Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow Antonio Gil y las falencias en los discursos presidenciales
  

Herramientas

Imprimir este artículo

Comentar esta nota

Enviar a un amigo

Suscribir Sección vía RSS

Compartir Link Facebook Link Twitter Link Delicious Link Digg Link Yahoo Link Meneame Link Buzz

Califica este artículo


2 Votaciones

Otros artículos de la sección:

Reportajes y Entrevistas
Antonio Gil y las falencias en los discursos presidenciales



-¿Los presidentes de la Concertación están en deuda?

-Con ellos empezó a faltar épica, se empezó a anquilosar el verbo. Y luego vino la cultura del informe, más que del discurso. No hay un relato. El político tiene que explicar por qué ocupa o aspira a ocupar ese lugar de poder. Yo como votante no quiero saber si va a poner alcantarillas, si va a pavimentar más o menos calles, quiero saber por qué está él allí. Probablemente, si buscamos entre los políticos chilenos actuales, de los que sean capaces de responder esa pregunta quedarían dos o cuatro, con suerte.


-¿Y qué sucedió con el discurso durante el régimen de Pinochet?

-Es un período que no habría que dejar de lado, es el período del discurso de cuartel, del general Pinochet, que es otra modalidad. El saca al mundo civil y establece una nueva forma, la forma en que se habla dentro de los cuarteles y los regimientos. Con lo cual se impone simbólicamente la presencia militar a la sociedad civil; la estructura de la arenga, que es casi un reto. Eso tiene un sentido y un propósito, no es casual. Pinochet no hablaba mal, hablaba como un militar, que es distinto de hablar mal.


-¿Qué líderes de la derecha reciente rescatas como oradores?

-Recuerdo los discursos encendidos y vigorosos de Pablo Rodríguez. A Jaime Guzmán le faltaba presencia, siendo muy inteligente. Otro que hablaba muy bien era Enrique Campos Menéndez, aunque era pura retórica vacía, patriótica, pero lograba enardecer a la gente.


-¿Piñera y Frei tienen un discurso parecido, un enfoque de ingeniero demasiado pragmático, poco audaz?

-Sí. No han logrado todavía inyectarle lírica ni épica a sus discursos. Ellos tienen la obligación de enriquecer el imaginario de la gente, una obligación moral, y puede ser que no tengan la capacidad de hacerlo o quizá la voluntad. Pero la verdad es que hay una pobreza de ideas formidable. Sus planteamientos terminan siendo un conjunto de trucos y parafernalia, pura palabrería. Que no es lo mismo que la retórica. El mundo de los símbolos no lo manejan. Lo desconocen por completo. El mundo de los gestos, tampoco. Así la gente va a votar por el mal menor que le parezca, pero sin convicción.


-En el caso de Piñera, ¿cuánto le afecta su imagen de magnate?

-Eso es un estigma brutal. Cuando escuchas a Piñera da la impresión de que está tratando de parecer amable y cariñoso, pero no le crees. Frei es parco, fome; viene de un espacio monárquico, que hereda de su padre, esta especie de corona que es la presidencia de Chile, pero transmite más honestidad en sus discursos. Eso lo digo desde la perspectiva del lenguaje, no necesariamente es la verdad. Porque la verdad está en todas partes.


-¿Qué consejo le darías a un político chileno?

-Que intente levantar un proyecto nacional: este es un buque que nadie sabe para dónde va. Lo que importa es que todos, derecha o izquierda, tengamos claro qué queremos hacer de este país, más allá de quién gobierne. Tiene que haber una suerte de pacto, eso es lo que hay que hacer. Comprometerse por lo menos en algunas cosas y remar para el mismo lado. Sin ese compromiso, al final termina siendo todo pura cosmética.


-Bachelet trató de armar un relato, el gobierno ciudadano. ¿Le resultó?

-No, porque partía de una falacia, del artificio de la existencia del ciudadano. ¿Qué es un ciudadano? Es una entelequia, un concepto que no existe. Bachelet construyó sobre una burbuja de jabón. ¿Qué es la participación? En este país todo se cocina entre cuatro paredes.


-Varios políticos, entre ellos la propia Bachelet, han dicho que”yo soy el Obama chileno”. ¿No es algo patético?

