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Artículo correspondiente al número 205 (01 al 14 de jun 2007)
En una operación que definen de magistral y en que, a ratos, les tocó moverse a tientas, estas dos firmas chilenas se hicieron del control de Termocandelaria, una generadora del país cafetero que estaba con el agua hasta el cuello y que ahora no solo flota, sino que aspira a conquistar nuevos dominios. ¡Qué energía!
Por Paula Costa R.

La tenían bien guardada. Casi para no matar el chuncho. Sin alharacas, calladitos, solo haciendo lo que mejor saben hacer, Moneda Asset y Bancard sellaron el año pasado la compra de una termoeléctrica en Colombia que tenía nada menos que 270 millones de dólares en deuda. Absolutamente quebrada y en default, hace un par de semanas culminaron una compleja reestructuración financiera que la dejó
con una deuda de “solo” 83 millones de dólares, una administración “de primera”, y con inversionistas locales top.
¿Cómo llegaron allá? El negocio lo trajo LarrainVial, y promete ser la próxima gran jugada de los siempre inquietos hombres de Moneda y del team de Sebastián Piñera: si todo anda, estamos hablando de rentabilidades de 25% al año... Esos sí que son retornos. La dupla chilena se comprometió a full en esta apuesta, haciendo un trabajo de relojería para salir ganadores frente rivales como JPMorgan, Merrill Lynch o Credit Suisse también interesados en la eléctrica... Se movieron bien, casi con el afán de demostrar que los chilenos “no tenemos por qué mirarnos en menos”. No señor.
La historia de esta incursión eléctrica de Moneda y Bancard comenzó así: en 2002 SCL Energía, una empresa formada por ex ejecutivos chilenos de Gener, posó su mirada en Termocandelaria, una central a gas ubicada en Cartagena de Indias, con una capacidad de 340 MW, y que había sido creada por capitales colombianos y norteamericanos en un momento en que el negocio era grito y plata.
La planta había comenzado a operar en 2000 con el objetivo de suplir el déficit de energía que asolaba a la costa colombiana por su falta de conexión con el resto del sistema. Su condición de termoeléctrica hacía de Termocandelaria una apuesta interesante que generaría ingresos por energía a firme, es decir, energía garantizada en caso de emergencia, ya fuera por escasez de agua o porque las líneas pasaban en el suelo por los atentados de la guerrilla. Y por si esto fuera poco, a todas las ventajas anteriores se unía el hecho de que en Colombia no existía la regulación de precios, por lo que el cobro prometía ser un verdadero festín.
Fue en ese escenario que, a un año de su partida (en 2001), AES compró la empresa en 50 millones de dólares por el capital más 180 millones de dólares de deuda. Todo iba bien hasta que ese mismo año el gobierno reguló los precios, estableciendo un nivel máximo. Los problemas no quedarían ahí, en 2002 se conectó la costa al resto del sistema eléctrico, aguando su condición de proveedor privilegiado. Ese año la firma en manos de AES entró en default.
Atentos a este tipo de oportunidades, SCL se enteró del caso, elaboró un plan de negocios para salvar la compañía y se lo presentó a los bancos acreedores en Nueva York. Estas entidades no tenían muchas opciones para este “cacho” en la costa colombiana. Así, en octubre de 2002 firmaron un acuerdo mediante el cual los acreedores le traspasaron a SCL la administración.
Pero convencer a los acreedores era la parte fácil de la pega. La tarea de ahí en más sería descomunal. Por años mantuvieron las cosas andando, hasta que en mayo de 2006 supieron que los bancos que permanecían en la empresa venderían. Ahí es cuando LarrainVial entra al baile. Claramente a SCL le convenía abrir las puertas a un interesado que no fuera un mega actor internacional que en un día cambiara la administración, por lo que animó a LarrainVial a participar en la búsqueda de un aliado ideal. Así fue como entraron en escena dos de los más hábiles gestores de “lucas” a nivel local: Moneda y Bancard.