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Reportajes y Entrevistas
Candado con espaldas

Artículo correspondiente al número 264 (30 de octubre al 14 de noviembre de 2009)

 

Producto Protegido, el ultimo acierto empresarial de Daniel Daccarett, termino por llamar la atención del Fondo Austral Capital –en el que participan los Del Río, Philippi y Guilisasti, entre otros–, que ya se puso con un aporte financiero y esta haciendo crecer a la compañía. A través de su plataforma tecnológica buscan proteger de la delincuencia a productos de distinta índole, en alianza con retailers y policías. Por Cristian Rivas N. Foto, Elisa Bertelsen.


Daniel Daccarett (41) es de esas personas que nunca paran de moverse. Puede hacer tres o cuatro cosas a la vez y no dejar de hablar ni por un segundo. Atiende el celular, da instrucciones a alguien, enciende un computador, muestra una presentación, habla de su trabajo, de sus últimas ideas, de lo importante que es su familia y que olvidó hacer algo que tenía en mente. Todo, en apenas un par de minutos.

En ese escaso tiempo, nos damos cuenta inmediatamente la fuerza que tiene en él su carácter emprendedor. Las ideas le brotan solas, cada una con más ímpetu que la anterior. Más todavía si ponemos sobre la mesa el tema que lo tiene concentrado por estos días, su empresa Producto Protegido.

¡Cómo no! Si es su proyecto estrella. El negocio que creó hace poco más de un año y en el que ya tiene como socio al Fondo de Inversiones Austral Capital, formado por trece reconocidos empresarios chilenos: José Luis y Sebastián del Río, Rafael y Pablo Guilisasti, Bruno Philippi y Andrés Concha, Juan Claro y su hermano Luis, Juan Antonio Guzmán, Víctor Hugo Puchi, Fernán Gazmuri, Miguel Angel Poduje y el científico Pablo Valenzuela.

Ellos entraron a la propiedad de la firma este año, inyectando una parte importante de capital –unos 1.200 millones de pesos– y agregando el ingrediente más corporativo a la nueva compañía, con la creación de un directorio y la misión clara de hacer crecer la firma, mirando muy seriamente su expansión al resto de Latinoamérica. Desafíos que Daccarett se tomó con seriedad, porque de inmediato dejó de lado su participación activa en otros negocios y se dedicó a trabajar sólo en Producto Protegido.

La base de este nuevo negocio es la lucha contra la delincuencia. Por eso mismo es, quizá, que le ha ido tan bien en poco tiempo. El sistema tecnológico que desarrolló permite seguir la pista a cualquier bien, mediante la impresión de un código imborrable, y su inscripción en un registro nacional de bienes, que está conectado con la Policía de Investigaciones y el ministerio Público. En caso de ser robado, el usuario puede entrar a un sitio web y anunciarlo, activando así un sistema que alerta a los eventuales compradores sobre si el producto es robado o no.

 

 


De izquierda a derecha, Pablo Valenzuela, José Luis del Río, Daniel Daccarett, Juan Antonio Guzmán, Gonzalo Miranda y Luis Claro.

 

 


Silicon Valley, la inspiración

 

La historia detrás de Daccarett da para escribir varias páginas de un libro. Ha sido reconocido y premiado varias veces por distintas instituciones que fomentan el emprendimiento. Y en su curriculum, sin duda, lo que más se recuerda es la firma Globe, una muy destacada en el área de vending, que funciona desde hace más de una década administrando máquinas expendedoras de discos compactos, medicamentos, libros, bebidas, alimentos y varios otros productos de venta directa.

Por eso, su apellido es sin duda uno de los que más suenan como emprendedor Endeavor y fue justamente en uno de los viajes que organiza esa fundación cuando tuvo la idea original detrás de Producto Protegido.

Cuenta que en mayo de 2007, visitó Silicon Valley, La Meca de la tecnología en Estados Unidos. Tras volver –y después de que le robaran su bicicleta– tuvo la idea de hacer un buscador muy similar a Google, pero que contuviera datos numéricos de patentes o distintos tipos de artículos para vehículos, de manera de que al ingresar un número de serie se obtuviera información de si esos artículos tenían asuntos pendientes con el Ministerio Público, si estaban encargados por robo y si el dueño era efectivamente quien lo estaba vendiendo. Fue así como nació Gloobe, imitando en muchos aspectos la imagen del conocido buscador.

Como la idea encontró eco en varios de sus amigos, a quienes les mostró la iniciativa, pensó que debía encontrar la fórmula de comercializarla a través del retail. Las primeras conversaciones las tuvo con Falabella, que se mostró muy interesada en venderlo como un servicio a domicilio, marcando en terreno todos los bienes que el cliente deseara e integrarlos al registro. Después vinieron contratos con Lider y La Polar: se vende como un kit autoinstalable por los propios usuarios, lo que también les da derecho a colocar una placa en la entrada al domicilio (similar a los sistemas antirrobos) y un seguro. Todo, por módicos pagos mensuales, cargados a las cuentas de los clientes.

Como estos canales han sido todo un éxito –ya cuentan con cerca de 60 mil clientes y unos 500 mil bienes registrados– la firma también explora varias otras aristas de negocios; esta vez, por ejemplo, con empresas de servicios básicos, que podrían entregar el producto y cobrarlo a través de la cuenta mensual.



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