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Buttiglione, el luchador

Artículo correspondiente al número 235 (22 de agosto al 4 de septiembre de 2008)


“Estos no son tiempos para vivir tranquilos.¡Hay que dar la batalla! A veces se gana, a veces se pierde, pero hay que luchar por aquello en que se cree”, dice este vicepresidente de la Cámara de Diputados de Italia. “Católico, no liberal”, como se define, advierte que la tarea es difícil porque se combate contra enemigos que ponen en riesgo la sobrevivencia de la sociedad. Por Patricia Arancibia Clavel. Fotos, Verónica Ortíz.



Rocco Buttiglione es mucho más que un político demócratacristiano europeo. Es un intelectual de nota, filósofo, profesor universitario y una verdadera autoridad en materia de doctrina católica. Habla con soltura seis idiomas, ha escrito una docena de libros y más de 100 ensayos que dan cuenta de su cosmovisión. Su inteligencia y sencillez desarman. Tomamos desayuno juntos en el hotel en que se hospedó durante su estadía en Santiago y cuando le dije que quería conversar con él sobre temas más bien generales y no contingentes, hizo gala de todo su sentido de humor y me contestó con una carcajada: “entiendo, vamos a hablar entonces de la intuición onírica del espíritu semántico en la unión hipostática”. Hombre llano, abierto y cordial, está casado, tiene cuatro hijos y es poseedor de una cultura amplia y superior, esa que uno echa de menos en los círculos locales. Vino a Chile invitado a inaugurar el Centro UC de la Familia.



-Es un verdadero agrado tener la oportunidad de compartir algunos momentos contigo. ¿Cómo te ha tratado Chile?

-Muy bien. Yo soy amigo de Chile y Chile es amigo mío desde hace mucho tiempo. Vine por primera vez a fines de los 70, comienzos de los 80, cuando se estaban preparando las propuestas para Puebla y varios chilenos –muy activos– trabajaban para dicha Conferencia. Estuve en Ilades, en el Santuario de Schoenstatt, y me vinculé con personas muy interesantes, como el actual cardenal Francisco Javier Errázuriz, el padre Joaquín Alliende, el padre Fernando Alessandri… Pude conocer también a Pedro Morandé, Fernando Moreno y a otros tantos amigos a quienes seguí visitando más o menos una vez al año. Entre ellos, recuerdo con cariño a Eduardo Frei Montalva –un gran hombre–, a Patricio Aylwin y a Bernardo Leighton, con quien tuve una relación muy estrecha en Roma.


-Como intelectual y político católico, ¿crees que todavía es posible organizar la sociedad a partir de una antropología cristiana? ¿No te parece algo utópico o irreal en el mundo de hoy?

-No, yo no deseo organizar la sociedad a partir de valores específicamente católicos. Lo que pasa es que, como dice Juan Pablo II en su primera encíclica Redemptor Hominis al revelarnos Dios la verdad sobre sí mismo nos revela contemporáneamente la verdad sobre el hombre. Así, el mensaje cristiano contiene una visión del ser humano que le es natural. En todo caso, la verdad sobre el hombre, no es patrimonio exclusivo de los católicos y lo que está pasando en Occidente es que estamos en riesgo de perder lo propiamente humano; por lo tanto, a desaparecer y morir.


-Qué es lo que estás tratando de decir…

-Lo que digo es que la idea de lo humano está contenida en el cristianismo, pero para todos, creyentes o no creyentes. Porque hay algunas verdades que, independiente de que sean cristianas o no, son apriorísticas; o sea, en sí mismas evidentes, o como diría Husserl, en este mundo y en cualquier otro mundo posible. Por ejemplo, si en una sociedad no nacen niños, esa sociedad desaparece. Si las mujeres no quieren tener hijos, simplemente dejaremos de existir y bueno… se acabó. Todas las sociedades se enfrentan a la necesidad de sobrevivir, de educar a las mujeres a aceptar la maternidad como un don y una tarea, pero la nuestra no y ese es el gran problema antropológico de nuestro tiempo, que va más allá de una antropología cristiana.

 

 

 

 

Cuestión de valores



-En la Constitución de la Unión Europea se omitió, expresamente, cualquier referencia a sus raíces cristianas. ¿Qué está pasando en materias valóricas y morales?

