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Reportajes y Entrevistas
Aysén separa aguas

Artículo correspondiente al número 219 (2007-12-14 al 2007-12-27)


Pero también hay personas en la otra vereda. “Nuestra región es una zona aislada, a la que sólo toman en cuenta cuando se puede sacar algo de ella. La gente que habita en esta zona está muy sentida con el país, por la poca preocupación que han tenido por la región, sólo ahora cuando necesitan obtener energía, se acuerdan de ella”, señala la egresada de Agronomía, Yerly Fehring, quien tras estudiar en Valdivia regresó a su tierra natal donde se sumó al movimiento de Defensa de la Patagonia. Su opinión coincide con la de quienes aún tienen fresco en la memoria la erupción del Hudson o el terremoto de este año, episodios en que los argentinos llegaron primero con ayuda.


En medio de este antagonismo, hay un grupo de ciudadanos que no adhieren a ninguna de las corrientes, pero que está convencido que el proyecto se hará, porque saben que Chile está inmerso en una crisis energética, donde Aysén aparece en el horizonte como la única o más inmediata alternativa.


“Estamos aislados, necesitamos que llegue el progreso bien entendido. Estoy convencida de que la construcción de las centrales traerá trabajo a esta tierra tan falta de oportunidades. Nuestros hijos se van a estudiar fuera y no vuelven, porque aquí no hay trabajo para ellos, por lo tanto si la empresa se compromete a dar oportunidad a la gente de acá, yo no me opongo”, señala Eliana Contreras, dirigente de la tercera edad de Coyhaique, que nos recibió en su casa para entregarnos sus impresiones del tema. Ella forma parte de este grupo liderado principalmente por ciudadanos de Coyhaique y una parte de Cochrane, que no tienen mayor dependencia de la tierra, creen que ante la inminente construcción de estos mega proyectos, es clave moverse y conseguir que se materialicen bajo ciertas condiciones: “una de ellas es que se cumpla con los estándares más exigentes que preserven el medioambiente y, segundo, que siendo las aguas que se van a utilizar nuestro principal patrimonio, también signifique un fuerte descenso en los costos de la energía para la región”, explica Carlos Martínez, presidente de la Cámara de Comercio de Coyhaique.


Representante empresarial, Martínez debió enfrentar hace un tiempo en carne propia la división de la agrupación, luego que un grupo de empresarios ligados a la actividad turística tomara la opción de oponerse a la construcción de las represas, argumentando que atentaban contra la vocación de la región. El grupo, encabezado por Angel Lara, dueño de El Reloj, uno de los principales hoteles de la capital regional, creó la Cámara de Turismo de Coyhaique y han sido claros en su oposición a las centrales. Esa posición más dura, que raya en el activismo, es liderada por Miriam Chible, dueña del Café Ricer, el centro de encuentro del Consejo de Defensa de la Patagonia, cuyo vocero es Peter Hartmann, quien centraliza todas las inquietudes de los diversos movimientos que forman parte de la agrupación.

 

 

Un frente impensado

 

No la tendrá fácil Hidroaysén en su cruzada por conseguir apoyo. La oposición no sólo se concentra en el ciudadano de los pequeños pueblos a lo largo de la región o en los habitantes del sector del Baker (en Pascua la zona pertenece a Bienes Nacionales). También está la iglesia de la región, liderada por el obispo.


Monseñor Infanti nos explica que 100 años atrás la Patagonia no le interesaba a nadie, que era una tierra perdida, abandonada, al punto de que acá se enviaba a los relegados políticos en tiempos de Ibáñez. Agrega que en los últimos años, se empieza a valorizar más la Patagonia como lugar estratégico por sus recursos naturales y el patrimonio ambiental, lo que provoca la llegada de una gran cantidad de empresas interesadas en invertir y personas que ven en la Patagonia un lugar más grato para vivir. “Pero esencialmente está el interés económico de personas que ven que aquí hay recursos naturales saludables, prístinos, en bruto (...) Eso hace que vengan pequeños propietarios a comprar campos, y también grandes empresas y multinacionales. Es por eso que yo siempre digo que Aysén, me imagino que Chile también, es una tierra vendida”.


Infanti hace una fuerte crítica al sistema económico. “El gran cuestionamiento es si esta política económica neoliberal es la que favorece. Al final es una política de ricos para ricos y, peor aún, dentro de una estructura de poder de ricos para ricos”, asevera. Es por ello, que el obispo está preparando una carta pastoral que espera hacer pública en febrero, que apunta a analizar el tema del agua y en menor medida sus alcances energéticos.

Y si de personajes se trata, también tuvimos ocasión de hablar con pobladores del Baker como Cecilio Olivares (89 años) y su hijo Aquilino, quienes hicieron un fuerte llamado a oponerse al ingreso de personal de las compañías a sus terrenos para hacer estudios y mediciones. “Por los años que tengo, coraje y ánimo me sobra, sé que esta será la última batalla que voy a dar, por toda mi sangre que tengo en el Baker y por todos mis amigos. Que no se diga que Cecilio Olivares no hizo nada por esta tierra”, sentencia el anciano.

 

 

El trabajo en terreno

 

Como se ve, la tarea es complicada para las empresas, que saben que aquí no basta una buena campaña, sino que lo que corresponde es demostrar con hechos la importancia y el alcance estratégico nacional de este proyecto, algo que supone ganarse la confianza de la gente. Es por eso que HidroAysén ha optado por hacer un trabajo en terreno, con casas abiertas itinerantes que recorrieron durante 40 días los pueblos de la región, explicando las modificaciones realizadas al proyecto, que considera la inundación de 5.900 hectáreas, un 36% menos que el plan de 2005 y sólo 4.000 hectáreas adicionales a las que hoy ya están bajo el agua.



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