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Reportajes y Entrevistas
Andrés Concha: armonia industrial

Artículo correspondiente al número 282 (13 al 26 de agosto de 2010)

 

Habilidad de responder: el origen etimológico de la responsabilidad cuadra muy bien con la capacidad del presidente de Sofofa, Andrés Concha, para navegar por los mares de la RSE, de sus avances, complicaciones y deudas pendientes. “Nos queda mucho por avanzar, pero vamos por buen camino”, dice el dirigente gremial.

 

En la Sofofa no se confunden. Si de RSE se trata, advierten que “la primera responsabilidad de la empresa es ser eficiente y rentable para poder cumplir con su rol natural y contribuir al crecimiento del país”. Pero ese desarrollo se debe dar de manera sustentable, articulando progreso económico, social y cuidado del medioambiente.

Por eso es que el gremio ha impulsado la responsabilidad social como un pilar fundamental en el accionar de las empresas, grandes y pequeñas, implementando incluso un área de trabajo especializada y un reconocimiento que, tras 12 años de vigencia ininterrumpida, se ha convertido en el referente más importante para premiar a las empresas que se distinguen por sus políticas en la materia.

Este año, el jurado revisó a fondo los antecedentes de las distintas compañías postulantes, para finalmente elegir a Empresas Lipigas y a la Sociedad Agrícola La Hornilla, en sus respectivas categorías de empresa grande y Pyme. Dos ejemplos que, a juicio del presidente de Sofofa, Andrés Concha, dan cuenta del avance en materia de introducción de políticas de RSE.

-Dicen los expertos que el concepto de RSE tiene su origen en los Estados Unidos de postguerra. O sea, suma más de 60 años y, sin embargo, todavía pareciera confundirse con la filantropía o limitarse a la solidaridad social. ¿Cree que las empresas chilenas lo tienen asumido en su real y completa dimensión?

-Si bien existen muchos casos de contribuciones para fines filantrópicos, cada día es más importante la inversión corporativa en los ámbitos más diversos de la responsabilidad social, tales como eco-eficiencia, medio ambiente, clima laboral, relación con proveedores, conciliación entre familia y trabajo, capacitación, deporte y reinserción laboral, que representan iniciativas complementarias al giro principal de los negocios.

-Las empresas se esfuerzan por destacar su compromiso con la comunidad, pero eso no se refleja en las encuestas ni en la opinión general que pareciera tener la opinión pública en torno al empresariado. ¿Por qué?


-Esta percepción pensamos ha ido cambiando con el tiempo. La normativa vigente y la gestión socialmente responsable se ha instalado en los países desarrollados y en muchas economías emergentes; entre otras, la de Chile. De a poco se ha ido aprendiendo a desarrollar alianzas estratégicas que permiten impulsar iniciativas de crecimiento económico buscando mantener una buena armonía con el entorno involucrado. Sin duda nos queda mucho por avanzar, no sólo a las empresas sino también a los gobiernos locales y a las comunidades.

-Un caso interesante son las grandes empresas mineras: la mayoría lidera en materia de RSE, pero cada vez que el Estado necesita recursos vuelve a colocar la idea de un royalty y buena parte de la opinión pública lo apoya por tratarse de firmas que, como sostienen varios políticos, “ganan mucho”. Crítica similar es la que reciben los bancos.


-A primera vista eso pareciera ocurrir, pero no vemos que sea así. El gobierno incorporó el royalty como parte del financiamiento para la reconstrucción. Esta fórmula ha tenido amplia aprobación en la población. Sin embargo, vemos que esto no es incompatible con una alta valoración a las prácticas de responsabilidad social que llevan adelante las grandes empresas mineras, que sin duda entregan importantes beneficios a las comunidades respectivas.

-En el caso de la industria, para irnos a un ámbito de su competencia, las polémicas más típicas se relacionan con las externalidades negativas derivadas de su operación; en particular, contaminación. ¿Cómo compatibilizar RSE e inserción amable en la comunidad con ese problema, lógico y comprensible, de que nadie quiere tener una industria al lado de su casa?

