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Brindis chileno en Nueva York

Artículo correspondiente al número 279 (2 al 14 de julio de 2010)

 

Un verdadero batatazo logró el carmenere nacional en la Gran Manzana. Algunos de los más sofisticados y exigentes críticos neoyorquinos cayeron rendidos ante la variedad emblemática de Chile, al premiar en una cata a ciegas a Kai 2006, de Errázuriz, que superó a leyendas de Napa y Burdeos. Eduardo Chadwick, presidente de la viña, cuenta los detalles exclusivos de este hito. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortiz.

 

Algo sucedió el 10 de mayo pasado en Manhattan. Algo histórico para el vino chileno, un hito que algunos tildan de fundacional y que sin embargo, pasó casi inadvertido en la prensa nacional.

Ese día, en el piso 45 del Mandarin Oriental Hotel, rodeados de hermosas vistas a los rascacielos, setenta destacados críticos pusieron a competir cinco vinos chilenos contra dos Grand cru de Burdeos, un súper Toscano y un par de míticos tintos de Napa Valley. La degustación, organizada por Eduardo Chadwick, presidente de Errázuriz, fue a ciegas; es decir, cada catador desconocía qué vino había en cada una de las 10 copas en juego.

El resultado fue tan inesperado como digno del final de una película: Kai 2006, un carménère de Aconcagua, obtuvo el primer lugar, venciendo a Opus One, el famoso vino californiano, y a Haut Brion, uno de los grandes tintos franceses.

Un vino chileno no sólo había vencido a lo más granado del Viejo y del Nuevo Mundo, sino que lo había hecho en Nueva York, la capital, para muchos del vino internacional, y con la cepa emblemática del país. Ni Spielberg lo hubiera soñado. “Si algo así hubiese pasado con un malbec de Argentina... quizá habrían celebrado en el obelisco; la presidenta seguro hubiese recibido al equipo de la viña como héroes en la Casa Rosada, y ya habríamos escuchado hasta el cansancio que el vino trasandino es el mejor del planeta”, comenta Chadwick.

Pero en Chile la noticia –aparte de notas breves en los diarios y algunas crónicas más largas en sitios especializadoscasi no ha tenido repercusión. Cosas de la vida. Cosas del vino.

La trastienda de la cata

Eduardo Chadwick lleva seis años tratando de demostrar que los mejores vinos chilenos pueden pararse de igual a igual con los grandes de Europa o de Estados Unidos. Empezó en 2004, con la ya famosa Cata de Berlín, en la que dos de sus tintos, Viñedo Chadwick 2000 y Seña 2001, vencieron nada menos que a dos leyendas de Burdeos: Château Lafite 2000 y Château Margaux 2001.

La cata de Nueva York en mayo pasado representaba el fin de un ciclo, luego de dar media vuelta al planeta realizando iniciativas similares en Tokio, Londres, Zurich, São Paulo y Beijing. Así recuerda el presidente de Errázuriz, los preparativos de la degustación: “la Gran Manzana es la capital del mundo y esta era la gran final. Era Nueva York, ya habíamos estado en prácticamente todas las grandes ciudades y queríamos tener un broche de oro. Lo primero por destacar es que tuvimos un lleno total con gente de gran calidad; la audiencia era realmente top, teníamos a Howard Goldberg, de New York Times, Elin McCoy, de Bloomberg, Eric Arnold, de Forbes, Michael Schachner, de Wine Enthusiast y hasta Steven Spurrier y George Taber, que estuvieron en el mítico Juicio de París”.

Chadwick, claro, se refiere a la histórica degustación que en 1976 enfrentó por primera vez a los caldos franceses versus los californianos, ganando de manera inaudita estos últimos y provocando una verdadera revolución en el mundo del vino. Desde estonces, nada es igual. Se han escrito libros y hasta hay una película de Hollywood sobre el evento, organizado por Spurrier, que le dio un impulso formidable a la industria del vino estadounidense (Ver recuadro).

