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Reportajes y Entrevistas
Aysén separa aguas


Fuimos a la Patagonia chilena para ver en terreno la batalla en torno al proyecto de construcción de represas en los Ríos Baker y Pascua. Nos encontramos con un pueblo dividido entre el conservacionismo y abrir sus puertas a la construcción de un mega proyecto que ofrece trabajo, conectividad y energía más barata. Este es el relato de lo que encontramos en esa tierra desmembrada. Por Sandra Burgos; fotos, José Viviani.

 

Llegamos a Balmaceda con la intención de conocer en terreno cómo se vive el día a día en una región que se ha convertido en el epicentro de una de las batallas ambientales más grandes y estridentes del país. Sí, porque a estas alturas nadie ha quedado inmune al gran despliegue comunicacional contra las centrales hidroeléctricas que quieren construir Hidroaysén (5) y Xstrata (2) y a la línea de transmisión que se debe levantar para traer la energía al centro del país.


Fuimos a tierras patagónicas a conversar con su gente y sacar nuestras propias conclusiones y no pudimos hacerlo en mejor momento, porque justo en esos días se estaba clausurando una cabalgata de más de cien jinetes convocados por el Consejo de Defensa de la Patagonia en contra de las centrales.


El periplo ambientalista culminó con un “electrizante” acto frente a la Intendencia que además de avivar la cueca, separó a los habitantes como si fueran protones de electrones, para usar una imagen ad hoc. Ideal, si lo que se quiere es conocer qué piensan los habitantes de la zona sobre este polémico tema.

 

 

Ambiente caldeado


Con la Plaza de Armas tomada por el movimiento ambientalista, nos detuvimos a observar a las personas ubicadas frente al escenario por el cual desfilaban cantautores que entonaban canciones patagónicas que nunca antes habíamos escuchado. Mucho canto nuevo ochentero, que se mezclaba con discursos ambientalistas y de defensa de la tierra.


Las caras de los asistentes claramente provenían de la Patagonia profunda, del Baker, de Cochrane, de Chile Chico y el Valle Simpson. Chilenos vestidos con atuendo de gaucho y que cuando hablan dicen “che”, que visten con pierneras de piel de oveja y cuyos rostros se han curtido con el viento de la pampa.


Tanto en las caras patagónicas como en el rostro de Allison Silverman, una norteamericana miembro del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC), que viajó a Chile sólo a participar en la cabalgata, se aprecia satisfacción. “Somos un grupo de ambientalistas que quiere proteger la Patagonia, tenemos un programa que se llama Biogemas, donde escogemos lugares preciosos en el mundo que están en peligro, Patagonia es uno de esos lugares”, señala Silverman.


Buscamos en la plaza rostros conocidos de parlamentarios y ambientalistas que habían comprometido su participación, pero no encontramos. Uno de los jinetes nos comenta que un día cabalgó con ellos Douglas Tompkins, otro agrega que el empresario salmonero y ganadero, Víctor Hugo Puchi, se les unió los últimos tres días… También lo hizo el cura Porfi rio Díaz, oriundo de la zona del Baker, que con la venia del obispo de Aysén, Luis Infanti, cabalgó los nueve días como señal de apoyo. De hecho, en la “Casa Belén”, que acogió a los jinetes en Coyhaique tras su último día de cabalgata, fue el propio Díaz quien lanzó un encendido discurso llamando a los pobladores a no seguir dando el voto a los parlamentarios que no los apoyaron. “Patagonia libre de voto”, fue su consigna.


Dicen que Juan Pablo Orrego hizo el intento de participar, pero que una poderosa gripe lo dejó postrado en su hotel de Coyhaique. A cambio, contaron con el apoyo de Patricio Rodrigo, coordinador del Consejo de Defensa de la Patagonia, quien se encargó de recordar cada cierto tiempo, la razón que los movilizó.


Pero no todo es oposición a las centrales. En las inmediaciones del acto se aprecia un grupo de gente que observa de lejos. Son personas que se detienen y escuchan algunas canciones, tras lo cual siguen camino a sus casas. Se supone que ellos son los protagonistas, pero en realidad este día están representando un rol secundario.


Es la gente de Coyhaique que no sigue el discurso ambientalista, que a lo más se muestra indiferente, pero que siente que algo importante está pasando en la tierra de Aysén y que a partir de este momento sus vidas ya no serán las mismas.


Sí, porque algo nos quedó claro en esta visita y es que Aysén está dividida. La región se encuentra ante un momento clave de su historia y no tiene una posición común para enfrentarlo. En las calles se palpa esta división entre aquellas personas que por un lado defienden a ultranza el escenario de conservar la naturaleza y aquellos que ven con buenos ojos el desarrollo de estos proyectos, básicamente porque son inversiones privadas que no se han visto nunca en la historia de la región (más de 2.500 millones de dólares), que podrían significar también un desarrollo en lo económico bastante importante para una zona caracterizada por su crónico aislamiento.

 

 

Entre dos polos

 

Con el correr de los días la comunidad se ha ido formando su propia idea respecto del desarrollo de estos proyectos y cómo se ven a sí mismos en este nuevo escenario. También muchos admiten ver en los movimientos opositores la mano del activismo de los grupos ambientalistas. “Aquí hay muchos intereses en juego, no sólo de las empresas sino también de grupos que quieren preservar la Patagonia, pero para sacar provecho ellos. Compran tierras, se aíslan de nosotros, quieren vivir una vida bucólica ahora que vienen de vuelta y que han sacado provecho del sistema, eso no es justo para quienes no han tenido la oportunidad de elegir”, señala un ciudadano de Coyhaique que prefiere mantener su nombre en el anonimato por temor a represalias por parte de los Defensores de la Patagonia.



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