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Artículo correspondiente al número 230 (13 al 26 de junio de 2008)
El salto que viene es grande. Crear un sistema nacional de becas a prueba de críticas es una tarea que tiene de cabeza a Mideplan, Conicyt y Hacienda. Cómo asegurar un manejo transparente de los fondos anunciados y conseguir que los mejores lleguen a las universidades top del mundo son parte de las vallas por traspasar. El esquema actual muestra logros, pero también serias falencias de focalización y excelencia. Por Elena Martínez. Fotos, Verónica Ortíz y Elisa Bertelsen.
Fue el plato fuerte del discurso presidencial. La presidenta Bachelet se la jugó el 21 de mayo con un incremento en los recursos y un plan destinado a fortalecer el sistema de becas de estudio. La idea es simple: si el capital humano es clave para el desarrollo y el país no cuenta con los mejores centros de estudio, entonces “Simón manda” enviar al extranjero a nuestros alumnos estrella y traerlos de vuelta con capacitación triple A.
La meta llena de optimismo: 30 mil profesionales capacitados en el exterior durante los próximos 10 años, gracias a un Fondo Bicentenario de Capital Humano, el que se financiará con los intereses de 6 mil millones de dólares. El asunto es que para llevar a cabo el objetivo se necesita un sistema que entregue garantías de transparencia y calidad; en especial, ante las críticas que en el pasado reciente ha levantado el modelo vigente de becas presidenciales.
Y los plazos son estrechos. Las mil becas que las distintas entidades del Estado están entregando durante este año –y que ya implican un incremento respecto de las cifras de 2007– deberán más que duplicarse en 2009: 2.500 asignaciones. Un salto gigantesco, si se considera que en los últimos dos años la Oficina de Becas de Mideplan, por ejemplo, pasó de 150 cupos a 300; y Conicyt, uno de los organismos más dinámicos en el tema y con una diversidad de programas de formación, pasó de 46 aportes para estudios en el exterior durante 2005 a cerca de 300 este año.
Un dato al margen: hay quienes dicen que en el incremento de Conicyt influyó el nombramiento de la ingeniero comercial Vivian Heyl a cargo de la institución; una decisión que cuando fue anunciada causó una agria polémica, ya que los científicos alegaban que no los representaba. Hoy, algunos admiten que su gestión ha sido clave para disponer de más recursos. Tal vez una señal de que el esquema de administración global puede ser un factor para revisar y analizar en los meses venideros.
En este mismo sentido, la puesta en marcha del esquema para hacer realidad las palabras presidenciales es el principal elemento que está en estos días sobre la mesa. Si debe existir un solo organismo a cargo del tema es parte del debate. Hay quienes sostienen que basta con una coordinación, y de hecho es ésta la senda que, por lo menos en esta primera etapa, parece convencer más a la autoridad. Ya la ministra de Educación, Mónica Jímenez, convocó a una reunión a todas las entidades con ingerencia en la materia. Estas últimas están trabajando, encabezadas por Conicyt, y en las próximas semanas deben entregarle una propuesta concreta.
Pero que sea la División de Educación Superior la que, en la práctica, lidere el proceso en ciernes no deja contentos a todos. Rodrigo Castro, investigador especializado en educación del Instituto Libertad y Desarrollo, grafica su opinión con una frase: “todo cambia para seguir igual”. Para él, tiene que haber una discusión técnica de fondo respecto de la institucionalidad idónea. Sobre todo ahora, que se está mirando al futuro. Porque una de sus principales cuestionamientos es que el esquema vigente “hace todo sobre la marcha”.
Menciona como ejemplo el episodio protagonizado por el actual vicepresidente del PPD y ex ministro Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, cuando se difundió que había obtenido la beca Presidente de la República para cursar un postgrado en Cambridge, el cual no finalizó. Fue justamente tras esa intensa polémica que la entonces titular de Mideplan, Clarisa Hardy, introdujo cambios al proceso, los que hasta hoy se implementan. Uno de éstos fue la conformación de un comité técnico de 14 miembros encargado de escoger a los candidatos a la beca. Pero LyD cuestiona que sólo proponga los elegidos y el que decida sea el otro comité especial, que lidera la ministra, pese a que, en teoría, son los pares los mejor calificados para resolver.