“En suma, estaba la crema y nata de la sociedad de vinos neoyorquina”, continúa recordando Chadwick. “Nueva York es la plaza más difícil para lograr convocatoria. Pero que estuviera George Taber y que Steven Spurrier viajara desde Londres para acompañarnos le daba una solemnidad especial y lo hizo un evento al que todo el mundo quería asistir. Eso es lo interesante: cuando tienes un evento que la gente sabe que va a ser histórico, la gente va. Y así tuvimos a estos críticos, que están ocupadísimos, tres horas con nosotros. Primero vino la presentación; sesenta minutos en que traté de vender a Chile o, más bien, de explicar qué hace a Chile único, distinto, especial, respecto a las otras apelaciones en el mundo. Después estaba la cata en sí, que tenía un escenario maravilloso: el salón principal del Mandarín Oriental mirando al Central Park; desde ya, un lugar inspirador”.

El empresario entrega más detalles: “la cata duró unos 45 minutos totalmente en silencio, con cada degustador rankeando los vinos. Por primera vez incorporamos vinos de EEUU, además de íconos de Burdeos y Toscana. ¿Sabes lo que pasa en EEUU? Norteamérica es Norteamérica y para darle mayor potencia tenía que seleccionar vinos históricos de EEUU. Y esos eran Opus One, el vino histórico de ellos, y Stag Leap, el ganador de la cata de París. Por otra parte incorporé nuestros nuevos iconos, Kai carménère y La Cumbre syrah”.

Una reconocida empresa auditora recuperó los papelitos de los 70 degustadores con sus preferencias, y mientras se hacían los cálculos para conocer el ganador, empezó la parte más entretenida de este tipo de actividades: el debate entre los participantes, argumentando cuáles eran sus favoritos e intentando develar el origen de cada copa. En esta etapa se caen hasta los mejores catadores y no es raro que un vino del que todos piensan que viene de Borgoña termine siendo neozelandés. Los mayores egos –las narices más sofisticadas– se han derrumbado en catas a ciegas.

“Primero habló Steven Spurrier”, rememora Chadwick. “En ese momento nadie sabe qué vino es cuál, y entonces viene todo este manejo de estar dispuesto a jugársela más o menos por un determinado veredicto, dependiendo del conocimiento y de la seguridad de cada participante. Lo que más me llamó la atención es que Howard, del New York Times, empezó a comentar el tercer vino –que era Kai, pero no lo sabíamos– y dijo que ese era el vino que él prefería, y ahí se creó una discusión. NYT es NYT y que su crítico dijera que era el mejor puso un punto de atención. ¿Ustedes creen que es de Chile o no?, preguntamos. No había claridad en el origen. De alguna forma, desconcertó a los periodistas. La prensa especializada está acostumbrada al cabernet sauvignon chileno, un poquito mentolado, y por eso un 60% o 70% de los degustadores había identificado a Don Maximiano como un vino chileno. Pero con Kai quedaron pillos”.

El momento de la verdad

Las catas a ciegas pueden ser una hoguera de vanidades. Despojadas de la pompa de las etiquetas, las grandes apelaciones se enfrentan a la verdad desnuda, al juicio democrático. El prestigio, la tradición y la historia quedan fuera. Y eso puede ser injusto, pero otorga a este tipo de concursos un aire de suspenso difícil de igualar. No fue ajena a esto la cata de Nueva York.

