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Artículo correspondiente al número 228 (16 al 29 de mayo de 2008)
-Es conocida tu participación en el gobierno militar. ¿Te incorporaste inmediatamente?
-No; aunque, si no me falla la memoria, a fines del 73 me llamó Manuel Cruzat para que estudiara qué hacer con el Instituto de Costos, que dependía del ministerio de Economía. A los 20 días, eché a la mitad de los funcionarios y a la otra mitad les dije que recomendaría el cierre del organismo. No servía para nada, sino para abultar el costo del Estado. Algunos pusieron el grito en el cielo y, como la gran mayoría de los militares, los civiles, las mujeres, los hombres, los empresarios, etc. se oponían a la implementación de políticas económicas liberales, tuvieron que pasar dos años para que se cerrara. Léniz, que era contemporizador, chuteó el cierre. De ahí volví a la escuela de Economía de la Chile donde era director y, desde mediados de 1974, comencé a formar parte del equipo de redacción de El Mercurio y a escribir de manera sistemática mis columnas. Pero en el 75 me cabrié en la universidad y me fui a hablar con Pablo Baraona, que estaba de vicepresidente del Banco Central. Trabajé con él, pero al poco tiempo vino un remezón y Jorge Cauas fue nombrado súper ministro para llevar a cabo el plan de recuperación económica. Pablo quedó como presidente del banco. Cauas me pidió que asumiera la vicepresidencia y Pinochet nombró a Sergio de Castro como ministro de Economía, el verdadero motor del cambio que se produjo en Chile.
-¿Hasta ahí tú seguías en la DC?
-Sí. Me acuerdo que no quise renunciar porque pensé que si yo estaba metido en todo ese enredo era, justamente, por ser demócrata- cristiano, porque en ese carácter, y como segundo del departamento técnico de la DC, había participado en la lucha contra Allende y en la elaboración de El Ladrillo y porque no veía incompatibilidad alguna de trabajar para un gobierno que buscaba levantar a Chile de la miseria a que lo había llevado la izquierda de este país. En todo caso, ligerito supe que me habían marginado. Raro, me dije yo: cómo me van a echar si los partidos están proscritos y cuando se echa a alguien hay que pasarlo por un tribunal de disciplina, enviarle una nota o algo, y a mí no me llegó nada…
-Y ahora, ¿te reintegrarías al partido?
-Tendría que estar loco. Se ha ido convirtiendo en un grupo de demagogos sin ideas ni ideales. Es una vergüenza que sigan sosteniendo consignas politiqueras de los años 30, como si el mundo no hubiera cambiado. Y por ahí no más anda la derecha, que cada vez está más alejada de los ideales de Jaime Guzmán. La derecha actual es una derecha culposa y acomplejada que no tiene cojones para defender los valores de la libertad. Aquí todo el mundo es culturalmente socialista: los de izquierda, de una manera; los DC, de otra; la derecha, igual. La consigna hoy es ser populista, demagogo, hay que ganar votos a cualquier costo porque lo que importa es llegar al poder para seguir dejando embarradas. Es increíble, pero mientras se denosta a Pinochet, la izquierda sigue ensalzando a Allende, el peor presidente que ha enido Chile, que nos dejó en la ruina más absoluta. ¡Si hasta estatua tiene en la Plaza de la Constitución!
-Pero los herederos de Allende, los de la Concertación, lo han hecho mejor, ¿no? Al menos, han mantenido la política económica que ayudaste a implementar…
-A ver: la Concertación en verdad no tiene una política económica definida. La Concertación es un acuerdo político que fue diseñado para tomarse el gobierno y que no tenía ningún programa. Más bien al revés, cuando llegó al poder, hizo todo lo contrario de lo que había dicho que iba a hacer. Todo lo contrario. Entonces, uno concluye que el modelo no era tan malo y criticable como lo pregonaban. El problema está en que lo que se está haciendo, se hace mal. Por ejemplo, uno de los problemas más serios de la economía chilena, y del que nadie se hace cargo, es que tenemos la participación laboral más baja del mundo. Debieran trabajar unos dos millones más de personas para estar en una posición similar a la media del mundo. ¿Por qué no hay trabajo para más chilenos? Porque la burocracia estatal, incluyendo la municipal, y la legislación que generalmente se aprueba por unanimidad, lo impiden. Mientras no cambiemos la estructura mental socialista que persiste en las cabezas de quienes generan políticas públicas, estamos perdidos… Hace unos días, leí que se acabaron los ¡peloteros en el tenis!, no hay caso…
-Ya que entraste en la contingencia, ¿cuál es tu candidato presidencial?
-Sebastián Piñera.
-¿En recuerdo de antiguas fidelidades?
-No me molesta mi pasado, pero entiendo que a mucha gente de la Alianza le irrite la cuna ideológica de Piñera. Peor para ellos: tendrán que comerse el sapo. Respeto su inteligencia, su formación universitaria y su desempeño como empresario. Un gallo que con su esfuerzo crea una fortuna no puede ser torpe, ¿verdad? Y, que yo sepa, Sebastián Piñera no heredó un peso y únicamente con su cabeza y trabajo reunió el patrimonio que tiene. Eso me parece más bien digno de ser imitado que de ser criticado. Pero en este país de envidiosos y de flojos… Además, sé que comprende el problema esencial de Chile: cómo superar la condición de pobreza de miles de familias. Ese desafío le quedó como poncho a la Concertación, porque las condiciones sociales que generan la pobreza, no se arreglan a lo nuevo rico, inyectándole más plata, sino liberando lastrabas que impiden que funcione un buen sistema educacional. ¡Hasta cuándo con el estatuto docente! ¡Libertad para crear colegios, libertad para enseñar, libertad para que quien sepa hablar haga clases!![]()