Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow Candidatos en guerra

Reportajes y Entrevistas
Candidatos en guerra

Artículo correspondiente al número 228 (16 al 29 de mayo de 2008)

 

 



Lo cierto es que Hillary Clinton tiene mucho más apoyo que Obama entre los trabajadores y la clase media blanca, lo que podría tener más que ver con la percepción de que Barack pertenece a una élite económica y cultural que con el hecho de que es negro. Por otro lado, el voto afroamericano está abrumadoramente con Obama.

Aunque Hillary Clinton ganó la primaria de Pennsylvania, las encuestas empezaron por esos días a mostrar el rechazo de la gente al tono que había adoptado la campaña. Una encuesta del Washington Post y la cadena ABC News indicó a mediados de abril que sólo un 39% de los estadounidenses calificaba a la candidata como “honesta y confiable”, mientras que en mayo de 2006 esa cifra llegaba al 52%.

Al comienzo de la carrera por la nominación a las elecciones presidenciales de noviembre, Hillary Clinton superaba con creces a contrincantes demócratas como Obama y John Edwards en confiabilidad. Luego de lanzarse en picada en una campaña negativa contra Obama, hoy está 23 puntos detrás del senador por Illinois en lo que se ha llamado el “déficit de confianza”.

Los resultados de la primaria de Carolina del Norte son una prueba contundente de que la campaña negativa no dio los frutos esperados. Tras la derrota en ese estado y la débil victoria en Indiana –donde necesitaba ganar en forma abrumadora– la mayor parte de la prensa norteamericana ya da por terminada su campaña. La estrategia que lideró la senadora por Nueva York no contribuyó a fortalecer su candidatura. Por el contrario, perjudicó su imagen y, de paso, enalteció a su contrincante. Hoy las cifras indican que sus posibilidades de obtener la mayoría popular o el número de delegados necesario para ganar la nominación son casi nulas y su campaña se desangra por la falta de recursos.

En estas circunstancias, la negativa de la senadora a abandonar la carrera parece más fruto de la terquedad que de su constancia y firmeza. Tal vez la decisión de esperar los resultados de las próximas seis elecciones primarias no sea más que un gesto hacia quienes han trabajado por su candidatura y un esfuerzo por lograr una salida lo más digna posible de la carrera por la presidencia. Obama, por el contrario, se dio el gusto de aparecer magnánimo con su contrincante en el discurso que dio el 6 de mayo, tras su contundente triunfo en Carolina del Norte.

 

 

Hacia la reconciliación

 

 

Una campaña despiadadamente negativa huele a maniobra desesperada. Los candidatos en ascenso no necesitan irse a la yugular de sus oponentes. De hecho, fue la creciente popularidad de Obama lo que gatilló el giro negativo de la campaña de Hillary Clinton. Pero al dedicarse a criticar a su oponente, la senadora puso justamente el foco en él, en lugar de resaltar sus propias fortalezas. Quien lleva la delantera, en cambio, puede darse el lujo de ignorar a su contrincante, estrategia que a partir de ahora debería adoptar la campaña de Obama respecto de Hillary Clinton.

Pero la tarea para Obama, sobre todo en la perspectiva de ser el eventual candidato defi nitivo, tampoco es simple. Deberá ser capaz de reconciliar a un partido que quedó fuertemente dividido por la campaña, al nivel que muchos de los partidarios de cada candidato juran que jamás votarán por su oponente, aunque eso signifi que dejar que gane McCain. El fantasma de un retorno a la impopular era Bush alimenta las esperanzas de quienes confían en superar rápidamente estos meses de descalificaciones mutuas y movilizar al electorado demócrata tras su candidato presidencial, una vez que se defina oficialmente. Incluso hay quienes piensan que Hillary Clinton podría compartir la papeleta electoral con Obama, como su candidata a la vicepresidencia, algo que resulta difícil de concebir tras el nivel de los ataques mutuos que se han visto en los últimos meses.

Pero McCain no es Bush. Por muy complejo que resulte el legado de la última administración republicana, y aunque la baja en la popularidad del actual presidente ha alcanzado niveles históricos, McCain ha hecho esfuerzos considerables por distanciarse del legado del gobierno. A diferencia de los candidatos demócratas, McCain lleva meses promoviendo su programa, sin tener que preocuparse de los ataques de sus rivales. En eso el Partido Republicano lleva una clara delantera sobre los demócratas.

¿Tendrán los electores estadounidenses que soportar más campañas negativas en la contienda presidencial de noviembre? Es posible que la búsqueda del voto centrista modere el tono de los ataques, tanto por parte de Obama como de McCain. En Carolina del Norte, donde se realizaron las últimas primarias, el candidato republicano pidió a un grupo de activistas de su partido que retirasen dos agresivos avisos de televisión contra Obama.

Los avisos apelaban a prejuicios raciales, particularmente sensibles en el sur de Estados Unidos, para denostar al candidato demócrata. “El aviso de televisión que ustedes planean transmitir degrada nuestra civilidad y nos distrae de las verdaderas diferencias que tenemos con los demócratas. En los términos más duros, les imploro no transmitir este aviso”, escribió McCain al presidente del partido en Carolina del Norte. Está por verse si será ésta la tónica que prime cuando se enfrenten realmente por la presidencia de Estados Unidos.

 

 



Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com