Otra demostración de la improvisación al resolver, añade, es la cantidad de miembros de dicho comité, cuando la experiencia reciente –incluido el conflicto de la nueva Ley General de Educación– demuestra la ineficiencia de los grupos muy grandes.
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| La presidenta de Conicyt, Vivian Heyl, y la Ministra de Mideplan, Paula Quintana, protagonizan arduas jornadas de trabajo para afinar el mecanismo mediante el cual se echará a andar la mayor cobertura de becas de postgrado en el exterior. La idea es partir ya, pero hay varias definiciones en análisis. | |
¿Clusters y filosofía?
El mundo universitario, donde se concentra la investigación en nuestro país, contempla con esperanza las repercusiones del anuncio presidencial. Pero sí cree fundamental un rayado de cancha. Y aquí entramos en otra zona debatida por estos días: qué áreas de la actividad nacional son las que, en definitiva, deben priorizarse para becar.
Para muchos académicos, definir encadenamientos productivos o clusters, labor a cargo del Consejo Nacional de Innovación que encabeza el ex ministro Eduardo Bitrán, es un punto de partida. El profesor Nibaldo Inestrosa, primer doctorado en Ciencias Biológicas de la Universidad Católica y actual director del Centro de Regulación Celular y Patología, CRCP –justamente, creado en 1999 como proyecto de investigación financiado por Fondecyt– sostiene que “todo tiene que ser innovación en la primera etapa porque se trata que el país cambie, duplique o triplique sus ingresos y pase a ser un país rico en cierta cantidad de años, y eso no se hace con científicos efectuando los experimentos que cada uno quiere hacer en sus laboratorios, sino que con cosas aplicadas”.
Advierte, no obstante, que “no se puede coartar la posibilidad de que aparezca alguien que quiera ser físico en algo que no está representado en lo que está ocurriendo en el país”. Y ese argumento se repite, porque varios de los entrevistados, si bien apoyan el esfuerzo inicial de contar con clusters, defienden la libertad creativa. Otros recuerdan que sectores calificados como encadenamientos productivos –producción frutícola, vitivinícola, salmonicultura y minería, por mencionar algunos– se potenciaron sólo por el riesgo de los privados, sin un rol importante del Estado. Y esta posibilidad es la que creen que debe estar siempre abierta a futuro, sin el peligro de quedar capturados a priori por las políticas públicas.
Entre las áreas donde hay carencias mencionan a las ingenierías –por ejemplo, en materia nuclear– o la astronomía, considerando que quienes más aprovechan la extraordinaria calidad de los cielos chilenos para estudios son profesionales extranjeros. El vicerrector adjunto de Investigación y Doctorado de la UC, Carlos Vio, añade más demandas a este listado. Por ejemplo, biotecnología vegetal y en alimentos, pero sin excluir a los doctorados en economía y a las ciencias sociales, y disciplinas como la filosofía y las letras. Sólo éstas últimas, indica, permiten entender mejor la sociedad y “cómo se adueña de los conocimientos”.
Un borrador preliminar elaborado por el Consejo de Rectores de las universidades chilenas indica que tienen que ser considerados temas como energías alternativas y renovables, recursos hídricos, calidad de la educación, masificación de la banda ancha, producción animal y todas las derivaciones de la salud, seguridad y medioambiente. En la propuesta para el Consejo de Innovación –aún en revisión– figuran también ciencias del océano, industria forestal y exclusión social y pobreza.
En suma, un horizonte ambicioso y que parece lejano, viendo las especialidades hasta ahora priorizadas básicamente por la demanda de los postulantes. Las áreas donde se focalizan los aportes estatales mediante la beca Presidente de la República en los últimos 3 años son ciencias médicas (135 becarios), sicología (67), educación (62), arte (52), administración (51) e ingeniería (51). Más abajo en la demanda figuran economía (49), humanidades (44), derecho (42) y arquitectura (36).
A nivel gubernamental, el tema sigue en análisis. La presidenta de Conicyt, Vivian Heyl, afirma que es una tarea en la que hay que avanzar y que el desafío pasa por aclarar “cómo incorporarla en nuestros instrumentos de selección; y eso es algo que todavía no hemos implementado pero vamos a comenzar…”
Currículo “ciego”
Y mientras se avanza en las definiciones globales, los procesos de selección de este año han incorporado ciertos perfeccionamientos para evitar suspicacias y defender la meritocracia.
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Rodrigo Castro, investigador de
Libertad y Desarrollo
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