-Eso da lástima y vergüenza ajena. Es una costumbre muy chilena y refleja una cosa brutal: la incapacidad de nuestra clase política de conocer sus raíces, de ligar su discurso con la tradición propia. Me gustaría que alguien dijera “yo soy el Aguirre Cerda del siglo XXI”, o “yo soy el Balmaceda del siglo XXI”, pero ¿el Obama?, ¿por qué? Es ridículo. La farandulización ha llegado a todos los niveles. Y no sé cómo se va a revertir. Va a costar muchos años. Vivimos en la sociedad de la vacuidad y el desconocimiento.

 

 


Hablando del asunto

EL CASO MITERRAND: “Los publicistas políticos tienden a ser brutales. Conversé con el publicista de Miterrand, el genial Jacques Séguéla, y me explicó cómo habían manipulado la historia de quien fuera uno de los grandes presidentes franceses. Yo había leído una biografía sobre Marguerite Duras, llamada El peso de una pluma, en que lo único que te quedaba era la idea de Miterrand como un héroe. Se lo comenté a Séguéla, el mismo que trabajó con Lagos y se peleó con Tironi, y me dice: “no es raro. Le pedimos permiso a Marguerite Duras para escribir ese libro, porque había que arreglar una cosas en la imagen de Miterrand, durante la ocupación nazi”. Miterrand no fue una blanca paloma, y en el libro aparece como una especie de Robin Hood, pero en realidad el tipo transaba con los alemanes, hacía lo que tenía que hacer un político. Los publicistas de Miterrand le pidieron a Duras autorización para escribir una biografía sobre ella, que en verdad era un libro para ensalzar la figura de Miterrand. Fue brillante”.

LA CAMPAÑA DEL NO: “Trabajé en el comité editorial con Eugenio Tironi. Esa campaña logró movilizar a una enorme cantidad de gente, logró crear fervor, que es muy difícil: andábamos todos con fiebre, andábamos enloquecidos todos los días. Se equivocaron los del comando del Sí cuando pensaron que nadie iba a ver la franja de TV, pero se convirtió en un foco de atención, en el ring de las ideas. Yo personalmente estaba en desacuerdo con poner a Bañados como animador de la franja del No. Por suerte no me hicieron caso, porque fue un acierto. Bañados hablaba desde la neutralidad. En la campaña había miles de cerebros; hoy algunos se atribuyen ser los creadores. Yo no lo haría nunca”.

NUEVA NOVELA:
“Estoy terminando una novela ambientada en 1905, cuando se produce la conjunción de dos fenómenos notables. En primer lugar, la huelga de la carne, que intenta bajar los aranceles de la carne argentina, porque estaba carísima. Va un grupo de trabajadores donde el presidente Riesco, para que las carnes sean más baratas, y se produce una matanza que es la primera que dirige Silva Renard. Eso coincide con un escándalo de pedofilia de marca mayor, que impregna a la congregación de los Jacintos. Allí rescato la figura del Pope Julio, un cura renegado, que hizo una interpretación positivista del Evangelio y quiso formar la Iglesia Nacional de Chile. La novela se llama Carne de Jacinto y tiene sorprendentes conexiones con la actualidad”.

LA IZQUIERDA POPULISTA: “Chávez y Castro son unos bandidos. Tienen un discurso matonesco, deprimente. Fidel Castro es el último invento de García Márquez. Cada vez que Castro tenía un problema de comunicación llamaba a García Márquez. Cuando manda 20 mil tipos a Angola, le pide consejos para explicar la decisión. Y Castro hace ese discurso famoso, escrito por García Márquez (imita la voz de Fidel): “en el día de hoy los nietos y los bisnietos de aquellos esclavos que llegaron de Africa, han vuelto a la tierra de sus antepasados para devolverles la libertad”. Un sofisma sin sentido, pero que suena bien. Salvó el pellejo. ¿Cómo explicas que mandas 20 mil soldados y que después los dejas botados? García Márquez hizo el milagro”.



Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

1 Comentarios

Sergio Soto Rivas:

Publicado Viernes 20 de Febrero, 2009 - 22:30 hrs

Muy buen artículo! Fiel reflejo de nuestra realidad. Hoy los líderes políticos y candidatos a Presidente de la República tienen un discurso demasiado pragmático, esto es, muy técnico, lleno de datos, estadísticas, pero sin lírica como aquí se dice, sin "magia", no conmueven. Un político tiene que combinar su capacidad de hacer con su capacidad de expresar sus ideas, de encantar, y esa ecuación es difícil de conseguir. O tenemos uno bueno que no sabe hablar o tenemos uno malo que sabe "vender" sus ideas.

 
IAB ChileCertifica.com
Digitaria