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Artículo correspondiente al número 198 (23 de feb al 08 de mar 2007)
En sintonía con la severidad que está mostrando la Alianza, el senador de la UDI habla de la MKII, reprueba el primer año del gobierno de Michelle Bachelet y se muestra escéptico de las posibilidades de mayor dinamismo económico. El problema, dice, es estructural porque la Concertación confía mucho en el Estado y poco en el modelo.
Por M. Angélica Zegers V.
Jovino Novoa
Las últimas semanas no habían sido fáciles para Jovino Novoa y el cansancio se le notaba. La discusión de la ley de mercado de capitales II (MKII) en la Comisión de Hacienda del Senado, de la que él forma parte, fue intensa y las negociaciones con el gobierno –dice– agotadoras. Tampoco ha sido un año fácil para la Alianza, que si bien se encuentra en un relativo mejor pie en términos de convivencia interna, no logra capitalizar políticamente el desprestigio concertacionista. Si a eso se agrega que en el último tiempo son pocos los líderes de oposición que se han restado a la idea de terminar con la “buena onda” que según ellos han mantenido siempre con el oficialismo, para entrar a una etapa mucho más dura y confrontacional, se genera un cuadro que explica en parte la actitud en que se encuentra el senador gremialista, ex presidente de la UDI y víctima de un montaje hace no tanto tiempo.
Novoa está profundamente escéptico. Puede que el episodio Spiniak le haya matado la fe en sus adversarios políticos. Con una fuerza interior que en su caso es notable, en todo caso, después de ese trance Novoa se recompuso, siguió adelante y se ha comprometido con fuerza en los temas económicos, donde ahora parece estar su trinchera.
Como lo suyo es el derecho, según dice, se ha aplicado por entero a mejorar los “pésimos proyectos que manda el ejecutivo”. Ahora que cerró el tema MKII “con reparos”, se alista a entrar al MKIII, donde están puestas las esperanzas de quienes consideran que el actual proyecto no significará una modernización sustantiva del mercado de capitales.
-¿Cuando dice que los proyectos que vienen del ejecutivo son deficientes, los califica en términos técnicos o ideológicos?
-Bueno, este proyecto venía del gobierno anterior y el actual equipo de Hacienda lo reformuló entero, pero aun así había infinidad de aspectos que se tuvieron que corregir porque venían mal. Ahora, hay otras cosas en que las diferencias son de políticas. La decisión del gobierno de dejar el tema del límite de la inversión de las AFP en el exterior para la reforma previsional es un grave error, porque ese proyecto se puede demorar dos años en salir y la necesidad de las AFP de invertir más afuera para descomprimir el mercado interno es urgente.
-¿Duda de la capacidad técnica del ministro Velasco y de su equipo?
-Nosotros tenemos economistas iguales o mejores que los de Hacienda.
-Lo que no significa que los de Hacienda sean malos…
-No, pero tienen enfoques malos. Ya vimos en el tema tributario que el ministro viene desde hace rato queriendo eliminar la franquicia del 14 bis. Este es un problema conceptual, porque mientras el ministro no cree que sea correcto que las empresas no paguen impuestos de categoría por las Concertaplatas que no retiran, yo creo que es muy importante para el desarrollo de la inversión. Le repito que también vimos una decisión política, no económica, en el tema de las AFP.
-¿No cree que Hacienda mantiene una política económica comprometida con el modelo, como ha ocurrido con todos los gobiernos de la Concertación?
-El problema no es el ministro Velasco, sino el gobierno de la Concertación. El ministro de Hacienda se está defendiendo de una mentalidad que es estatista, intervencionista y absolutamente desconfiada del sector privado.
-¿Qué, ve al ministro actuando con camisa de fuerza?
-Repasemos algunos hechos. El ex presidente Aylwin dijo que había que aumentar los impuestos y Velasco tuvo que decir que no era el momento de hacerlo. Después el ministro de Hacienda fue rectificado por el ministro del Trabajo cuando habló de flexibilidad laboral. Y en la discusión de la ley de responsabilidad fiscal tuvo que argumentar en contra de los senadores del gobierno respecto a que los fondos del Estado no podían ser invertidos en acciones de sociedades anónimas, que era la propuesta de la Concertación, y resulta que mientras el ministro discutía esto con Ominami, éramos los senadores de oposición los que apoyábamos al ministro.
-¿No le indica esto último que el ministro Velasco goza de bastante autonomía y que finalmente se hace lo que él dice?
-El ministro Velasco hace lo que puede, no lo que quiere. En Chile está pasando algo absurdo. El año 2004 crecimos al 6,2%, el 2005 al 6,3% y el 2006, con condiciones espectaculares y con un manejo monetario y fiscal macro excelente, bajamos el crecimiento dos puntos. Los economistas no dan con una explicación, porque la única posible es que no crecemos por culpa de la Concertación.
Hay una mentalidad que es reticente a liberar, a soltar amarras y Velasco se defiende lo más que puede, pero él no es la Concertación ni el gobierno, y en el año que lleva en el cargo ya ha tenido bastantes encontrones con ministros y parlamentarios de la Concertación.
-Se habla mucho de las dos almas de la Concertación. ¿Cuál interpreta mejor a la presidenta?
-Está bastante claro que prima en la Concertación y en el gobierno un alma estatista.
-¿Por qué, entonces, la presidenta instala en un puesto clave, como es Hacienda, a un ministro que supuestamente no comparte sus postulados?
-Porque entrar frontalmente a un discurso de más Estado es tan anacrónico que ni ellos mismos se atreven. Sería ponerse a la altura de Chávez.
-¿No cree que entre los postulados del gobierno de un modelo corregido y el discurso de Chávez hay un largo trecho?
-Es cosa de ver la realidad para darse cuenta de que cada día se avanza más hacia el Estado todopoderoso, en vez de achicarlo en beneficio de las personas.
-Le insisto: ¿por qué entonces, con mayoría en ambas cámaras, con una opinión pública favorable y con una presidenta que mantiene altos índices de popularidad, el gobierno no apura el tranco en la dirección que usted indica y de frentón le da un giro de 180º a políticas económicas resueltamente estatistas?
-De partida, hay compromisos internacionales suscritos en los tratados de libre comercio y poner a un operador afín a lo que realmente quiere el gobierno en el Ministerio de Hacienda significaría echar abajo toda la estantería que Chile ha construido en imagen internacional, basada en personas como Velasco. Sin embargo, frente a cada problema, la solución es una nueva ley y más estatismo. Lo vimos en la rebelión de los pingüinos, cuando la reacción del gobierno fue proponer cambiar la Loce, terminar con la municipalización y establecer una superintendencia de educación. En el tema de la locomoción colectiva es lo mismo, porque en vez de fiscalizar que las micros no anden tan rápido, que paren donde deben y que no contaminen, lo que hacen es crear un nuevo sistema planificado centralmente.