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Artículo correspondiente al número 197 (26 de ene al 25 de feb 2007)
Sus inicios en Londres siguieron el lógico período de acostumbramiento: “Al principio puede ser un gran shock, porque para los europeos cambiarse de una ciudad a otra dentro de su continente no representa diferencias tan extremas, mientras nosotros tenemos que vencer barreras enormes, porque creemos que les podemos decir algo interesante a los europeos, cuando nosotros hemos aprendido y estudiado todo de ellos, y a la vez debemos seguir siendo fieles a la esencia de nuestra obra. Incluso si en un principio te encuentras desfasado, porque creo que el arte nacional está desfasado con lo que está pasando afuera hoy, a nivel general hay una desvinculación y desfase de al menos unos 30 años, en buena medida porque hubo un período en el que no hubo un apoyo real a la investigación de las artes. Yo he tratado de afirmarme en el desarrollo plástico en el que estaba metido, y creo que llegué a una etapa en la que tengo la gran suerte de ver cómo mi obra se ha ido integrando al circuito serio del arte británico, porque lo que voy a mostrar ahora no va a estar en la periferia”.
De hecho, su reciente incursión en Sotheby’s, en la exhibición y subasta que se desarrolló a mediados de enero, fue integrando un gran proyecto. El presidente de la Henry Moore Foundation, Tim Llewellyn, invitó el año pasado a una veintena de creadores, entre pintores, escultores, grabadores, fotógrafos y artistas conceptuales, a permanecer una semana en Venecia, hospedándose en la St. George’s Anglican Church, única iglesia anglicana de la ciudad de los canales, que cumplía 400 años y a cuyo beneficio irá un porcentaje de las recaudaciones de la subasta. La idea era inspirarse en la ciudad italiana para crear una obra de acuerdo a los intereses de cada artista, y de ahí surgieron 64 trabajos, de artistas tan prestigiosos como Richard Foster, Langlands & Bell y William Pye. El Venice landscape de Casasempere es una pieza en ocho partes distribuidas en un espacio de 3 a 4 metros, apoyadas en bases de hierro de 1.10 metro de altura (altura que si es superada por las mareas del Adriático activa las sirenas de la ciudad), y además de la arcilla incluye huesos de porcelana (“para hablar de ese sentido de muerte o precariedad que hay en Venecia, esa sensación –cuando la recorres– de que se puede hundir mañana, y que lo lamentaríamos, pero no nos sorprendería”).
“Me atrae cómo en este tipo de encargos te ponen un problema que tú tienes que resolver. La sensación que tuve con Venecia, mirándolo desde este punto de vista y más allá de lo turístico, es que tienes un gran sitio arqueológico, y así lo abordé un poco, como los arqueólogos que arman su investigación con pequeños fragmentos que van encontrando para armar su teoría. Yo también abordé distintos puntos que me parecieron relevantes para hablar de lo que Venecia era para mí: primero, el sentido de isla que la estructura como ciudad; segundo, no podemos hablar de Venecia hoy sin contemporanizarla: el problema del agua ha sido eterno, pero lo que se está haciendo hoy es impresionante, este proyecto mecánico que está levantando murallones más grandes que una ballena y que se llenan de aire, que contienen el Adriático y sus mareas para que el agua no entre a la ciudad; por otro lado, la curiosa relación entre el agua y la arquitectura que se desarrolla en la ciudad, cómo la arquitectura se va recluyendo con el agua pero de una manera tan lenta que es maravillosa; las imágenes de Canaletto que se han grabado en el inconsciente colectivo, con todos los palacios y el Gran Canal, las cúpulas, el característico color ciénaga que está presente en la arquitectura… con todos estos elementos armé una obra que representa mi idea de la ciudad de Venecia, una obra un poquito más conceptual”.
-Es interesante cómo ha ido extrayendo nuevas variantes en el uso de la arcilla…
-Le he ido torciendo de alguna manera la mano al material, llevándolo a la monumen-talidad, he hecho una exposición de objetos porque creo que la arcilla nace utilitaria y eso no lo quiero borrar, no quiero hacerme el leso, lo asumo, tenemos la gran suerte de contar con un ejemplo magnífico de una mezcla de lo utilitario con la escultura en el mundo precolombino, y eso me interesa mucho. En el último año y medio de trabajo he ido abordando un área que no había explorado, y creo que estoy llegando a unos tamaños y unas dimensiones bastante inusitados con este material, que siempre me ha parecido fascinante y del que me queda mucho por investigar.
Un nuevo paso para esa investigación serán las cinco esculturas de 3.50 metros que inaugurará en el parque del magnífico palacio de Ragley Hall, una construcción diseñada a fines del siglo XVII que es considerada una de las residencias más elegantes de Inglaterra, propiedad de los marqueses de Hertford y en cuyo recinto Casasempere ya había instalado el año pasado una escultura de siete metros que funciona como una suerte de murallón incrustado en la tierra. Comisionado por la Jerwood Foundation para el parque de esculturas que desde hace dos años desarrolla en esos dominios –en el que hay obras de creadores como Michael Lyons, Alan Thornhill y Ronald Rae–, su nuevo trabajo pasará a formar parte de dicho patrimonio escultórico desde fines de marzo.
Estas esculturas están pensadas como enormes troncos de árboles insertos en el entorno natural del parque: “Creo que cada obra tiene su color, su textura, y además me interesa hablar de la geología; he ido abordando la escultura monumental intentando mezclarme con el paisaje, caminar junto a él, no sentir como si estuviera poniendo un mueble sobre una superficie; este nuevo trabajo es coherente con la investigación que desde principios de los años 90 estoy desarrollando con nuevos minerales que puedo incorporar a la arcilla, trabajando también con desechos que produce la industria para tratar de buscar soluciones”.