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Caminante, hay camino

Artículo correspondiente al número 270 (26 de febrero al 11 de marzo de 2010)

 

Durante dos semanas, soldados chilenos y argentinos revivieron el Cruce de Los Andes, efectuado por San Martín y O’Higgins hace casi doscientos años. Capital acompañó por algunos días a la columna que avanzó a pie por cerca de 300 kilometros. Una experiencia dura, pero repleta de sentimientos. Texto y fotos, Cristian Rivas N.

 

La invitación que hizo el Ejército a Capital era desafiante. Sí, porque acompañar durante 16 días a los soldados que cruzarían a pie o en mula la cordillera de los Andes, postal con que se recrearía el cruce que efectuaron O’Higgins y San Martín hace casi doscientos años, constituía literalmente un ejercicio de periodismo histórico.

Como lo sospechamos, fue un esfuerzo importante. Una vez que descartamos la opción en mula (porque implicaba realizar un entrenamiento previo de adaptación a la montura), finalmente decidimos acompañar a los soldados que marcharon a pie en la llamada columna sur y que cruzarían a través del paso Cristo Redentor.

Fue una experiencia más íntima. Eran poco más de 70 –entre mujeres y hombres, chilenos y argentinos, oficiales y tropa–, los que hacían esta ruta. Con ellos estuvimos varios días, desde que alcanzaron la cima del cerro Santa Elena, donde se erige la imagen del Cristo Redentor, a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Caminante, hay camino

Caminante, hay camino

Caminante, hay camino

Caminante, hay camino

Caminante, hay camino

Caminante, hay camino

Durante la travesía, pudimos constatar el enorme esfuerzo realizado por ese puñado de hombres y mujeres, quienes cargaban en sus mochilas cerca de 30 kilos, más sus fusiles. Sin chistar, caminaron unos 300 kilómetros desde Mendoza, recorriendo lugares como Uspallata, Portillo, Guardia Vieja y Los Andes, donde se reunieron con la columna norte y avanzaron hasta el lugar en que se realizó la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero.

En el trayecto, la columna hizo algunos altos emblemáticos en localidades como Cariño Botado, que debe su nombre a que el ejército original no pudo pasar por ese pueblo donde les esperaba un agasajo, para no dar ventaja al ejército español.

La tarea para quienes caminaron esta vez, al igual que hace dos siglos, no fue fácil, en especial cuando se trataba de encaramarse en los cerros buscando los mejores planos y ángulos para fotografiar la rutina diaria.

Pero la altura, el cansancio y las duras condiciones no hicieron mella en el espíritu. Por el contrario, si algo hizo el esfuerzo fue forjar más estrechos lazos de hermandad y amistad entre chilenos y argentinos, salpicando la experiencia con una enorme cantidad de anécdotas, como el fuerte abrazo verificado en pleno límite fronterizo pese a que el viento apenas permitía sostenerse en pie, o “la ola” –probablemente imperceptible a la distancia– que hicieron los integrantes de la columna para los camioneros y vehículos que transitaban por el paso Los Libertadores.

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Comentarios

1 Comentarios

Carlos :

Publicado Domingo 11 de Septiembre, 2011 - 08:47 hrs

Considero muy interesante este artículo

 
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