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Artículo correspondiente al número 243 (12 al 25 de diciembre de 2008)
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¿Qué es lo boliviano?
Oscar Cortés –un destacado y conocido profesor universitario– me describe a los bolivianos de la siguiente forma: los pandinos son personas “alegres y llenas de esperanza”. La gente beniana se caracteriza por su “optimismo y fe”. El cruceño tiene “vocación de trabajo y producción”. La orureña es “sacrificada y con mística”. La potosina tiene “historia y riqueza”. El cochabambino, “fuerza y decisión”. La tarijeña, “futuro y determinación”. La paceña “optimismo de nación”; y la chuquisaqueña “dignidad, rebeldía, convicción, autonomía y liderazgo”. Además hay guaraníes, quechuas, aimaras, y, sobre todo, mestizos. Son unas 36 naciones y 26 lenguas, a las que agrego –ya que me lo dijeron– cinco cuecas (paceña, cochabambina, tarijeña, chuquisaqueña o chaqueña) y siete tipos de charango, “no sólo uno, como los chilenos”.
Regreso a la pregunta inicial: ¿qué es lo boliviano? Para algunos es “ser anti-chileno”. Consiste en reivindicar el derecho al mar y lamentarse de su atraso por la mediterraneidad (sobre todo en el occidente). Al menos así me lo dijeron varios de los entrevistados y me lo hicieron ver cuando me llevaron a conocer el Museo del Litoral Boliviano en La Paz y pedirme que me fotografiara junto a los monumentos al coronel Eduardo Avaroa, héroe boliviano de la Guerra del Pacífico, que están tanto en La Paz como en el Lago Titicaca.
Hay quienes creen que lo boliviano viene de un sentimiento producto de haber nacido en el país, con una historia “común”. Sin embargo, al final de esta andanza boliviana más bien tiendo a pensar que lo que les caracteriza es ser una unidad diversa, multicultural en donde sólo hay un consenso que los une: vibrar con los partidos de la selección nacional de fútbol (definido así por ellos mismos). ¿Es que quizás el gran fracaso del Estado boliviano fue no ser capaz de crear la Nación boliviana?
La Paz y Santa Cruz
Ambas ciudades son el mito y la modernidad, son el occidente y el oriente que se enfrentan y no se encuentran. Creo que, al menos por ahora, no pueden ni quieren hacerlo. Sin embargo, ambas encantan, cautivan.
La primera tiene lo mágico del desorden, el caos, los contrastes. Los aromas del mercado, las pócimas para el amor de la calle de las brujas, la venganza, el dinero o lo que usted necesite. El viajero a La Paz deberá beber el té de coca permanentemente y tomar las famosas pastillas “Sorojchi Pills” para evitar el soroche por la altura, siendo libre para cumplir las recomendaciones básicas de rigor: “caminar despacito, comer poquito y dormir solito” que le darán al llegar, mientras que con envidia mirará como en El Alto la gente sale a trotar.
Santa Cruz es distinta. Más ordenada y con una arquitectura colonial que se mezcla con edificios modernos, posee portales y tejas que buscan proteger del calor tropical pero que mantienen un aire de antaño, conviviendo en lo mejor de dos mundos. Desde el boulevard que sorprende con las limusinas hasta el paseo por el mercado de las Siete Calles y la policía mirando el catálogo de los DVD pirateados.
¿Qué es Bolivia? Sólo se puede describir si se siente, se vive y se conoce.
El autor es profesor de la Universidad de los Andes. Director Instituto Democracia y Mercado