Cuenta Chadwick: “tras el intercambio de opiniones, empezó la parte más cruel: el momento en que se dan a conocer los lugares que obtuvo cada vino y se descubre la identidad de cada botella, hasta entonces escondida por un capucha. Mi primer respiro fue que en el lugar número diez salió Sassicaia, un vino italiano. Nunca quieres estar en el último lugar. Después salieron los siguientes cuatro y había tres chilenos, con lo cual nos quedaban sólo dos vinos entre los primeros cinco. Salió el vino quinto y fue Lafite. Cuarto, salió Don Maximiano. Quedaban tres vinos, uno chileno. Había nerviosismo, quedaban en la recta final Kai, Opus One y Haut Brion. Salió tercero Haut Brion, quedaban dos vinos y ahí sí que el silencio era total y nuestra expectativa, inmensa, aunque era difícil pensar que un carménère pudiese ganar. Sacaron el capuchón a la botella número dos y resultó ser Opus One. Por descarte, el ganador era Kai, y fue un aplauso espontáneo. Un tremendo festejo, algo espectacular, en Nueva York. Con esta audiencia, fue histórico para Chile. Si tuviera que elegir un vino para ganar era Kai, porque era un carménère de Chile, ante la crema y nata de EEUU. Además el orden, era perfecto: sobre Opus One y un Grand Cru. Intachable. Si se hubiera programado no podría haber sido mejor”.

La imagen es todo

¿Qué lleva a Eduardo Chadwick a realizar este tipo de catas por el mundo? ¿Una estrategia de marketing, una ambición personal? Sucede que no es fácil ir contra el mito de la supremacía francesa, que establece que los vinos de ese país europeo son los mejores del planeta y que por esa razón obtienen los mayores puntajes y los más altos precios (ver recuadro).

Al empresario chileno, esta obsesión por demostrar que los vinos nacionales pueden estar a la altura de las grandes apelaciones europeas le ha costado malos ratos y comentarios despectivos. Luego de la inicial cata de Berlín de 2004, el presidente de Domaines Barons de Rothschild, que produce Lafite, Christophe Salin, dijo: “yo jamás diría que un vino francés o chileno es mejor que el otro. Eso es ridículo… No me gusta la forma en que Chadwick está haciendo las cosas, está montando un circo”.

La presunción detrás de esas palabras es que no se pueden comparar vinos franceses y chilenos de la misma añada, porque los primeros necesitan más tiempo en botella para estar en su mejor momento. Por otro lado, como sostiene el empresario chileno, si ambos se encuentran en el mercado en un determinado instante y compiten en igualdad de condiciones, ¿por qué no es posible decir cuál de los dos nos gusta más? ¿Qué nos impide lanzarlos al juego?

Para Chadwick, en todo caso, esa discusión es accesoria. Lo importante, el objetivo de su cruzada, es mejorar la imagen del vino chileno. “Ese es el gran talón de Aquiles de nuestra industria: Chile no tiene la imagen de vinos Premium. Se piensa que sólo somos capaces de producir vinos de calidad mediana y de bajo precio, y esa mochila está asociada el vino chileno desde siempre. Lo que hay que demostrar es que podemos competir al más alto nivel y levantar la imagen de Chile, y ese es un trabajo multidimensional, con turismo, gastronomía, cultura. Las catas a ciegas son una herramienta que ataca al corazón de la industria vitivinícola. Esto es Wimbledon, es irse a competir mano a mano con el mejor benchmark, y probarle al mundo de forma categórica y consistente que nuestros vinos tienen la más alta calidad, que no es casualidad. Y eso es lo que hemos logrado demostrar en el tiempo. Por eso era tan importante la gran final en Nueva York, en el único país que no ha reconocido bien a Chile. La única forma de justicia en el mundo del vino es un mano a mano, una cata a ciegas, lograr este reconocimiento que yo estimo que es fundacional. De aquí para adelante es un trabajo de consistencia, de darse a conocer, de llegar a distintos grupos de consumidores o líderes de opinión. Pero ya probamos que los vinos de Chile son de altura mundial. Esa es la importancia”.

