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Artículo correspondiente al número 262 (2 al 15 de octubre de 2009)
Cristal a prueba de golpes
![]() Ana María Muñoz
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Uno de los argumentos más frecuentes para explicar las diferencias salariales, de desarrollo profesional y carrera entre mujeres y hombres, particularmente en los niveles jerárquicos más altos, es la existencia de un “techo de cristal”. Este es el límite invisible en la carrera hacia arriba que no se ve hasta darse en la cabeza con él. Uno que tampoco ven los empleadores, el mercado, la sociedad o la cultura.
La analogía con el cristal funciona sólo en este aspecto. Los factores que dan forma a este techo son variados, complejos y han probado ser resistentes a los cambios y al paso del tiempo. Comienzan mucho antes de que las mujeres alcancen posiciones gerenciales y se mantienen una vez que ellas llegan ahí.
El tamaño importa
La primera de estas razones, para Chile, lamentablemente, tiene que ver con el tamaño del mercado: la cantidad de empresas, la cantidad de puestos disponibles. El estudio de Denarius encuentra que en 200 empresas sólo cuatro tienen gerentas generales mujeres. Esta cifra es tan pequeña que no genera una tendencia ni permite generalizar. Son cuatro mujeres que pasaron el techo de cristal y, de hecho, no tienen diferencias salariales con sus pares.
El tamaño también importa pues, a medida que aumentan las dimensiones de las empresas, crecen la planta de trabajadores y la distribución de responsabilidades respecto del negocio. Con el tamaño, la necesidad de códigos más estructurados de gestión de recursos humanos que permiten menor discrecionalidad es fundamental. La eficiencia demanda la creación de un estándar, el que es siempre un buen camino para acercarse a la igualdad. A esto se suma el potencial costo reputacional y económico de demandas por prácticas discriminatorias.
El currículum oculto
Retrocediendo algunos peldaños en el trayecto a la gerencia, la elección de una carrera es también importante. A nivel de gerencias de operaciones las diferencias salariales no existen. Estas mujeres son pocas, altamente capacitadas técnicamente y se desempeñan en áreas críticas para el negocio. En Recursos Humanos –donde hay más mujeres– el valor de las habilidades se diluye. Se requieren calificaciones menos especializadas y en general responden a áreas donde hay mayor número de mujeres compitiendo por un mismo puesto, reduciendo su valor.
Una vez logrados los méritos académicos vienen los méritos laborales. Al observar las diferencias en experiencia acumulada, Perticara (2008) encuentra que la experiencia efectiva es un factor que explica cerca del 50% de la brecha, particularmente para individuos con alta escolaridad. Pero no cualquier experiencia: se trata de experiencia laboral reciente, ya que es ésta la que tiene un mayor retorno. Las mujeres pueden tener en promedio una acumulación de experiencia equivalente, pero esta es discontinua –con 3 hijos en promedio, las mujeres de la encuesta han tenido salidas del mercado del trabajo de aproximadamente 6-12 meses cada dos años. Es la continuidad la que mejor paga.
Las mujeres no saben negociar
Todas las mujeres en cargos gerenciales reciben menos que los hombres en sus rentas variables. El promedio es de un 27% menos en este aspecto. Esta diferencia es equivalente a las brechas salariales promedio en la sociedad. Diversos estudios han demostrado las diferencias de género al momento de negociar. Factores culturales como la condena a la ambición, la sensación de que se está más sobre un piso de cristal que bajo un techo –el primero se puede romper en cualquier momento– juegan un rol. Así como las mujeres son más cautas inversoras, son más temerosas negociadoras. Asimismo, muchas mujeres actúan bajo principios éticos y compensan a sus empleadores por horas perdidas en el cuidado de hijos y las responsabilidades familiares. La posición de gerencia aún se siente como un favor. En el momento en que muchas sientan que merecen el cargo; más aún, que se lo han ganado, lo harán valer.
(Una nota: las mujeres en servicios financieros, quienes por formación profesional han de saber negociar, reciben una renta variable superior a la de los hombres).
La autora es consultora internacional en género y desarrollo, PHD. University College of London.
Mujeres ejecutivas, ¡Oh! ¡Oh!
![]() Rafael Rodríguez
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El autor es socio fundador de Seminarium.