-Hay algunos obispos que piensan que Europa es todavía cristiana y que es posible que el pueblo siga votando según las indicaciones de sus pastores. Creo que están equivocados. Hay otros obispos que creen que Europa ya no es cristiana y por tanto no les queda otro camino que replegarse, formar grupos pequeños, volver a las catacumbas… Pienso que también están equivocados. Europa no es cristiana ni no cristiana. Oscila entre ambas. El ser cristiano pasa por el corazón de cada hombre y ahí hay que dar la batalla. Siempre existirá la tentación de hacer un compromiso con el poder para que éste nos garantice que podemos estar tranquilos. Pero estos no son tiempos para vivir tranquilos. ¡Hay que dar la batalla! A veces se gana, a veces se pierde, pero hay que luchar por aquello en que se cree.


-¿Han ganado alguna de esas batallas?

-En Italia ha sucedido algo que nadie esperaba y que para muchos parecía impensable: hemos ganado el referéndum sobre bioética con una mayoría aplastante y hemos llevado a la calle un millón y medio de personas para dar un sí resuelto a la vida. Es un hecho increíble.


-En tus escritos otorgaste mucha importancia al comunismo en tanto elemento disgregador de la sociedad europea. ¿Es así todavía?

-No en términos políticos. El comunismo fracasó y la misma URSS se desintegró. Pero el mal que hizo como agente de deshumanización es muy profundo. De hecho, el fracaso del comunismo no llevó a sus intelectuales hegemónicos a decir: sí, estábamos equivocados, ustedes los intelectuales cristianos tenían la razón. No. Lo que ellos señalan es otra cosa: si la verdad comunista fracasó, quiere decir que no hay verdad. ¿Me entiendes? Ellos están dispuestos a reconocer que el comunismo no es verdadero, sólo a condición de una abolición total de la idea de verdad. En el ámbito francés, a esto se le llama deconstruccionismo…


-¿Cuál es tu crítica de fondo?

-Ellos sostienen que hay que deconstruir cualquiera apetencia de verdad. El problema es que hay verdades que no se pueden deconstruir porque resultan consustanciales a la praxis humana. Por ejemplo, la relación hombre-mujer, niños, familia. Cuando yo era joven, –veinte años– se habló mucho de la revolución sexual, que en buenas cuentas se reducía a separar aquellos términos, considerando autónoma la relación sexual de los eventuales hijos y de la crianza de ellos en el seno de una familia. Nació ahí la idea de comuna, una institución que tendría la tarea de cuidar y educar al incómodo producto del amor libre. Nada puede sustituir a la familia en la educación de los hijos, es antinatural.


-En tus afanes políticos e intelectuales, sé que tuviste oportunidad de conocer a Solzhenitsyn, quien acaba de morir…

-Sí, gracias a que fui muy amigo de Irina Alberti, un personaje extraordinario, quien fue, si tú quieres, un poco la mamá de todos los intelectuales libres de la URSS. Ella era una joven rusa que se casó con un diplomático italiano, quedando viuda muy joven. Tenía la doble ciudadanía, por lo que estaba protegida. Fue Irina –quien era muy amiga de Juan Pablo II– la que impulsó la divulgación del trabajo y de la obra de Solzhenitsyn. Fundó una revista que ha sido muy trascendente: Russkaya Mysl/ la Pensée Russe, que se hacía en París y se publicaba en francés y en ruso. A través de ella conocí a Solzhenitsyn, quien –pocos saben– tenía una relación muy particular con Liechtenstein.


-Cuéntame de él…

-Era un hombre cabal. Yo estaba en Liechtenstein dictando algunas conferencias cuando en febrero de 1974 lo expulsaron de la URSS por escribir El Archipiélago de Gulag. Lo embarcaron en el primer avión que salía, cuyo destino fue Zurich. Se bajó allí y al día siguiente tomo un tren hacia el principado y pidió hablar con el jefe de gobierno. Uno de los funcionarios lo anunció diciendo que afuera había alguien que hablaba un “alemán bien improbable”, como mi español contigo. ¿A qué iba? A darle las gracias por un acto de humanidad que había tenido lugar en 1945. Como historiadora, tú sabes que cuando los alemanes invadieron la URSS, en muchos lugares, especialmente en Ucrania, fueron recibidos como libertadores. Pensaron que los liberarían del comunismo, tanto así que se formó un ejército de voluntarios rusos, especialmente cosacos…




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Comentarios

1 Comentarios

HECTOR AGUILERA :

Publicado Miercoles 30 de Diciembre, 2009 - 23:13 hrs

Excelente artículo, que por casualidad descubrí hace algunas semanas...los felicito y desde ahora empiezo a comprar Capital y a recomendarla a mis amigos. 
 
saludos  
 
Héctor Aguilera

 
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