La victoria de California
En 1976, el británico Steven Spurrier, buscando publicidad para su tienda de vinos en París, ideó la extravagante ocurrencia de enfrentar a los entonces subvalorados vinos californianos con los todopoderosos vinos franceses. Invitó a un panel de 10 expertos galos, que degustaron tintos y blancos. Ganaron un cabernet sauvignon y un chardonnay: ambos, de Napa. El hito marcó un antes y un después para la industria. Los productores franceses le hicieron la cruz a Spurrier, pero no evitaron que una ola de expectación recibiera a los vinos californianos, que empezaron a ganar un lugar en el mundo. Y a subir su cotización de manera exponencial. Si en 1975 había 330 viñas en California, hoy llegan a 1.700, mientras que la hectárea de viñedo no baja de un millón de dólares. La famosa cata de 1976, bautizada como el Juicio de París, ha inspirado un entretenido libro de George Taber (California vs. France, Scribner 2005) y una más que pasable película de Hollywood, llamada Bottle shock (2008), con Bill Pullman y Dennis Farima, que vale la pena ver.

Los paradigmas rotos
Eduardo Chadwick cree que el proceso que partió con la Cata de Berlín de 2004 hasta llegar a la degustación en Nueva York en mayo pasado, rompió una serie de estereotipos y mitos en el mundo del vino.

1. El paradigma de los puntajes. Antes de la Cata de Berlín, Robert Parker –el más influyente crítico de vinos del planeta- no comentaba vinos chilenos. Sin embargo, las cosechas 2006 de Viñedo Chadwick, Seña y Don Maximiano obtuvieron 97, 95 y 94 puntos respectivamente en The Wine Advocate (la revista de Parker) similares a la calificación lograda por las mismas añadas de Château Lafite, Latour y Margaux en la mencionada publicación.

2. La supremacía francesa. Igual como sucedió con El juicio de París –que catapultó a la fama a los vinos de California-, Chadwick cree que catas como la de Berlín y Nueva York demuestran que los mejores vinos chilenos puede igualar y a veces superar a los grandes vinos de Europa.

3. El paradigma del precio. Mientras Viñedo Chadwick 2006 vale 180 dólares la botella, Château Lafite del mismo año alcanza los mil dólares. No obstante, ambos vinos lograron 97 puntos en la revista de Robert Parker y en algunas degustaciones el tinto chileno ha salido mejor rankeado que su competidor bordelés.

4. El carménère como cepa menor. En un principio, buena parte de la prensa internacional consideraba al carménère como una variedad de segunda, incapaz de dar vida a grandes vinos. Sin embargo el triunfo de Kai 2006 en la cata de Nueva York –así como los altísimos puntajes obtenidos por otros vinos chilenos de la cepademuestran lo contrario

Palabra de Chadwick
El gusto neoyorquino

“En Nueva York se da que los lideres de opinión y los críticos tienen tanta confianza en sí mismos que no estaban pensando en cuál es el vino francés para premiarlo, como sí nos pasó en Inglaterra. En Inglaterra identificaron cuáles eran los franceses y se fueron altiro a premiarlos… aquí, no. El neoyorquino es cosmopolita, un ciudadano del mundo, no tiene prejuicios. En Europa los sommeliers, que son muy pro Francia, identificaban a los vinos franceses y los ranqueaban primero, no porque les gustaran más, sino por un prejuicio histórico en sus cabezas. Digamos, que un grand cru tiene que ser el mejor, porque así les enseñaron”.

El origen de la cata de Berlín

“A mí se me ocurrió, porque después de haber hecho múltiples actividades y de haber dado a conocer el vino chileno en el mundo, sentía que la prensa internacional seguía siendo muy mezquina hacia nosotros y hacia Chile, y seguía sin reconocer nuestra calidad en igualdad de condiciones respecto a las etiquetas más famosas de otras partes del mundo. Con la cata de Berlín probamos exactamente eso, que vinos que no eran punteados por Parker, que compitieron contra vinos de 100 puntos, ganan, salen en el primer lugar. Fue un remezón”.

