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Antártica. La Última Frontera

Artículo correspondiente al número 221 (25 de ene al 21 de feb 2008)

 

En un territorio donde la Tierra tantea extremos, treinta alumnos del MBA de Wharton fueron a poner a prueba sus mentes y cuerpos con un solo propósito: ejercitar sus dotes de líderes en condiciones límite. Capital fue testigo por más de una semana de esta gélida experiencia académica, que discurrió como una caminata por la costra de hielo antártico bajo la atenta mirada de los guías de Vertical. Texto y fotografías, Roberto Sapag Q.

 

En las antípodas del Artico está la Antártica, un territorio gigantesco, equivalente a dos veces Australia, que se desgarró hace 28 millones de años del supercontinente Gondwana y que, impulsado por quizás que fuerzas telúricas, viajó hacia el sur y se situó en un punto de la esfera terráquea sobre el cual los rayos de sol son incapaces de caer verticalmente.

Allí, donde en verano no hay noche y en invierno no hay día, se dan condiciones que llegan a ser una pesadilla para la mayor parte de las formas de vida. Allí, el ser y el estar se distancian al punto que lo segundo puede ser una amenaza para lo primero... Allí también, curiosamente, es hasta donde muchos viajan para someterse a prueba y conocer sus límites.

 

En cierta forma, no es tan descabellado que esas condiciones extremas sean las elegidas para testear con fines académicos el temple de las personas. El lugar óptimo para que quienes mañana dirigirán importantes corporaciones se pongan en condiciones de estrés, imposibles de recrear en las aulas, y ejerciten sus dotes de liderazgo, administración de recursos escasos y toma de decisiones en situaciones extremas.

 

Justamente eso fue lo que hicieron entre el 26 de diciembre pasado y el 2 de enero treinta alumnos de primer año del MBA de Wharton, quienes se trasladaron a una nevada Isla Rey Jorge (al noroeste del vértice de la Península Antártica) para peregrinar por esas frías latitudes por cerca de una semana, como parte del programa Wharton Antarctica Leadership Venture.

 

De la mano de los guías de Vertical y con la supervisión de dos ayudantes enviados por la propia universidad, estos estudiantes, de las más variadas nacionalidades y profesiones, debieron turnarse para liderar grupos, tomar decisiones críticas para sus dirigidos y aceptar al término de cada jornada el juicio de sus pares. Y no sólo eso. También se dieron el tiempo para discutir casos teóricos, en una dinámica académica que resulta impensable en esas condiciones.

 

Impensable, porque ¡vaya que cuesta hacer rutinas allí, en la antesala de la Antártica, que fue donde estuvimos! Se trata de un entorno donde el frío y el viento multiplican la sensación de estrés; donde la lluvia y la nieve hacen que hasta la operación más sencilla se sienta pesada; donde el terreno (que cede a cada paso) hace que la energía se consuma a tasas aceleradas.

 

Estos jóvenes, en su mayoría entre 25 y 30 años, lo hicieron rigurosamente y sacaron más de una lección. Durante esa semana los acompañamos, presenciamos sus dinámicas y, por cierto, fuimos testigos de su desgaste físico y de su crecimiento personal.

 

 

 

Alunizaje en el tablero

 

En un cómodo avión BAE 146 con asientos de cuero, operado por Aerovías DAP, nos trasladamos a primera hora del 26 de diciembre hasta la pista de la Base Aérea Antártica Teniente Marsh. Atendidos durante el viaje por una azafata sueca y otra danesa, que nos hicieron pensar en gélidos paisajes nórdicos, y acompañados por miembros de la familia Pivcevic (propietaria de DAP) y ejecutivos de la empresa que querían ser testigos del estreno del avión por esas latitudes, aterrizamos tras poco más de dos horas de fulminante vuelo.

 

Villa Las Estrellas y las bases que la circundan son lo más parecido que hay a la estación espacial internacional. Por cierto, no lo decimos por su expresión material, sino que por su esencia. En el fondo, lo que allí hay son personas puestas por meses en una zona límite del planeta, recluidas la mayor parte del tiempo en espacios reducidos, haciendo soberanía y estudios para sus naciones. En fin, es sólo una forma de ver.

 



Hace 15 años que no caía tanta nieve.

El Mar de Drake plagado de témpanos.

Día de Zoo. Los bichos raros se toman fotos.





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