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Reportajes y Entrevistas
Cambiando los códigos

Artículo correspondiente al número 254 (12 al 25 de junio de 2009)

 

La cuenta regresiva esta en marcha. En algo mas de tres meses entra en vigencia el polémico Código Indígena, la expresión local aterrizada del Convenio 169 de la OIT, que –hay que decirlo- solo 20 países han ratificado. Su aplicación despierta suspicacias en el sector privado, pero también están los que confían en las relaciones ya construidas con el mundo indígena. Capital busco casos de éxito, dignos de ser imitados y sin necesidad de engrosar las normativas al empresariado. Por Paula Vargas y Cristian Rivas.

 

 

 

Doña Ines de Collahuasi
Al rescate de los aymara



A cuatro mil metros de altura y en medio del salar del Huasco, una familia aymara administra el primer refugio educativo del altiplano. Se llama Taypi Samañ Uta, que en lengua nativa significa “casa de descanso en medio del lugar”, y no tiene otro objetivo más que recuperar las desaparecidas tradiciones de este ancestral pueblo.

Llegar a uno de estos refugios es entrar a algo así como un espacio místico, donde cada detalle habla de tradiciones: los tejidos de las camas, las lámparas hechas de roca de sal, el anfiteatro. Un sitio inolvidable, tal como lo describió el escritor peruano Mario Vargas Llosa en una visita al lugar. Nadie pensaría que alguna vez albergó un campamento de la Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi, como ocurrió hasta hace poco más de una década. Ya deshabitado, la compañía pensó en darle alguna utilidad. Nada mejor que apoyar a una de las comunidades vecinas a en sus áreas de explotación.

Pero llegar a este tipo de acuerdo y, más aún, desarrollar proyectos en conjunto no ha sido nada fácil. Según cuenta el gerente de Relaciones con la Comunidad de la firma, Luciano Malhue, este resultado es fruto de un proceso lento, con períodos de desconfianza y desencuentros, en el que ha sido fundamental el respeto a la cultura y sus tradiciones. “Sólo esto ha permitido generar lazos de confianza que deben ser trabajados y mantenidos en forma permanente, con visitas, desarrollo de proyectos y conversaciones en una mesa de trabajo”, explica.

Hoy la compañía trabaja con las comunidades autóctonas de la zona en seis áreas. Una que tiene que ver con la recuperación del patrimonio, como es el caso de este refugio; otra, con la generación de emprendimientos y empleo, favoreciendo la creación de microempresas; luego están los programas de educación, que contemplan la entrega de becas especiales para la comunidad originaria, además de la ejecución de iniciativas en el ámbito de la salud, desarrollo social y medio ambiente.

Sobre el futuro de esta relación, con o sin código indígena, Malhue señala que la compañía seguirá trabajando de la misma forma; es decir, con respeto, compromiso y colaboración. Y es que saben que esta es la única forma de mantener una relación de confianza y entendimiento con estas comunidades sin que éstas afecten de las actividades de la compañía.

 

 

 

 

Barrick y Pascua Lama
Re-conociendo a los diaguitas



Resulta difícil de creer, pero al interior de la minera canadiense Barrick Gold cuentan que cuando se promulgó la Ley Indígena, en 1993, no se incluyó como etnia a los diaguitas, básicamente porque hasta ese momento no existían aborígenes acreditados de esa descendencia. Transcurrieron trece años para que el Congreso reparara la exclusión y se les reconociera como la novena etnia del país.

Y la firma minera estuvo detrás de parte importante del trabajo para reconocer a este pueblo. Con el proyecto Pascua Lama ubicado en la altura cordillerana de la Región de Atacama, la compañía entabló relaciones desde 2004 con integrantes de comunidades indígenas, considerando que la mayor parte -unos 600- vive en una de las quebradas que conectan la mina con la ciudad de Vallenar, la más cercana al yacimiento.

El gerente de Asuntos Corporativos de Barrick Chile, Rodrigo Rivas, describe que en las dos oportunidades en que el proyecto aurífero fue sometido a evaluación ambiental, en 2000 y 2004, se reconoció la existencia de estas comunidades y quedó establecido que no se realizarían reubicaciones de familias ni de agrupaciones y que se apoyaría su desarrollo económico y social.

