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Arcilla Monumental

Artículo correspondiente al número 197 (26 de ene al 25 de feb 2007)

Sus años de formación en España y una década viviendo en Londres le han bastado a este escultor chileno para que sus figuras en arcilla se hayan impuesto en el exigente circuito europeo.

Aunque viene a Chile todos los años, y si bien reconoce que ha barajado la posibilidad de volver a radicarse en nuestro país, el escultor Fernando Casasempere (48) no cambia su residencia en Londres, ciudad en la que vive hace una década, y desde la cual ha logrado posi-cionarse como uno de los artistas latinoamericanos con mayores proyecciones en su área, con exposiciones en París, Milán, Tokio y Miami, y sus obras integrando colecciones tan importantes como las del Victoria and Albert Museum o el Museo de Artes Decorativas de París.

“No sé por qué pero estos diez años me parecen una cifra redonda”, explica. “Tengo un afiatamiento con la ciudad, me siento parte de ella y no deja de atraerme. Ahora quise venir a Santiago, ver cómo está todo y evaluar si me quedo en Chile o sigo allá, porque diez años más ya podrían ser considerados una carrera corrida. Y tomé la decisión de seguir en Londres”.

Considerando la creciente importancia que su trabajo está adquiriendo en el exigente circuito británico, no es de extrañar su decisión. Basta con fijarse en sus dos más recientes compromisos: fue uno de los 27 artistas de distintas generaciones, trayectorias y orígenes, convocados por la prestigiosa Henry Moore Foundation para que cada uno realizara una obra inspirada en Venecia, las que acaban de ser exhibidas y subastadas en Sotheby’s, en la muestra Venice: city of dreams? Y en la primavera europea, por encargo de la Jerwood Foundation, inaugurará un conjunto de esculturas en el parque del palacio de Ragley Hall, en el condado de Warwickshire.

Estos logros bien pueden ser considerados como la consecuencia lógica de una trayectoria que desde sus años de formación como escultor y ceramista en Barcelona, siempre ha estado orientada hacia Europa y con la arcilla como su material de base. Y lo mejor es que Casasempere no es uno de esos artistas a los que se suele considerar triunfadores en el extranjero pero casi desconocidos en Chile, porque los expertos locales también han sido elogiosos con sus creaciones. “En 1996, después de una exposición en la galería Marlborough, decidí irme porque creí que le haría un gran beneficio a mi obra; fue duro en términos de dejar todo lo que ya había hecho acá, había tenido buenas críticas y estuve en buenas galerías, pero creo que más que mi calidad de vida, mi obra es lo que me importa. Me gusta cuando voy a las casas de los artistas y veo que son más humildes que su taller, si el taller es apoteósico y la casa es sencilla y humilde, seguramente me voy a llevar muy bien con el artista. En Chile, yo fácilmente tenía la posibilidad de comprarme una Legacy, pero creo que lo mejor para mí fue irme, volver a empezar de cero como cuando me fui a estudiar a España, tener el gran atrevimiento de olvidar todo lo que hice acá y seguir buscando el anonimato, sacando mi obra adelante en un medio mucho más exigente”.

Oficializando la arcilla

Conversamos con el artista durante su última visita a Santiago, pocos días antes de volver a Londres para asistir a la inauguración de la muestra en Sotheby’s. Relajado y simpático, siempre enfatizando sus explicaciones con firmes movimientos de sus enormes manos que sin duda son clave en su oficio, nos contó de sus acercamientos infantiles a la plástica (“desde la época del colegio, siempre me gustó lo manual, era en lo que me sentía más cómodo”), de cómo fue pasando rápidamente de lo figurativo a lo abstracto (“siempre me atrajo más lo abstracto, y aunque uno nunca puede descartar nada, lo figurativo no me atrae, aunque admiro a los clásicos, y a creadores como Rodin”) y de cómo decidió que lo mejor era estudiar fuera porque su interés en materiales que durante mucho tiempo fueron considerados menos “nobles” que el mármol o el bronce no tenía suficiente cabida en nuestro medio:

-Estaba decidido a estudiar cerámica, y aquí no se enseñaba como me interesaba estudiarla, creo que el trabajo que hice con el material, antes de irme, fue fascinante pero siempre muy solitario; al volver de España quería poder desarrollar mi trabajo acá y sacar adelante un material que había sido descuidado en Chile, porque la arcilla es un material muy desconocido, y la mayoría de los artistas y galerías no habían mostrado demasiado interés por ella.

-Incluso quizás había una percepción general de que no era un trabajo tan serio, profesional y “artístico” como otro tipo de esculturas…

-Siempre mirábamos a Europa. Las escuelas de bellas artes habían crecido impulsadas por profesores franceses, había un cierto esnobismo al solo considerar al mármol, el bronce y los materiales nobles, porque eran lo que se veía en el Viejo Continente, y nos olvidábamos de nuestras raíces precolombinas. Era en buena medida un problema de los propios artistas, porque a veces tendemos a olvidarnos, a avergonzarnos del material y del objeto, con maravillosas excepciones que sí usaron la arcilla como material, como las hermanas Vicuña, Ricardo Irarrázaval y Luis Mandioca. A mí siempre me interesó poner al público frente a este material desde una mirada contemporánea, no romántica, porque no pretendo que en mi obra se vea el arte precolombino, pero sí que al menos se pueda apreciar una realidad latinoamericana. Creo que de cierta manera pavimenté el camino, y estoy muy contento porque durante estos diez años que he estado fuera muchos artistas han empezado a trabajar con cerámica en Chile, creo que ayudé a contemporanizar la cerámica chilena, la mostré al publico y la oficialicé al exponerla en lugares como la galería Praxis y el Precolombino...



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