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Artículo correspondiente al número 228 (16 al 29 de mayo de 2008)
El pensamiento liberal –ese que no encuentra eco ni en las filas de la centro derecha ni en la cúpula concertacionista– tiene en Alvaro Bardón un exponente fiel. Ajeno al discurso políticamente correcto, este economista, profesor y ex presidente del Banco Central dispara sin tapujos: “la derecha actual es una derecha culposa y acomplejada que no tiene cojones para defender los valores de la libertad. Aquí todo el mundo es culturalmente socialista”. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Verónica Ortíz.
En los últimos años se ha convertido en cualquiera consignas lógica de la manada y que su estilo informal e irreverente suele “sacar roncha” a quienes se contentan con la consigna fácil. un tábano para esa parte de la sociedad que, cualquiera sea su posición ideológica, busca acomodarse con demasiada facilidad a las onsignas oficiales, a los lugares comunes o a las posiciones políticamente correctas. Es evidente que la afilada mente de este destacado economista no razona con la lógica de la manada y que su estilo informal e irreverente suele “sacar roncha” a quienes se contentan con la consigna fácil. Genuino representante del pensamiento liberal, Alvaro Bardón es un hombre apasionadamente independiente, que ama su libertad y la de los demás. Sencillo, informal y sin pelos en la lengua, este profesor universitario y ex-presidente del Banco Central, disfruta escribiendo, asistiendo a seminarios, haciendo clases y conversando con los amigos; actividades todas que tienen un punto en común: le posibilitan explayarse para difundir los beneficios y ventajas que tendría para Chile vivir en una verdadera sociedad libre y democrática.
Recuperándose de una operación difícil, nos recibe, ahora sin su sempiterno cigarrillo, en su acogedor departamento de San Damián, donde vive con su señora, Angélica Calvo.
-Me alegra verte bien Alvaro…
-Gracias, compañera. La verdad es que la quimio no me ha botado por completo. Sigo escribiendo con alguna dificultad y yendo a la universidad. Y si bien me canso un poco y ando más irritable que de costumbre, sigo conectado al mundo y tratando de llevar mi vida como siempre...
- Tú eres reconocido como uno de los representantes más genuinos del pensamiento liberal en Chile. ¿De dónde te viene esa pasión por la libertad?
- Como la gente es ignorante, no sabe que el primer gran liberal de la historia fue Jesúcrito. Me eduqué en el colegio Hispanoamericano, ahí en Carmen con Avenida Matta, con los curas escolapios, y ellos me enseñaron desde chico que el valor que da sentido y articula la vida social e individual es la libertad, que los individuos tienen derechos anteriores al Estado y que el progreso lo hace la gente libre… El cristianismo es una religión basada en el libre albedrío, donde cada cual responde de sus actos, sin distinguir entre razas, sexos o condición social. Esta manera de entender la vida fue reforzada en mi casa, donde no me limitaron innecesariamente…
-¿Cómo era tu padre?
-Fue un inmigrante que salió de León, España, muy joven y que por los años 20 se estableció en Buenos Aires. Después se vino a Santiago, contratado por Gath y Chaves, el primer retail que conoció la capital. Aquí se casó y, más tarde, se cambió a Los Gobelinos, como jefe de sección. Vivíamos en San Miguel, en ese entonces una comuna chica que hacía poco había dejado de ser agrícola y en la que se estaba asentando gente de clase media, tipo Caja de Empleados Particulares, para que me entiendas. Después hubo una serie de tomas y se convirtió en una comuna socialista dirigida por Mario Palestro, quien creó una monarquía hereditaria que dura hasta hoy. Mi padre era un hombre leído, que escribía bien, sin faltas de ortografía, como buen hijo de profesor primario. Creía en el mérito y en la responsabilidad personal, en el trabajo bien hecho, en la familia sólidamente constituida... valores, todos, que no calzaban con la mentalidad socialista, tan dada a atribuir la culpa de las propias miserias a los demás: a la sociedad en abstracto, a los explotadores, a los capitalistas, a la CIA, a Pinochet, etc., etc.
-¿Por qué entraste a estudiar Economía?
-Más o menos por azar, por tincada, como tantas cosas en la vida. Di un buen bachillerato en Matemáticas y el padre Daniel Asanza –que era profe del colegio y vicerrector en la Católica- invitó a dar una charla vocacional al economista Juan Ramón Samaniego. Nos entusiasmó tanto que ocho tipos del curso estudiamos Ingeniería Comercial, seis de ellos, en la Universidad Católica. Yo preferí la Chile. Allí había más revoltijo de gente, de ideas políticas, de creencias religiosas… Además, esa escuela de Economía era más prestigiosa que la de la Católica. Entré el año 58 y egresé el 62.