-El tema es más político que técnico. Hoy día todas las industrias deben cumplir con normas y localizarse en áreas debidamente autorizadas por los planos reguladores. Sin embargo, el tema de localización de muchas inversiones es complejo. Alcanza a grandes centros comerciales, plantas de tratamiento de aguas servidas, aeropuertos, estadios deportivos, antenas de transmisión, cables de alta tensión, rellenos sanitarios, cárceles e, incluso, obras de infraestructura pública. Lo curioso es que, a pesar de que estas iniciativas incorporan en sus diseños criterios de sustentabilidad apropiados, las comunidades no quieren tenerlas cerca de sus domicilios residenciales. Como el país requiere instalar estas inversiones en algún lugar, la economía política de cómo se hace pasa a jugar un rol central.

-Recientemente conocimos el acuerdo entre una eléctrica (AESGener) y un municipio para la instalación de una muy demorada central eléctrica, a cambio de compensaciones a la comunidad. Desde el punto de vista de la RSE, ¿corresponde que la industria deba compensar a la comunidad por la instalación de sus operaciones? ¿Quién debe fijar esos criterios?


-En estricto rigor la ley establece las obligaciones de mitigación, compensación y reparación. Lo ocurrido con Campiche es, sin duda, una muestra de una enorme vulnerabilidad que ha surgido en nuestra institucionalidad. Hoy las autorizaciones administrativas que reciben los inversionistas son puestas en jaque por algunos demandantes que acuden a los tribunales y, a veces, logran paralizar las obras, generando enormes costos privados y sociales. Con ello, obviamente, el poder de negociación de los demandantes frente a los inversionistas se multiplica varias veces y es posible aumentar los niveles de compensación autorizados. Pasó con Campiche y el terminal de GNL en Quinteros, que está operando gracias a un recurso de protección que ha impedido su paralización, aunque también está expuesto a algo similar. Sin duda esta realidad representa un gran desafío para las políticas públicas vinculadas a los procesos de inversión.

-Hay empresarios que, razonablemente, sostienen que el objetivo de una empresa es obtener utilidades y que de ahí derivan todos los beneficios para la sociedad: crea trabajo, dinamismo económico, consumo, etc. ¿Cómo se inserta la RSE bajo ese concepto o, sencillamente, es una visión limitada del objetivo de una empresa?

-La aplicación de la responsabilidad social está vinculada a mejoras de competitividad y, por tanto, a las compañías que la practican les irá mejor. La verdad que prácticas de RS que pudieran comprometer la estabilidad de la empresa no tienen sentido ni para los inversionistas ni para la comunidad. En el hecho se trataría de una errada aplicación de la RS, ya que los casos empresariales exitosos instalan la sustentabilidad como pilar estratégico de la gestión.

-Considerando que la RSE también incluye al público interno (a los trabajadores y sus familias), ¿qué opinión tiene del pago de salarios mínimos al interior de empresas y si no se debería avanzar, independientemente de lo que el gobierno proponga, en la introducción del concepto de salarios éticos?

-Depende de la realidad de cada empresa. Las más productivas pagan mejores remuneraciones que las otras. Lo que ocurre es que nos cuesta reconocer que muchas firmas de menor tamaño enfrentan realidades de vulnerabilidad muy superiores a las de las grandes. Presionar a ese sector más vulnerable, para que asuma compromisos financieros mas allá de sus posibilidades, es a todas luces inconducente. Por eso debemos practicar al máximo posible la RS, con plena conciencia de los límites que impone la sostenibilidad de los emprendimientos.

-Es más frecuente escuchar sobre RSE en las grandes empresas que en las Pymes. Para éstas, quizá, es puro costo. ¿Cómo avanzar en RSE al interior de las pequeñas y medianas empresas?


-Es posible introducir con éxito la responsabilidad social en las Pymes, y en Sofofa tenemos varias evidencias al respecto. Esta práctica se ha ido propagando gracias a estas buenas experiencias y a que muchas grandes empresas la impulsan a lo largo de su cadena de generación de valor. Existen además en el mercado diversas entidades y ONG que entregan buena asesoría especializada en la materia.

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