Essbío.
-Si uno mira la historia del capitalismo en el mundo se da cuenta que siempre han existido empresarios dispuestos a invertir en nuevas ideas, a aportar capital a empresas con proyección o a comprar compañías ya formadas y hacerlas crecer –sostiene Bernardo Fontaine, presidente del fondo de capital de riesgo Hércules–. La diferencia ahora es que la gestión ha pasado a ser tan importante como el capital. Ya no basta con pasar lucas, también hay que administrar.
Y el cambio está a la vista. La mayoría de los nuevos fondos, entre los que se cuenta a Penta (grupo Penta), Aysén Capital (Grupo Del Río), Key Capital (Grupo Gálmez), Hércules (Bernardo Fontaine) y Transoceánica (Grupo Schiess), entre otros, tienen gerentes que se encargan de administrar el patrimonio, buscar negocios, evaluarlos, negociar la compra, comprar y luego administrar en forma eficiente y profesional.
En la siguiente galería hay empresarios individuales de perfil operacional muy similar al de un inversionista ángel y fondos de capital de riesgo más institucionalizados. Lo que tienen en común es un profundo compromiso con el emprendimiento, una clara vocación por la innovación y metas obvias de rentabilidad.