|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Bosh sostenido |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 249 (3 al 16 de abril de 2009)
Como buen sostenedor de dos escuelas subvencionadas, el presidente de la Corporación Nacional de Colegios Particulares viene a defender al gremio, su aporte al sistema y, por que no, el lucro. Exige un debate desideologizado, con cifras en mano y expectativas acordes a los 38.000 pesos que el Estado otorga de subsidio por alumno… o lo que se eleve ese aporte. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Elisa Bertelsen.
Es joven, entusiasta y absolutamente comprometido con la cuestión educacional. Rodrigo Bosch dirige Conacep, la Corporación Nacional de Colegios Particulares, que reúne a casi mil establecimientos, principalmente particulares subvencionados. Asumió el cargo en 2006 y con una energía envidiable, ha logrado posicionar a su sector, dándole identidad pública y participando activamente en todas las discusiones vinculadas con el área.
Junto con el directorio de la Corporación –compuesto también por profesionales jóvenes– está abocado a la acción, dejando atrás las discusiones de carácter ideológico y teórico para centrar la atención en mejorar la gestión de los colegios, transparentarla y borrar el estigma de que los sostenedores lucran con las subvenciones. Educado en el Manuel de Salas, creció conociendo desde dentro el sistema porque sus padres eran dueños de varios colegios que él ahora administra. Tiene formación para ello: estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Central y posteriormente realizó un MBA en la Adolfo Ibáñez. Habla a mil por minuto y es evidente que en este, su tema, se maneja como pez en el agua.
A partir de esa experiencia y desde la tribuna que le otorga la Corporación, participa en las instancias que la autoridad ha diseñado para discutir reformas educaciones y reclama coordinación y consenso para dar el salto hacia una mejor enseñanza. “Una de las dificultades que enfrentamos es la incertidumbre. Ha sido difícil y duro, porque no hemos podido planificar y estructurar bien nuestro trabajo debido a la falta de claridad en las reglas del juego. Eso atenta contra nuestras posibilidades de plantear los desafíos para el futuro. La educación se planifica a largo plazo y los resultados se ven después de 10 ó 20 años. Aquí no nos hemos podido poner de acuerdo porque se ha ideologizado el debate. Ideologizar el debate es sostener, por ejemplo, que la educación pública es la educación estatal, discriminando los recursos de todos los chilenos, cuando los planes y programas son todos del ministerio de Educación. Es el ministerio quien dice cuales materias debemos pasar y cuáles no. Ellos nos entregan los textos. El 40% de nuestros colegios son completamente gratuitos y diversos. ¿Por qué, entonces, no formamos parte del concepto de educación pública? Netamente por razones ideológicas, porque para algunos solamente aquellos que tienen el edificio estatal, aunque se esté cayendo a pedazos, entregan educación pública. Es una mirada mediocre, torpe y debemos luchar contra ella”.
-¿Qué te llevó a involucrarte en el ámbito educacional?
-Me gusta trabajar con la gente y desde siempre tuve inclinación por los temas de administración y de gestión. Como estaba en el ambiente, ya que mis padres eran sostenedores, pronto me di cuenta de que para dirigir eficientemente un colegio había que tener ciertas competencias básicas como, por ejemplo, se necesitaba saber administrar, organizar, dirigir, liderar y, en ese sentido, lo que aprendí en Ingeniería Comercial me ha sido tremendamente útil. Si analizas la situación de los colegios –y no sólo en Chile– te das cuenta de que son instituciones muy mal organizadas y hoy, más que nunca, existe una gran necesidad de mejorar gestión y efectividad. Muchas soluciones a los problemas pasan por ahí y pienso que hay que esmerarse para avanzar por este camino.
-Existen algunos que aún sostienen que sólo los profesores deben dirigir colegios…
-Los tiempos han cambiado mucho. Hoy administrar colegios es una cuestión mucho más compleja. Las demandas son distintas y hay que adecuarlos a una nueva realidad. Eso no se ha hecho. Hace 100 años, ingresabas a una sala de clases y veías al profesor delante dictando cátedra con alumnos en posición frontal y hoy, en muchas partes, se mantiene ese sistema. Se sigue haciendo lo mismo que hace un siglo, pese a los avances tecnológicos, la globalización y el surgimiento de nuevas técnicas de aprendizaje. En otros campos de trabajo, las organizaciones se modernizan, se hacen más multidisciplinarias, más abiertas, pero en nuestro ámbito cuesta mucho realizar verdaderas transformaciones.
-Pero, ¿hemos avanzado en algo?
-Hay varios elementos, en realidad. Si uno pudiera ver la tendencia general de cómo ha evolucionado el sistema educacional en Chile, yo creo que el balance final será positivo. Lo que pasa es que ha habido ciclos que debemos conocer para lograr captar el fenómeno que se esconde detrás de ellos. Ocurrieron reformas importantes a principios del siglo XX, como la que generó la enseñanza primaria obligatoria, que fue en ese minuto un tremendo avance. En el caso de la educación privada, se tiende a pensar que los colegios particulares subvencionados partieron durante el gobierno militar... y eso no es cierto. Tenemos colegios particulares subvencionados con fines de lucro desde hace más de cien años, que han ido viviendo distintas etapas de esta reforma y que Chile ha ido incorporando de a poco. Después, hubo nuevas reformas, tremendamente importantes, como la del año 52, cuando era ministro de Educación don Bernardo Leighton. Él fue parte importante para que el sector privado pudiera desarrollarse. Se recibían recursos públicos y se pagaba por asistencia media, tal cual como hoy.
-¿Y por qué parecemos empantanados?
-Espera, porque después con Frei también vino una reforma importante, que tenía que ver con la universalización y la cobertura. En el Chile de los 70 no existía la cobertura que alcanzamos hoy y de la cual –la verdad– nos sentimos súper orgullosos. Piensa que en esa época y antes, en los años 50 y 60, la mitad de nuestros niños en edad para entrar a la enseñanza media, no tenía colegio donde ir. El Estado hizo un llamado y parte importante del problema lo resolvió invitando a los privados a invertir para construir colegios, de manera que no le faltara educación a nadie. Después, en los años 80, surge otro fenómeno, que forma parte de las reformas educacionales del gobierno militar y que tiene que ver con la descentralización del sistema. Principalmente, lo que allí ocurre es que los colegios administrados por el Estado pasan a las municipalidades, pero en el sector particular subvencionado se desarrolla una pequeña evolución en el pago mensual, entregando una subvención equivalente a la que recibe el sector público, de manera que los padres elijan la educación que ellos quieren para sus hijos. La libertad de enseñanza es un concepto importante que ya está internalizado en la opinión pública, situación que no ocurre en otros países. En Chile no hemos sabido valorizar el hecho de que los papás elijan qué tipo de educación quieren para sus hijos. Es algo tremendamente positivo, porque los padres son actores educacionales fundamentales.
-¿Cuál es el aporte de los gobiernos concertacionistas?
-La reforma actual responde a otros elementos, porque se llegó a un estadio con un nivel de desarrollo en que Chile se puede permitir ciertas exigencias mayores. Logró plena cobertura. Tiene una cobertura envidiable en relación a otros países de la región. Ahora el tema es mejorar la calidad y cerrar las brechas existentes. Esos son los temas de fondo: calidad y equidad.