Por eso, iniciaron tempranamente el trabajo con estas comunidades. A comienzos de 2005, antes incluso de recibir la última aprobación de parte de la Conama, establecieron diálogos con representantes de las distintas colectividades para dar a conocer el proyecto y el historial de la compañía.

Fue en esa instancia cuando detectaron distintas oportunidades de desarrollo en torno a actividades ancestrales que se estaban perdiendo, como la crianza de ganado, actividad textil y orfebrería, las mismas que ahora se recuperan mediante distintos programas de colaboración.

En paralelo, Barrick ha desarrollado otros programas, como becas y apoyo legal para que los indígenas acrediten su condición y así accedan a distintos beneficios estatales. Rivas sostiene que el trabajo no ha sido fácil, porque se han tenido que generar confianzas y demostraciones de que el trabajo de la minera es de largo plazo. Por eso, dice que, independiente del nuevo cuadro normativo que se dicte desde el gobierno, la firma continuará trabajando sobre el camino andado en estos cuatro años.

 

 

 

 

Masisa
La experiencia internacional



Una firma que está interiorizada con la protección de pueblos originarios es Masisa. Esta multinacional hace tiempo que se maneja siguiendo los códigos que impone la exigente certificación internacional Forest Stewardship Council, que dice relación con un manejo forestal sostenible y que contempla, entre otros aspectos, asegurar los derechos de los indígenas.

En este punto la compañía impulsa proyectos orientados a mitigar el impacto de sus operaciones empleando mano de obra del lugar, desarrollando proveedores locales y fomentando la conservación cultural. Entre las iniciativas lanzadas por Masisa en la Novena y Décima regiones con el pueblo mapuche, está un convenio con la Fundación Chol Chol para capacitar a las mujeres de la etnia en técnicas de textilería tradicional y, además, las apoyó en el desarrollo de planes de negocios y en la posterior comercialización de productos en la comunidad de Mahuidanche.

Siguiendo su línea de asistencia, la compañía también ha sido proactiva en materia de enseñanza, implementando talleres de capacitación socio-cultural y programas de educación ambiental sustentable; esto último, orientado a escolares mapuches residentes en la cuenca de Mahuidanche y Chol Chol, además de comunidades huilliches en San Juan de la Costa.

 



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Comentarios

1 Comentarios

javier alejandro aguirre:

Publicado Viernes 12 de Junio, 2009 - 10:07 hrs

En primer lugar permitanme aclarar que no estamos en presencia de un código indígena ni tampoco es a la chilena la versión del convenio 169 de la OIT. Se trata de una ley derechamente y es el convenio 169 de la OIT en su texto original, íntegro y sin reparos o reservas. Lo que ocurrió es que Chile a través de sus autoridades intentó ratificar el convenio quedando bien con los indígenas de chile y la comunidad internacional, pero tratando de eludir sus efectos, de hecho intentó en primer lugar convencer que el convenio no tenía cláusulas autoejecutables y, por otra parte, intentó una reserva encubierta, bajo el nombre de clausula interpretativa, ya que se trata de un convenio internacional que no admite reservas, o sea, se ratifica o no. Lo primero fue resuelto por el Tribunal Constitucional quien señaló que el todo el convenio esa autoejecutable, y lo segundo no fue admitido por la OIT, o sea, todo francamente impresentable para nuestras autoridades de gobierno y del congreso. 
 
En cuanto a las actividades que están llevando a cabo estas empresas no queda mas que felicitarlas por cumplir con sus obligaciones éticas para con la comunidad, ya que normalmente olvidamnos que éstas existen y creemos tener derechos que en la realidad de las relaciones sociales no existen. Pero quizás lo más importante del convenio viene por el lado de terminar con la discriminación. Creo que una nación que pretende desarrollarse de verdad y no solo economicamente, debe ser capaz de hacerlo desde su propia identidad, desde lo que es, en nuestro caso una nación multicultural, no reconocerlo y discriminar no solo demuestra lo poco que hemos avanzado como sociedad, sino que, además, nuestros miedos y aprehensiones, ambas cosas bazadas claramente en nuestra ignorancia acerca de lo que somos como sociedad chilena. 
 
Javier Aguirre Moya 
Abogado 
Asesor de Empresas

 
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