Impacto real de este tipo actividades


“Nuestros vinos iconos se han ido vendiendo cada vez mejor: El resultado en Nueva York significó de forma inmediata que Kai desapareciera de las estanterías de todas partes y tuviéramos 100 llamadas del mundo pidiendo más vino. El precio no lo vamos a subir: la botella está de 80 a 90 dólares. La producción de este año y del próximo de Kai está agotada. El principal impacto es la imagen de Chile, de la industria en su totalidad. Son impactos de mediano y largo plazo, pero la industria nacional va siendo reconocida”.

El efecto de la crisis


“La crisis hizo que el precio promedio de venta en el mundo bajara, porque el consumidor, ante la crisis financiera de hace dos años, dejó de comprar vinos sobre 50 dólares y se concentró más en los vinos baratos. Eso impactó mucho el primer año de la crisis; el segundo poco a poco va ir mejorando y se va a volver a una normalidad. Adicionalmente, en el caso de Chile hay un impacto del tipo de cambio, euro versus del dólar. Chile tiene más del 50% de las exportaciones orientadas hacia Europa, y la devaluación del euro y de la libra ha impactado nuestro precio promedio, por lo tanto yo visualizo que el precio promedio va a seguir subiendo sostenidamente en el tiempo, una vez que se recuperen estos dos factores. Es algo puntual, pero la tendencia debería ser agregar mayor valor a través de un plan de marketing más activo”.

Desafío del vino chileno


“El valor promedio del vino chileno es 27 dólares la caja de 12 botellas. ¿Cuál es la meta? Como industria perfectamente deberíamos aspirar a un precio promedio cercano a 40 dólares la caja, donde realmente haya un valor agregado y permita rentabilizar a toda la cadena de valor de la industria, desde el pequeño productor de uva, los proveedores y las viñas. Hoy es un rubro que no tiene una rentabilidad sostenible en el tiempo”.

Las cifras de Errázuriz

“Este año presupuestamos un crecimiento del 15%, para llegar a 700 mil cajas a nivel mundial. Nos interesa hacer un crecimiento en el valor. Cuando hicimos la primera cata de Berlín, debemos haber vendido unas 400 mil cajas. El valor promedio era de 35 dólares. Hoy estamos en un valor de 50 dólares promedio”.

El problema europeo


“Europa nos afecta. Es el principal mercado de Chile. La clave de nuestro éxito como industria será focalizarnos fuertemente en EEUU, Canadá y Asia, y tratar de mantener Europa, pero conciente de que es una situación económica difícil, donde también hay una gran competencia local, de los vinos de Francia, España, Italia, Alemania… Por lo tanto los grandes polos de crecimiento son Norteamérica y Asia”.

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Comentarios

3 Comentarios

Elias de la Cruz :

Publicado Jueves 15 de Julio, 2010 - 12:06 hrs

Me parece extraordinario lo logrado por Eduardo Chadwick con KAI! 
Enfrentarse a llos mejores vinos del mundo siendo juzgado por la narices mas expertas es, no hay duda, un enorme desafio que conlleva riesgos muy altos. Felicitaciones por este logro.....no cualquiera!

Robert Molina :

Publicado Viernes 9 de Julio, 2010 - 19:11 hrs

Si Chile quiere posicionarse como Potencia alimentaria y turística, debe hacer esfuerzos mancomunados, para que primero que todo, la marca reconocida sea Chile, es así para cuando un europeo o estadounidense piense en vino de calidad y precios medios-altos y altos, en realidad piense en Chile inmediatamente. Todo lo anterior se logrará con un trabajo de marketing donde el eje sea la Imagen de Chile como producto. 
Excelente artículo

Jorge Meza :

Publicado Viernes 2 de Julio, 2010 - 08:48 hrs

Excelente articulo, me pareció excepcional esta noticia, lastima que no tenga la repercusión que debiera tener. 
Bien por el VINO CHILENO, bien por CHILE.

 
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