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Artículo correspondiente al número 254 (12 al 25 de junio de 2009)
CMPC
Formando emprendedores
No podían quedarse de brazos cruzados mientras observaban cómo sus actividades forestales se veían afectadas por atentados de organizaciones que reivindicaban territorios. Al interior de la compañía comprendieron que la vía para resolver estos conflictos no dependía únicamente de las instancias judiciales.
Tras diez años de acercamiento y trabajo conjunto, hay satisfacción en el grupo Matte por la relación alcanzada con las 300 comunidades aborigenes que pueblan las inmediaciones de sus operaciones forestales. Partieron con planes de empleo directo, contratando a más de 800 vecinos de etnia mapuche, desarrollaron cursos de capacitación orientados a las mujeres e implementaron iniciativas educacionales para los niños. Pero sin duda, el proyecto que los tiene más entusiasmados es el que han denominado Modelo Forestal Intercultural Mapuche (Mofim).
De la mano de Conaf, este programa pretende aportar al desarrollo con identidad. Según el secretario general de la compañía, Gonzalo García, esto implica que las comunidades mejoren su calidad de vida mediante acciones e inversiones basadas en el conocimiento ancestral mapuche y la modernidad, segmentando el uso de sus tierras en diferentes sectores productivos.
Lo anterior, explica, se combina con una iniciativa de inversión forestal: la idea es que las comunidades puedan obtener recursos financieros frescos para aplicarlos a otros proyectos productivos. Para ello están trabajando con instituciones de carácter público y organismos financieros internacionales.
Sus planes no cambian a la hora de la inminente aplicación del denominado Código Indígena. En eso, Gonzalo García es enfático. “Nuestro esfuerzo durante estos 10 años ha sido serio y proactivo, ello nos lleva a pensar que una legislación con incentivos positivos que atraiga actores privados a acompañar a las comunidades mapuches en sus planes de desarrollo, podría ser una alternativa que refleje lo que este convenio quiere cautelar”, destaca.
Arauco
Mapuches empresarios
La relación del grupo Angelini con el mundo indígena tiene varias décadas. A través de Celulosa Arauco, y en particular de su área forestal, es donde más se vincula con vecinos representantes de la gente mapuche en el sur, particularmente entre la Séptima y Décima regiones, donde está el fuerte de sus unidades productivas.
Por eso, ha sido necesario que la firma trabaje constantemente en mantener una buena relación con estas colectividades. El gerente de Asuntos Corporativos de la compañía, Charles Kimber, cuenta que entre los programas a los que han dedicado más tiempo está el fortalecer la relación de estos grupos con el trabajo y, particularmente, potenciar la productividad en emprendimientos propios.
Para citar un ejemplo, desde 2006 están sumergidos en un programa de transferencia tecnológica para la domesticación y selección de plantas madres de la murta silvestre, a lo que se suma el acceso a redes de comercialización. Lo hacen en la Región de Los Ríos -en particular en las inmediaciones de San José la Mariquina, donde se ubica la planta Valdivia- con comunidades lafquenches.
La firma también tiene otras iniciativas en este mismo camino, como el convenio apícola Rayen-Mapu, para el establecimiento y protección de panales de abeja de la comunidad; el desarrollo de invernaderos familiares para la producción de hortalizas en la zona de Nalcahue (Novena Región); la capacitación a grupos de distintos lugares que trabajan el telar y la orfebrería mapuche, así como programas de compra de madera a comunidades mapuches.
Kimber asegura que mantener una buena relación con las poblaciones aledañas ha sido esencial para el desarrollo del negocio
forestal. Por la diversidad de núcleos con los que conviven, dice que ha sido importante aprender a resolver los problemas que aparecen en el camino, siempre con la aspiración de que se les vea como una firma que desarrolla su negocio, pero con la cual se puede dialogar para el bien del desarrollo local. “Hoy los entendemos mejor, así como sus expectativas y lo mismo ellos en relación con la empresa. Sentimos que sus miembros están hoy más abiertos a conocernos y nosotros también somos hoy una compañía mucho más abierta a la comunidad”, plantea.
SN Power
Contra viento y marea
Quizás el brindis más amargo entre la empresa privada y el mundo indígena se lo han tragado las grandes generadoras de energía. Basta recordar los tiempos de la construcción de Ralco y el prolongado proceso de negociación entre Endesa y algunas familias afectadas.
Pero sirvió de lección. No fueron pocos los que tomaron apunte de este incidente y hoy, ante la “intención” de levantar una central en alguna zona de influencia indígena, activan todos sus planes de acercamiento a la comunidad. Es el caso de SN Power, firma que aunque todavía no presenta al SEIA el proyecto hidroeléctrico Trayenko que pretende construir en la zona precordillerana de la Décima Región, ya cuenta a su haber con numerosos planes y programas de ayuda a las comunidades originarias, los que por cierto son coherentes con las políticas que la noruega promueve a nivel mundial.
En el caso particular de Chile, saben que la cosa no viene fácil. De hecho, el mismísimo gerente general del proyecto, Mario Marchese, vivió en carne propia la furia de una parte de la comunidad, cuando sufrió un atentado en enero del año pasado.
Con todo, los programas impulsados por SN Power a través de las mesas territoriales van calando de a poco entre los lugareños, los que hoy parecen más dispuestos a escuchar y han bajado considerablemente el nivel de resistencia, como señala el gerente de Asuntos Públicos de la noruega, William Gysling.
Entre los programas más importantes de la empresa, el ejecutivo destaca la creación de un vivero de bosque nativo que tiene capacidad para producir unas 250 mil plantas anuales, un programa de producción de miel en una localidad vecina, pavimentación de caminos, conectividad para las escuelas y la implementación de una moderna estación médica en la localidad de Chabranco.
A futuro las acciones se multiplican, incluso contemplan la construcción de un museo étnico. Pero si todo esto será suficiente o no para compensar las acciones de la hidroeléctrica en la zona, aún está por verse.