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Artículo correspondiente al número 235 (22 de agosto al 4 de septiembre de 2008)
-Puesto en esos términos, nunca habrá verdaderos culpables…
-¿Cuál es la razón de fondo que explica el derrumbe de la Democracia Cristiana italiana?
-Como historiadora sabes mejor que nadie que existe una pluralidad de causas convergentes que explican los acontecimientos históricos. En este caso, yo creo que la línea causal fundamental fue la progresiva secularización de su orientación doctrinaria. Llegó así, casi sin darse cuenta, a practicar una política del poder por el poder, incluso aliándose circunstancialmente con sus adversarios naturales. Entonces la juventud le perdió el respeto al Partido y, sintiéndose engañada, dio la espalda a la actividad política. El terreno quedó entregado a los pragmáticos u oportunistas y las consecuencias no se hicieron esperar: desilusión, corrupción, confusión. Jugó también su rol una cierta versión italiana del maritainismo: de su célebre fórmula distinguir para comprender, se pasó, en los hechos, a una separación total de los ámbitos de vida, de manera que la política dejó de ser parte del testimonio cristiano y se volvió un asunto electoral, un ejercicio banal, ocupado de asuntos más o menos misteriosos, que sólo interesan a las cúpulas. Así se perdió la relación ente los dirigentes y el pueblo.
-Sé que sigues la política chilena con interés. ¿Ves alguna similitud entre lo que ocurrió en Italia y lo que le está pasando aquí a la Democracia Cristiana?
-Amiga mía, yo soy vicepresidente de la Cámara de Diputados de Italia, y no me puedo permitir dar una opinión sobre un partido extranjero a partir de la experiencia italiana.
-En otro ámbito, ¿cual es tu visión como católico de la economía de mercado?
-El mercado es la llave que abre muchas puertas, pero el peligro está en creer que abre todas las puertas. Después de la II Guerra Mundial, en Italia y Alemania su implementación permitió un desarrollo impresionante, de ahí que se hablara de milagro económico. Yo creo que el mercado tiene un valor moral, y lo tiene porque mercado significa libertad. ¿Cuál es la alternativa a la economía de mercado? Nosotros, los europeos, lo hemos aprendido muy bien con el comunismo: es la economía de mando. De mando significa que tú tienes que venderme tu reloj y yo sólo te pagaré por él 5.000 pesos. Tú no me puedes decir que no quieres venderlo a ese precio. ¡Vale mucho más!, me alegas. No importa: yo mando. El mercado en cambio, es el encuentro de voluntades libres, lo que presupone sujetos libres. ¡Ahí están su fuerza y grandeza! Si no quieres fracasar, el mercado te obliga a contratar a los que saben hacer lo necesario: no puedes utilizar el poder para dar altos cargos a tus amigos que no saben cómo manejar los asuntos que les confías. Por eso hay también allí un valor moral. No siempre los católicos lo entendieron, pero sí lo intuyeron.
-¿Qué puede hacer fracasar una economía de libre mercado?
-El gran enemigo del mercado es la corrupción. Mercado y corrupción son incompatibles. El mercado necesita un Estado de Derecho y de estándares éticos que no nacen del propio mercado, sino de ciertos valores fundamentales. No todo se compra y se vende. El amor, la amistad, la solidaridad son, por definición, gratuitos y existen otras esferas institucionales en que tampoco el mercado tiene aplicación como, por ejemplo, el de la justicia.
-Pero estás hablando como un verdadero liberal…
-No, yo no soy liberal, soy católico. Creo en el mercado, pero puede ser un bien que puede transformarse en un mal cuando se le exagera. El mercado debe respetar el conjunto de valores éticos que dan sentido al hombre y a la sociedad. Es como el sexo, una energía positiva que es buena en sí, pero que puede ser tremendamente destructiva cuando permite que el hombre pierda su esencia.
-¿Qué está pasando con el Estado de bienestar en Europa?
-El Estado de bienestar no funciona nada bien porque no podemos financiarlo. Por otra parte, el Estado debe ayudar a la familia, pero no sustituirla. Años atrás gastábamos menos para el bienestar de los ancianos y los ancianos no pasaban hambre, ¿por qué? Porque había una red de protección familiar. Hoy esa red no existe, la familia no asume su responsabilidad frente a los suyos y lo que pone el Estado nunca es bastante. Yo pienso que tenemos que pasar de un Estado de bienestar a una sociedad de bienestar, es decir, una sociedad en que el Estado no sustituya a la familia en el cumplimiento de sus deberes.
-¿Qué pasa con la izquierda europea?
-Ha sustituido la lucha por la justicia social por la lucha contra la Iglesia y los valores tradicionales. Ha perdido todo contacto con el pueblo trabajador y se ha transformado en una ideologíade élites intelectuales que apuntan al suicidio de Europa. Es una nueva ideología, la de la disolución: de la familia, de las relaciones interindividuales, de todo lo que representa valor y sentido de vida. Antes, se podía convivir con el comunismo. Era malo, pero tenía al menos una idea de construcción social, que funcionaba mal, pero que funcionaba. Hoy nos enfrentamos a una realidad mucho más compleja y dramática, porque se está atacando al núcleo básico de la sociedad que es la familia, y con ello la existencia de la sociedad misma.